domingo, 21 de abril de 2013

Una anécdota de “educación” sexual

Esta anécdota tiene un aire cómico, aunque con trasfondo lamentable porque refleja el modo en que se ha "educado" en el campo de la sexualidad en la Guanaxia Irredenta. Los hechos son reales y el relato no tiene intención anticlerical. Conocer este despropósito debería servir para abordar con seriedad y profesionalismo la educación sexual. Por lo demás, como decía Don Macario: "¡ahi saquen ustedes sus propias conclusiones!"

¿QUÉ NOS HABRÁ QUERIDO DECIR?

Corría el año 1983 y a nosotros, efervescentes jóvenes adolescentes en colegio sólo de varones masculinos, se nos daba una charla de educación sexual. El ponente era un cura estándar de la orden que manejaba esa institución educativa. El tema era contra la masturbación, enfatizando en su carácter pecaminoso, pero cuidándose de no incluir ninguna perspectiva médica ni psicológica orientada a aclarar o desmentir los mitos que sobre dicha práctica existen (v.g.: que causa ceguera, que hace crecer gruesos vellos en la palma de la mano, que equivale a perder ocho gotas de sangre, que es asesinato de homúnculos, etc.). Admitamos, no obstante, que conocimos un nuevo vocablo: “onanismo”.

Concluida la prédica y estando en el momento de las preguntas al disertante, uno de nuestros compañeros se animó y le dijo:

- Mire, padre: ¿entonces qué podemos hacer si aunque queramos aguantarnos no podemos?

Luego de poner expresión pensativa durante unos instantes, el clérigo respondió de la siguiente manera:

- Bueno, jóvenes: eso es una gran dificultad, una gran lucha. Hay muchos amigos de ustedes que les recomiendan ir donde una prostituta, pero eso tampoco está bien, hay que contenerse.

El compañero inquirió de nuevo:

- Pues sí, padre, pero entonces ¿cómo nos quitamos las ganas?

Y el sacerdote entonces pronunció una respuesta que aún resuena en mi mente, tratando de descifrar su significado:

- Vean: si el deseo es tan grande que de veras no pueden dominarlo, y el dilema moral está entre masturbarse o ir donde una prostituta, pues... hay que hacer lo que sea más natural.

Entonces salimos a recreo.