domingo, 10 de abril de 2011

Pese al prejuicio

Quien más sabe de este prejuicio es mi peculiar ahijada (TT), a quien nunca fui a ver a sus presentaciones de danza porque -pese al respeto y reconocimiento por el esfuerzo y el mérito estético que en tal arte pueda haber- la danza, como la ópera, no calan en mi gusto ni en mi sensibilidad. De ahí que no tuviera yo especial prisa por ver "Black Swan" y seguramente lo hubiera hecho antes de haber sabido que el tema del ballet clásico era nada más una excusa para dejar ver los enormes problemas mentales en que puede incurrir una persona llevada por la exacerbada obsesión perfeccionista.

En cuanto al thriller o suspense, uno anticipa las revelaciones si -por casualidad y como este escribiente- vio en su infancia el segmento "Lucy comes to stay", de esa antiquísima película de terror y demencia llamada "Asylum" (conocida también como "House of crazies", de 1972), pero esto no le quita la gracia sino que la acrecienta por saber cómo será el planteamiento cinematográfico. En cambio, no fueron de mi agrado ciertos efectos especiales de deformaciones corporales grotescas, muy al estilo alienígena y algo impertinentes, que en una sala atestada fácilmente pueden inducir a la risa y, con ello, romper la concentración. Pese a su belleza, el final trágico-apoteósico me recordó la reacción del público ante el primer final de "El lago encantado", de Les Luthiers. Yo hubiera preferido algo más oscuro en lugar de la cegadora pantalla blanca, pero esto no menoscaba su condición de obra maestra, propicia para todo tipo de análisis simbólicos, psicológicos, familiares, profesionales y eróticos.