miércoles, 18 de febrero de 2009

Letras nuevas, jurados obtusos.

Los exigentísimos jurados de la IV edición del premio “Letras nuevas”, convocado por un prestigioso matutino local, tan sólo les han perdonado la vida a una novel escritora de cuentos y a dos jóvenes poetas, con la doctoral admonición de que agradezcan por no haberlo declarado desierto. La habilidad de pronunciar sandeces desde una postura seudo-artística es ya una costumbre en progresión geométrica en este enorme microbús local conocido como “nuestro ámbito cultural” (léanse, para ilustración, este y aquel comentario de los etéreos césares aludidos, quienes han desacreditando incluso a los ganadores con un pedante “anantes”).

Es virtualmente imposible que de trescientos setenta y cinco trabajos presentados apenas haya nada rescatable. El conocimiento que tengo de la obra de algunos participantes, así como la experiencia como organizador y jurado de eventos similares, me da los argumentos concretos para fundamentar esta apreciación. Creo, en cambio, que algunos jurados literarios locales utilizan el evento para darse aires de una grandeza intelectual a la que sus propias producciones literarias no les hacen merecedores, ni por volumen ni por intensidad, excepto en el minúsculo pero influyente circuito cerrado de autores-editores-críticos en que se maneja este mundillo editorial guanaco (sí: también en este ámbito somos “los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo”).

Obtusos señores y señora del jurado: a ver si les alcanza la moderación de su propio ego para entender que un certamen de esta naturaleza es para promover y estimular a quienes lo hacen bien, que sí los hay, y no para que Uds. continúen reproduciendo ese mismo esquema mezquino de nulificación literaria, que es al mismo tiempo causa y consecuencia de la insignificancia artística en que nos consumimos desde siempre.

¡Gracias por nada, oh dioses del olimpo de bajareque!