lunes, 9 de noviembre de 2009

Cadáver de muela

Quitarle el nervio a un diente viene siendo, desde la filosofía platónica, como quitarle el alma a un cuerpo. A tal procedimiento único para salvar la posesión de la pieza los especialistas lo llaman "endodoncia". Queda el diente, sí, pero desconectado de la intrincada red de tejidos que reparten la vida por todo nuestro cuerpo; es decir, técnicamente está muerto y como tal es un cadáver. La ventaja, no obstante lo antes descrito, es que el esmalte no procede a la putrefacción (recordemos las ilustres calaveras pelonas y repletas de dientes que sobreviven a la carne) y, en consecuencia, se podrá seguir usando (espero que) por el resto de la vida, con su respectiva corona o capuchón de protección. No me atrevería, por lo antes dicho, a dar un responso por la difunta muela, pues aún le queda (a lo que de ella queda) mucho trabajo por realizar en compañía de sus congéneres y mis mandíbulas; pero sí me acometen algunos resquemores y vienen a mí algunos títulos de antigua cinematografía "B"... ¡que tiene que ver con los "living dead"!