martes, 6 de marzo de 2007

Sexo totalitario

Un (otro) dato interesante que me vino a la mente luego de la lectura de "1984", de George Orwell, conectado con aquel terrible mundo imaginado por Aldous Huxley en "Brave new world", es la importantísima función de control social que en ambas sociedades se le asigna al sexo.

En la proyección futurista de Orwell, originada desde los más oscuros temores sobre el socialismo totalitario, se promueve entre los miembros del Partido la supresión del sexo como parte de la vida normal, aspirando incluso a eliminar el orgasmo femenino, reduciendo el contacto a una necesidad estatal puramente reproductiva y anual. La razón es que la energía así contenida pueda volcarse, mediante la apropiada dirección, en actividades útiles al Estado, como el exacerbado fanatismo político, la delación constante y una alta dosis de paranoia ideológica.

Por el contrario, en la sociedad también antiutópica plasmada por Huxley (aunque evidentemente a partir del capitalismo), es el ejercicio del sexo indiscriminado el que predomina, aunque se vigila y combate la formación de cualquier pareja estable por más de tres encuentros consecutivos. De este modo, se suprime cualquier tensión que pudiera generar el posponer la satisfacción de ese instinto básico, disminuyendo así la sensación de malestar que de ello pudiera derivarse y, por lo tanto, dando un motivo menos para cuestionar la organización social imperante desde la posible insatisfacción existencial.

No obstante, aunque polarmente opuestas, en los universos de ambas novelas existen grandes masas de población fuera del sistema: en una, los "proles", seres marginales que deambulan sin sentido en las entrañas más deterioradas de aquel monstruo mundial, a quienes no se les ve como un peligro contra el sistema y, por lo tanto, en quienes se toleran las conductas sexuales que al resto se le controlan dictatorialmente; en otra, los "salvajes", viviendo lejos en la frontera sur y en un estado primitivo, como resultado de cierta involución social, entre cuyos habitantes la moral sexual es bastante arcaica, como ha sido en la mayor parte de la historia de la humanidad previa al siglo XX.

Visto entonces lo leído, cabe preguntarse, aunque sea por mero ejercicio retórico: ¿en verdad quedan tan lejos de nuestras vidas estos indeseables esquemas?