Hace unos días, a propósito de un mensaje sospechoso que recibí por WhatsApp —de un número que decía ser de cierta institución— decidí verificar mi registro en esa dependencia.
Para mi sorpresa, aparecía como “difunto”, literalmente.
Me palpé y confirmé que no: aún pienso, por lo tanto existo.
Dejé un escrito en el área de atención para solventar la situación, con la persona que me atendió como testigo ocular de que sigo vivo. De paso, denuncié el número falso.
Felizmente, ayer recibí la confirmación de que mi solicitud ha lugar, por lo que oficialmente he resucitado.
¡Aleluya!


No hay comentarios:
Publicar un comentario