sábado, 15 de septiembre de 2007

Cuando el consejo sobra

En un mundo ideal, uno esperaría dar un consejo oportuno y que este sea seguido; sin embargo, ¡cuánta frustración llegas a sentir cuando ves a aquella incompleta criatura despeñándose por el abismo de su propia perdición, siéndole inútil cualquier recomendación por el solo hecho de persistir ella en su necedad!

Varias veces he visto con tristeza la inutilidad práctica de las terapias y apoyos ofrecidos por otros colegas docentes, así como médicos especialistas, religiosos, psicólogos de uno y otro género, padres, madres, amigos y toda suerte de personas cercanas a las víctimas de esas obsesiones enfermizas llamadas "anorexia" y "bulimia". En algunos casos, cuando los he contemplado desde la grada de espectador más o menos a salvo, sólo he podido sentir compasión por las chicas afectadas (y algunas dudas sobre la eficiencia de la terapia); sin embargo, la perspectiva cambia cuando eres tú quien fracasa como consejero: en ti se encarna la impotencia.

En aquella época se limitaba a suprimir tiempos de comida y reducir al mínimo aquellos que, por obligación, aceptaba tomar. Ahora ya aprendió a engañar: come pero luego induce el vómito. Sólo en su mente cree que está gorda, aunque los datos objetivos la contradicen: además del peso muy por debajo de normal y las permanentes ojeras pronunciadas, ha estancado el desarrollo natural de su cuerpo. Veo que, con los meses, el problema ha empeorado, pese a la pequeña multitud de personas que sin mucho éxito hemos tratado de ayudarle, unos "ad-honorem" y otros recibiendo pingües estipendios.

Seguramente soy el menos especializado de todos los adultos que han intervenido en este caso, pero no creo ser el menos sensible en la contemplación dolorosa de cómo esta niña va destruyendo su vida, basándose en percepciones de la realidad que, de tan distorsionadas, irritan.

No se me ocurre mucho más que decirle: ni en sentido positivo (pues no hace caso) ni en sentido negativo (porque reclamarle por no seguir consejos y recomendaciones la deprime aún más, debilitando su voluntad: ¡viejo círculo vicioso!).

Me gustaría, por el bien de muchos, que las circunstancias no me motivasen a escribir notas como ésta. Quisiera, no obstante, que estas líneas llegasen a su destino, cual necesarias bofetadas anímicas que la sacudieran lo suficiente para levantarla de sus escombros.