sábado, 12 de julio de 2008

¡Vaya oferta!

Lo primero: desalentar la compra de trituradoras (en realidad, desolladoras) de papel marca Fellowes, del tipo liviano (las más baratas): son tan frágiles que los engranajes internos plásticos pronto quedan inservibles, así se utilicen en estricto cumplimiento del manual. Pero bien, ya que tengo una desde hace un par de años, viene ésta y se daña; voy yo y pregunto por una similar en una mega-tienda (que sólo identificaré por sus iniciales "O.D.") y resulta que no hay, que sólo de las más matonas y no pocos dólares; pero tienen una idéntica en remate, oferta de $ 9.99... ¡sólo que no funciona porque tiene los engranajes dañados! (círculo vicioso filosófico).

He aquí, entonces, mi punto: yo pido quitarle los seis tornillos de la cubierta, abrirla para asegurarme que no es la misma pieza la que tiene dañada la mía, así entre aquélla y ésta armo una que funcione. Mi petición es tan sensata... que me la deniegan. ¿Pues qué oferta, qué gran remate es este? Absurdo o inescrutable. ¿Quién les va a comprar una máquina arruinada, sin posibilidad de devolución ("luego de la venta, no lo conocemos"), sin que el cliente siquiera sepa si le va a servir o no? Por esta no-venta, señores, no irán a la quiebra y ya veré yo de qué forma reconstruyo la ruedita dentada en cuestión. ¡Pero -oh, sí- les auguro que esa máquina de su “remate” la tendrán ahí arrinconada por los siglos de los siglos!