miércoles, 3 de agosto de 2016

Un marciano sobrevalorado

Debo decir, sin más rodeos, que The martian (2015) no me ha gustado. Es, a mi criterio, una de las películas más flojas de Ridley Scott y seguramente la más sobrevalorada por la crítica, pese a los recursos en ella invertidos.

El motivo principal de la historia es un rescate con muchísimos problemas técnicos, unos con solución científica y otros francamente imponderables. Pero mientras en la primera parte del filme casi todo lo que puede salir mal, sale mal, en la segunda se desvanece toda condición adversa: no más lanzamientos fallidos, los acoples funcionan a la perfección, cesa cualquier tormenta marciana que ponga en riesgo al protagonista (y este puede sobrevivir protegiendo las partes rotas de su hábitat con una lona semitransparente que resulta más efectiva que todo el metal especialmente diseñado para ello), etc.

Claro que al final debe haber un poco de emoción con el agarre, pero igual: es demasiado predecible que habrá una cuerda a la que aferrarse.

Un detalle demasiado incoherente es que, pese a los muchísimos meses que la tripulación lleva en el espacio, la lucidez de los astronautas es tan espléndida como su aspecto, como si el prolongado tiempo de aislamiento e ingravidez no tuviese la menor importancia. Esto quizá sería normal en un entorno típico de la ciencia-ficción de aventuras interestelares, como la saga de Star Trek, pero no encaja en una historia desarrollada conforme a la actual tecnología espacial, donde hay que resolver dificultades mucho más reales.

Y ni hablemos del viaje de más de 3,200 kilómetros por tierra sobre la superficie marciana, con menos posiblidades de éxito que la misma misión de salvamento.

En fin: que si de rescates y supervivientes espaciales hablamos, The Martian queda muy, pero muy por debajo de Gravity (2013) en cuanto a verosimilitud, que es de donde surge la emoción.