viernes, 8 de enero de 2010

Resonancias y parangones

"I believe the common character of the universe is not harmony, but chaos, hostility, and murder."
Werner Herzog

Del documental "Grizzly Man" (2005), del cineasta alemán Werner Herzog sobre el ambientalista Timothy Treadwell, extraigo, por resonancia, la nihilista visión del veterano realizador, diametralmente opuesta a la óptica romántica ingenua e infantil de su protagonista; y, por terrible semejanza, el parangón con la tragedia tropical de otro documentalista, víctima también de los personajes de su obra.

miércoles, 6 de enero de 2010

Cuando el momento se acerca

¿Qué posibilidades de conmover o emocionar tiene una película con un aire surreal tan marcado como "Intacto" (2001), en donde los personajes compiten y se juegan la suerte por la suerte misma? ¿Y si, por añadidura, es europea (con lo que ya se sabe sobre el ritmo y demás)? ¿Y qué pasa si el espectador no cree en la diosa fortuna? ¿Y si para ubicar a una personaje en una escena clave tiene que recurrir a una deducción totalmente sacada de la manga? Pues igual, que a fin de cuentas la tensión está en los instantes antes de los disparos buscados, anunciados y preparados, como cuando se estira algo cada vez más y más, muy lentamente... hasta alcanzar su punto de quiebre.

martes, 5 de enero de 2010

De una añeja alergia

En el ejercicio de mi profesión docente y sin que quiera presumir de aburrido, siempre he sido algo alérgico y bastante reticente al uso de las "dinámicas", como suele llamársele a esas breves rutinas de hacer el ridículo colectivamente, ya sea para quitar la tensión, "romper el hielo" o despertar a la audiencia de su somnolencia ocasional. Pero aún más rebelde me muestro contra esas prácticas (cada vez más en boga, como si allí estuviera la solución mecánica, automática y mágica) cuando en jornadas de capacitación diversa yo mismo me hallo formando parte de la concurrencia a la cual el o la ponente conmina mediante tales artificios.

La mejor explicación que había podido dar de mis huidas puntuales en dichos difíciles momentos era hasta ahora un gentil y axiomático "es que no me gustan las dinámicas", pero por fin encontré un razonamiento mucho más convincente, justo en la entrada anterior de esta mi bitácora virtual, en las sabias palabras que el padre Brown le espeta a la falsa alegría, esa misma que tan fastidiosa se vuelve cuando, por no brotar espontáneamente del propio espíritu, carece del imprescindible e insobornable buen humor.

lunes, 4 de enero de 2010

El buen padre Brown

El padre Brown es una creación literaria del escritor británico Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). Este personaje de apariencia inofensiva y hasta un tanto insignificante, tiene la rara habilidad de elaborar hipótesis y encadenar supuestos de tan buena manera que concuerdan con hechos aparentemente inexplicables, de carácter criminal. Es, pues, un detective genial a quien, no obstante, no le quita la tranquilidad de su sueño el poner a los maleantes tras las rejas tanto como esperar de ellos la contricción, el arrepentimiento y la confesión voluntarias (y como prueba exhibe a su mejor discípulo, Flambeau). Agudo conocedor de la naturaleza humana, este pequeño sacerdote católico en tierras protestantes logra comprender las oscuras motivaciones del delito, aun a partir de los estereotipos. Sus relatos nos regalan, como añadido a la trama del misterio a resolver, varias frases ingeniosas, como esta tomada no tan al azar, que me pareció especialmente simpática:

- A la gente le gusta la risa frecuente -respondió el padre Brown-, pero no creo que le guste una sonrisa permanente. La alegría sin humor es un fastidio.

domingo, 3 de enero de 2010

La realidad de las manos vacías

"Memories of murder" es una película surcoreana de 2003, una ficción sobre asesinatos en serie la cual se maneja entre una especie de humor casi involuntario y un nihilismo bastante desolador, en la trama de un intenso suspense policíaco en donde sus protagonistas ciertamente evolucionan a la par de los hechos. Resulta interesante advertir las semejanzas de varios de sus ámbitos, hábitos y caracteres, con el contexto local, en donde no valen ni los métodos tercermundistas y primitivos, ni tampoco los métodos científicos, pues la impunidad acaba ascendiendo como verdad incontestable.

sábado, 2 de enero de 2010

Más allá de la etiqueta

Luego de consultar en Internet varios "top-tanto" de películas basadas en libros de Stephen King, me interesé por conocer dos títulos que son mencionados con bastante unanimidad y que no había tenido ocasión de ver: "Stand by me" (1986) y "Misery" (1990), ambos dirigidos por Rob Reiner. Mientras que la amistad y la nostalgia predominan en el primero, hay en el segundo una enfermiza obsesión al estilo de Hitchcock, con un par de situaciones bastante estremecedoras, por los crujidos. Y aunque a King se le asocia con el género del terror sobrenatural, llama la atención que de las catalogadas como mejores adaptaciones de novelas de King a la pantalla grande (contando además con "The green mile" y "The shawshank redemption"), la mayoría no sean precisamente de este género, salvo la desoladora visión solitaria y demencial de Kubrick en "The shining".

viernes, 25 de diciembre de 2009

La carta delatora

A petición de GCK.

A propósito de la siguiente anécdota, concluyo que desde pequeño tenía cierto afán por asegurarme de que las cosas salieran bien, y para eso ya sabemos que sólo hay una manera.

Tendría yo unos seis o siete años cuando escribí una especial carta de petición de regalos a Santa Claus, en la cual pedía no sé si un robot de pilas con diseño bastante personalizado o algo difícil de conseguir en un almacén estándar, pero posible en mi imaginación. El procedimiento usual para hacer llegar la carta era tan sencillo como dársela a mi abnegada madre. Hasta allí, todo normal. Pero un día, deambulando por su escritorio, accidentalmente descubrí la crucial carta reposando aún en una de las gavetas. Asumiendo que mi progenitora había olvidado el trámite y temiendo que por ello la misiva no llegara a tiempo, me dirigí yo mismo a la oficina de correos, con el sobre para correo aéreo debidamente rotulado.

El empleado que me atendió puso cara sonriente (tipo "¡ah, la inocencia infantil!") y me recibió el sobre. Satisfecho, regresé a casa (y, ahora que me pongo a pensar en ello, no creo haber pagado el importe de ningún sello postal). Cuál fue mi sorpresa y molestia cuando, días después... ¡volví a encontrar el mismísimo sobre en el escritorio materno! En aquel justo momento, no me puse a pensar sobre cómo había llegado allí de regreso, sino que mi único propósito fue regresar a la oficina postal y volver a mandar la carta, esta vez asegurándome de que cayera en el buzón respectivo, previas instrucciones explícitas al respecto. Ante mis reclamos, creo recordar que el empleado de correos, sin perder su sonrisa de "¡ah, qué niño!", me dijo al recibir el sobre algo así:

- Mire, jovencito: cuando llegue a su casa... ¡hable con su mamá, para que le explique!

martes, 22 de diciembre de 2009

Singularmente retorcida.

Si no fuera por las elaboradas escenas de violencia al crudo estilo Tarantino, uno diría que "Inglorious basterds" (2009) es una especie de comedia; retorcida y oscura, sí, pero con un malsano espíritu carnavalesco que la vuelve interesante de ver. Habiendo superado varios de los muchos clichés con que la cinematografía norteamericana enfoca el tema, y con el añadido de ver cumplido (al menos cinematográficamente) uno de los objetivos de aquella enorme matanza, hay en ella las actuaciones memorables de los protagonistas, ambos tipos sin entrañas: la teatralidad y refinamiento de Cristoph Waltz como el coronel Landa y, claro está, el inusual personaje "western" que hace Brad Pitt (comiquísimo especialmente cuando habla italiano). Eso sí: no sé si preocuparme demasiado por la fundada creencia de que se requiere de una visión de mundo demasiado escéptica, irreverente y descreída para disfrutar de esta película como se debe.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Una nueva y asquerosa mirada

"District 9" (2009) es un enorme campo de concentración de alienígenas, una especie de asquerosas langostas humanoides de quienes, por momentos, uno clama por su inmediata detonación. Pero después del inicio de la metamorfosis accidental del protagonista (no tan detallada como en "The fly", pero igualmente nauseabunda), uno pasa poco a poco a comprender algo de la situación de las criaturas extraterrestres, sin caer en la lástima fácil, tanto así que a la hora de las batallas ya no es tan sencillo elegir el bando bélico de su preferencia, entre otras cosas porque el principal implicado es una simbiosis de ambos y porque no se sabe si es peor la plaga de horribles criaturas o la mafia de traficantes humanos infiltrada en el sector. Mención aparte merece la biotecnología alienígena, por la cual uno acaba siendo seducido. Eso sí, admitamos que la crujiente sensación de cucarachas aplastadas y las varias explosiones de cuerpos humanos cuyos minúsculos restos chispean las cámaras no dejan de causar cierta impresión, aunque seguramente en la sala de cine habrá más de algún tipo o tipa con el cerebro transtornado... ¡que romperá en carcajadas impertinentes!

sábado, 19 de diciembre de 2009

Sin margen de error

Cuando una compañía cinematográfica le concede trescientos millones de dólares a un tipo para que haga una película, no puede haber fallo posible. Por eso el tal tipo hubo de ser alguien de comprobada efectividad, como James Cameron. "Avatar" (2009) cumple las altas expectativas, no tanto porque llegue a ser una historia maravillosamente original en cuanto a su argumento, sino por el manejo de la tecnología implicada en su realización, que la transforman en eso que, a falta de un mejor término original, debemos sumarnos en llamar "toda una experiencia visual" (y auditiva, claro).

El universo interno del filme nos remite a varios antecedentes como "Matrix" y la realidad virtual, el manojo de películas épicas con batallas medievales tipo "Braveheart", las crónicas de la conquista del Nuevo Mundo, un poco de Pocahontas y pueblos aborígenes americanos, reminiscencias de Vietnam y la herencia ineludible de los comportamientos animales de "Jurassic Park", además de los propios auto-préstamos de "Aliens" (el vehículo robótico antropomórfico y quizá hasta la misma Sigourney Weaver).

Que si con esto se prueba la verdad del "nada nuevo hay bajo la luz del sol"... Sí, ¿y qué? La mezcla final ("remix" o reciclaje, llámesele como quiera) funciona e interesa durante las dos horas y cuarenta y dos minutos de que consta. Eso sí: esta película hay que verla en 3D, tecnología finalmente funcional después de varios intentos tormentosos para la vista. ¡Que ahora uno ya no distingue a los personajes de la película del tipo que va pidiendo permiso, butaca por butaca, para ir al sanitario a media función!