miércoles, 20 de agosto de 2008

Por favorcito



Sres.
Dirección Administrativa
Hospital Médico Quirúrgico
Instituto Salvadoreño del Seguro Social
San Salvador.

Estimados Sres.:

Reciban un atento saludo.

Por este medio, me dirijo a Uds. en mi calidad de derechohabiente para solicitarles que tomen las medidas necesarias a fin de no permitir la actividad proselitista dentro de las instalaciones del hospital; concretamente, la prédicas religiosas de carácter fanático, intolerante y hasta ofensivo que realizan algunas personas en las zonas de espera de pacientes y sus familiares, así como en los cafetines del personal y otros espacios interiores.

La base de mi petición es de sentido común, no de carácter doctrinario, ya que vivimos bajo la norma constitucional de libertad de culto. Así, bajo ese marco de respeto a los derechos de todos y todas, paso a detallar mis argumentos:

a) Las alocuciones desaforadas de algunos predicadores rompen la tranquilidad que debe privar en un hospital.

b) Las personas que esperan su consulta o a sus familiares se ven obligadas a soportar tales diatribas sin tener siquiera la opción de retirarse del lugar, por cuanto deben mantenerse atentas a su turno de atención para el cual esperan ser llamados.

c) La gritería histérica en que consisten muchas de esas dizque prédicas impide escuchar su propio nombre a las personas que son llamadas a consulta o entrega de medicamentos.

d) En algunas ocasiones estas gentes profieren insultos contra dogmas de otras religiones, lo cual es delito según el artículo 296 del Código Penal.

e) Hubo uno que, en medio de su verborrea, dijo a gritos frente a pacientes y familiares que la causa de las dolencias que padecen los enfermos graves, crónicos y terminales es “porque han entregado su alma al Diablo” y éste o Dios, en actitud perversa o vengativa, los tiene en tal condición. Lanzar ese escupitajo verbal a una pequeña multitud en medio de un hospital podría derivar fácilmente en una riña tumultuaria.

Todos los seres humanos tenemos derecho a buscar el sentido espiritual de nuestras vidas, pero me parece vil e inescrupuloso que haya quienes se aprovechen de la vulnerabilidad emocional que produce cualquier padecimiento físico para intentar torcer, mediante la ofensa y el escarnio, la fe de las personas.

En espera de una respuesta favorable a mi petición, me despido de Uds.

Atentamente,

RFG