sábado, 4 de agosto de 2007

Lenta destrucción

Tras las varias y recientes actividades de mantenimiento y reparación caseras finalmente he logrado comprender a cabalidad el concepto de "vida útil" de los objetos. De pequeño, recuerdo el fuerte carácter de mi padre ante los aparatos y utensilios que se arruinaban mientras eran usados: siempre mostraba su enfado pues quizá él consideraba que las cosas eran eternas; sin embargo, viendo hoy con detenimiento las tuberías, empalmes, puertas, rejas, ventanas, techos, conexiones, pisos y maderas, noto ahí la inconfundible huella del tiempo y su lenta destrucción a través del óxido, polillas, corrosión, descascaramiento, pudrición, etc. (que vasos, tazas y recipientes se quiebren entre esta y aquella manipulación, también debe considerarse como connatural a ellos; su renovación constante y moderada, por lo tanto, ha de ser parte del presupuesto). De todo lo anterior resulta que, como durante los años pasados he vivido en el error, creyendo que la casa es idéntica a sí misma desde que existe... ¡oh, terribles descubrimientos tras las vanas y frágiles apariencias!