domingo, 22 de agosto de 2010

Con permisito, doña Virginia.

Aunque “Las horas” es una película fundamentalmente depresiva, me llamaron la atención los párrafos de “La señora Dalloway” que aparecen en una de las tres historias allí entrelazadas. Quedé ante mí mismo de leer a su autora, Virginia Woolf, y hace algunos días quise cumplir con ese pendiente. Fracasé. No es que los párrafos sean malos, literaria y conceptualmente hablando; no, todo lo contrario. El problema es que son párrafos que se oyen bien cuando están aislados, pero en el caudal narrativo –que, según especialistas, refleja los problemas mentales de la autora tenía- tienden al caos y el conjunto se convierte en un auténtico bloqueo para la comprensión y, en consecuencia, la generación de expectativas y motivaciones para continuar leyendo. Así, la trama se esfuerza por no ser reconocible y eso vuelve la obra un pesado collage descriptivo-evocativo, por muy literatura de vanguardia o experimental que lo apoye. Así pues, digo “con permisito, doña Virginia”, ahi la dejo hablando de sus cosas, mucho gusto y adiós.