sábado, 8 de septiembre de 2007

"The departed", el necesario equilibrio.

Dos minutos antes de que comenzara el desfile de créditos finales de "The departed" (2006) -cuando uno de los protagonistas le pregunta algo a su ex novia a la salida del cementerio, sin obtener de ella más respuesta que un despectivo silencio- se me ocurrió pensar que ese era el final y que el público inconforme comenzaría a silbar y tirar objetos a la pantalla (la multitud, desde cierto razonable punto de vista, exige un restablecimiento del orden perturbado, el mundo debe tener alguna ley de compensación, no puede abandonarse al caos y la arbitrariedad). Pero entonces, como en las antiguas obras teatrales de la época moralizadora donde Dios mismo era bajado al escenario a través de un aparato para resolver la situación ("Deus ex machina"), se procede a la escena del "final-final": un mazazo en la mesa del juez, todo queda compensado, hay satisfacción existencial y todos tan tranquilos.

Sin embargo, pese a que lo dicho luce como una recriminación, en este caso particular es un atributo positivo, casi la única forma de concluir el filme, puesto que desde el primer momento el paralelismo de los lados opuestos ha sido diseñado como espejos recíprocos, el "viceversa": policía infiltrado en la mafia, mafioso infiltrado en la policía; rápidos ascensos en uno y otro, pruebas de confianza y fidelidad absoluta, descubrimiento mutuo casi simultáneo... y un punto de confluencia común (una "ella", como es de sospechar).

Afirmar que el Oscar de la academia se lo dieron a Scorsese más por su trabajo anterior que por éste, cual deuda pendiente, es repetir lo que muchos críticos han señalado ya. Pero también es justo reconocer en esta obra la visible arquitectura de aquella música clásica, el balance justo, el necesario equilibrio... ¡o la ilusión de él!