domingo, 24 de julio de 2011

¿Qué inteligencia es esta?

Gracias al libro que estoy leyendo en estos días (“God is not great”, de Christhoper Hitchens, el cual comentaré una vez lo termine) he vuelto a temas filosóficos propios de aquellas materias de mis tiempos universitarios, especialmente el par de “Visiones científicas” que impartía Teto Samour.

Mis reflexiones giran en torno al argumento teísta del “diseño inteligente” visto a la luz de la ciencia actual, el cual se puede deducir fácilmente a partir de preguntas como las siguientes:

¿Conoce usted algún cuadro que no tuviera pintor?
¿Conoce usted algún automóvil que nadie haya fabricado?
¿Conoce usted alguna canción que se haya compuesto a sí misma?

Considerando que en el siglo XXI sólo alguien rematadamente fanático o ignorante puede rechazar la teoría de la evolución de las especies a partir de la selección natural, cabe preguntarse si la vida que tenemos como resultado de dicho proceso de millones de años es el resultado del puro azar o, como propone en esencia el “diseño inteligente”, es la evidencia de un Arquitecto Universal que estaría detrás de todo y que, además, tendría un propósito u objetivo para ello.

Los argumentos ateístas contra el supuesto “diseño inteligente” se centran en las evidencias científicas que muestran las muchas imperfecciones de tal diseño, sobre todo el hecho comprobable de que la inmensa y abrumadora mayoría de ramificaciones del árbol evolutivo desembocaron en nada.

Al respecto, me parece tremendamente pertinente e ilustrativo el fabuloso texto “La biblioteca de Babel”, de Jorge Luis Borges, para ilustrar el tema.

El ilustre ciego metaforizó el universo en esa maravillosa o monstruosa biblioteca, que contiene todos los libros que se pueden hacer con la permutación de veintidós letras más el espacio, la coma y el punto, es decir, veinticinco caracteres combinados en todos los órdenes posibles durante las 410 páginas de cada volumen.

El resultado es, en una primera apariencia, caótico y sin sentido, pues la inmensa mayoría de los libros es absurda.

“Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias.“

Sin embargo, dado que las obras maestras que conocemos forzosamente son, cada una, una de las combinaciones posibles de los caracteres, sin duda están en esa biblioteca.

“La Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.”

Ante la Biblioteca Total es posible entonces formular la misma pregunta: ¿es un “diseño inteligente”?

Si consideramos la inteligencia desde el punto de vista humano, no lo es, puesto que nuestra propia condición finita nos obliga a economizar recursos, siéndonos imposible recorrer todos los caminos. Sin embargo, lo que nosotros definimos como “desperdicio” (como los billones de mundos yermos o los millones de espermatozoides que no fecundan el óvulo) no sería tal en el contexto de un todo que deja todas las posibilidades intactas y que, teniendo todo el espacio y el tiempo disponibles, no tendría razón para limitarse.

Una acotación final, relacionada con las consecuencias de la respuesta que cada quien dé a este misterio: estando abierto a la posibilidad de que haya un propósito en el universo, y aun escéptico de saber cuál es, me declaro radicalmente opuesto a la imposición de cualquier creencia elaborada en tal sentido, bajo amenaza o coacción física o psicológica, explícita o implícita, o de cualquier otra índole.