jueves, 1 de mayo de 2008

La necesaria mano de Dios

Una de las películas más ricas en posibilidades analíticas que he visto recientemente es “3:10 to Yuma” (2007), básteme decir un par de cosas sobre el final (según leo en reseñas, el planteamiento completo y especialmente la conclusión están muy mejorados con respecto al filme original de 1957). Éste es en cierta medida sorpresivo y, no obstante, muy coherente con la progresión de la trama y personajes. No se trata del lugar común de que el pistolero Ben Wade sea “en el fondo una buena persona”. No: su maldad es fascinante y seductora, pero también terriblemente real y quizá irreversible, muy a pesar del ideal de una vida distinta y pacífica que en ocasiones amaga con emerger. Sus dibujos a lápiz representan aquellas cosas que hubiera querido apreciar: un ave, una mujer, un amigo. Pero no irá a por ellos, ya es muy tarde para él. Comprenderlo y ver con extrañamiento a las alimañas de las que está rodeado, saberse como la principal de ellas y sufrir con impotencia la privación de su antítesis Dan Evans, el héroe moral que nunca podrá ser; todo ello sólo puede desembocar en un arranque de ira justiciera y vengadora, al mejor estilo del Antiguo Testamento. No es casualidad que sea “la mano de Dios” el instrumento idóneo, con el imponente y telúrico ruido de las calderas del tren a Yuma es el trasfondo infernal de esta suprema obra de arte cinematográfico.