sábado, 6 de febrero de 2016

Ficticias cortinas de humo

cortina de humo
1. f. Artificio de ocultación.
2. f. Mil. Masa densa de humo, que se produce artificialmente para dificultar la visión.

Una de las estrategias de manipulación mental más antiguas es, sin duda, saber desviar la atención de un hecho apuntando hacia otro, según convenga. Esto es un verdadero arte y puede ocurrir tanto en el ámbito familiar como en grandes escenarios políticos. En ocasiones, lo que sirve de distractor puede ser incluso ficticio.

La cortina de humo (así llamada hoy, por el término militar smoke screen) siempre ha existido como recurso, pero desde que los medios de difusión masiva se instalaron como directores de la opinión pública, su importancia creció exponencialmente.

Noam Chomsky la ubica como una auténtica arma propagandística y la película Wag de dog (1997) la desarrolla hasta límites no por inverosímiles menos posibles, como malévola conspiración.

Estar alerta ante cortinas de humo para saberlas detectar y combatir es una buena señal de inteligencia, cosa de gente lista y avezada.

Sin embargo, en la Guanaxia Irredenta que todo lo degrada, se ven cortinas de humo donde no las hay. Este argumento se ha banalizado tanto en el estéril esquema de confrontación dizque ideológica, que con demasiada frecuencia se esgrime para calificar hechos reales e importantes, pero que no son del agrado o conveniencia del inepto/a que así clama.

La captura de los militares del caso jesuitas es una cortina de humo para desviar la atención sobre la reforma de pensiones. La investigación sobre el pacto con delincuentes ("tregua"), del expresidente Funes, es una cortina de humo para desviar la atención sobre el desvió de fondos de Taiwán, del expresidente Flores.

Y así hasta el infinito.

El resultado es que, hoy y aquí, decir que algo es una “cortina de humo” es, de hecho, lanzar una cortina de humo sobre los propios errores, corrupciones e ineptitudes.

Y eso, lejos de representar sagacidad, demuestra estupidez.