Durante 26 años, en mi familia tuvimos perros, todos salchichas: primero Larguito y después, Friso y Titanio. Aunque al adquirirlos sabíamos conceptualmente que deberíamos lidiar con su fallecimiento, no imaginamos el dolor real que esto iba a causar. Hoy —de cara a la tercera edad, donde deberemos cuidarnos más que cuidar— quisiéramos otro... pero mejor no. Adquirir un perro hoy es tomar un compromiso para 15 años y quizá no podamos lidiar con eso. Me quedo con los lindos recuerdos.
jueves, 6 de agosto de 2026
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