jueves, 8 de diciembre de 2011

¡Llegó el preclaro tenor homofóbico!

Para quienes creíamos que Julia Regina de Cardenal y Evangelina del Pilar de Sol eran las únicas encargadas de publicar sandeces anacrónicas, ahora vemos cuán equivocados estábamos. En un artículo de opinión titulado "No me etiquetes", el periodista Rafael Domínguez se une con voz de tenor a tal coro retrógrado, pleno de prejuicios y resplandeciente de supina ignorancia sobre el tema de la sexualidad humana.

Según Domínguez, la homosexualidad es una enfermedad, una anormalidad que está al mismo nivel de la zoofilia, la pedofilia y el sadismo, y la finalidad del género -entiéndase "sexo"- es estrictamente la reproducción. Él cree que no se deben hacer campañas de respeto a la diversidad sexual, ya que estas ofenden “los principios y valores de las mayorías”, los cuales son contrarios a la homosexualidad.

¿Se podrá discutir con alguien que pregona semejantes opiniones?

Para sustentar la anterior pregunta retórica basta fijarse en el último párrafo del artículo, una perla, un mar de contradicciones que deja al descubierto la incoherencia fundamental entre lo que estos cruzados predican y lo que en verdad sienten y hacen.

Ojo con esto: el tipo comienza el párrafo diciendo que “quienes practican este tipo de acciones sexuales no deben ser discriminados” y termina exhortando a que “nuestra sociedad debe rechazar y unirse" contra ellos.

¿Querrá el periodista Domínguez cambiar la Constitución? ¿Será que propugna para la colectividad el oscurantismo religioso en donde él está instalado? ¿Sabrá ese inquisidor que “discriminar” significa precisamente “seleccionar excluyendo”?

La Constitución Política y los Derechos Humanos garantizan que las personas tengan y vivan sus propias preferencias sexuales, religiosas o políticas en el marco del respeto a la convivencia humana, aunque uno no practique o promueva ciertos estilos de vida. Pero de aquí a que los diferentes sectores de la sociedad -y especialmente quienes tienen espacios de opinión publica- lo entiendan hay un largo trecho por recorrer.

Gracias, Rafael Domínguez, por recordárnoslo.