sábado, 28 de agosto de 2010

Prejuicio confirmado

Mi reticencia para con la lectura de Roberto Bolaño arraigaba en dos objeciones no negociables, ya mencionadas en entradas anteriores. Por una parte, está su comprobada y extendida manía por hacer literatura con temas literarios, un recurso que si bien puede ser simpático en lo poco y breve, resulta cargante cuando se vuelve seña de identidad. La literatura es para hablar de la vida y, con perdón de colegas y fans, la literatura como protagonista de la literatura es vana, como Narciso contemplándose a sí mismo. El otro obstáculo para con la obra de este celebrado chileno radica precisamente en la injustificada veneración que se le hace a un escritor con graves carencias en cuanto a su estructuración narrativa integral, sea porque falle en los finales a partir de planteamientos válidos y en ocasiones muy ingeniosos, sea porque inserte varios capítulos impertinentes con el solo fin de alargar la extensión de lo que pudo haber sido un cuento redondo, tan solo para decir que se trata de una novela, tal como sucede en “Estrella distante”, uno de sus libros emblemáticos. Así pues, digo “no, gracias, Roberto”, y dejo esta entrada en testimonio de que, a veces, los prejuicios están plenamente justificados... ¡y se convierten en "post-juicios"!