sábado, 27 de enero de 2007

¿Poemas? Solo tres, gracias.

Mi incursión en la narrativa vino, en el tiempo, después de medianos pero no muy fructuosos intentos en la poesía, aunque una cosa no deba entenderse como consecuencia de la otra. En la revista "Taller de Letras" Nº 132, de 1989, alcanzaron a publicarse un par de ejercicios de versificación que, por aquello de cuidar la imagen, había yo condenado al olvido: uno se titula "Madre tierra" y el otro lo transcribo a continuación, sólo con fines de archivo. El tercero aludido en el título es aún inédito.

ENCUÉNTRATE

¿Has penetrado hasta el profundo abismo
donde se esconde tu espejo prohibido
y, al conocerte plena y sin secretos,
has vacilado como lo hace un niño?

Dime si acaso no has tenido un día
en que, confiada, vas buscando el triunfo,
y sólo encuentras una hiel extraña
atravesando por torcidos rumbos.

¿Cuántos fracasos de han dejado a veces
tus inocentes pasos de doncella?
¿Te has preguntado, triste, si el camino
es algo más que una constante espera?

En las mañanas hay oscuras noches.
Mientras yo amo, otro está penando.
¡Muéstrame cuándo has encontrado calma
sin antes nunca haber llorado amargo!

Nunca la luna permanece blanca
sin ser comida luego por su sombra,
para después abrir su fiel pestaña
que siempre llega a su perenne aurora.

Piensa en el mundo que no conocemos:
es parte nuestra, no nos es extraño;
y si los días tienen su ruptura,
¿por qué no hacemos nuestro el calendario?

Si al fin comprendes la virtud del cielo,
que no es morada de ficticios mitos,
sino lo inmenso que nos llama a todos
a darnos cuenta de lo que vivimos

habrás logrado vida sin temores
y, en los momentos de difícil trama,
podrás hallarte libre y, en la vida,
No tendrás miedo de llamarte humana.