lunes, 24 de febrero de 2014

Propuesta

El reglamento de los juegos florales nacionales (decreto ejecutivo Nº 35, publicado el 29 de abril de 1996) establece que los jurados deben ser ad honorem.

sábado, 22 de febrero de 2014

Timando en el país del engaño

La noticia cultural de 2014 sin duda es el descubrimiento del plagio descarado que cometió un joven escritor en un certamen literario de la Guanaxia Irredenta.

Desde el punto de vista de este chico listo, seguramente el plan era “ganar-ganar”, con estas opciones:

  • Sin premio y sin descubrirse el plagio: podría poner en duda el criterio del jurado, que no premió a autores consagrados.
  • Sin premio pero con el plagio descubierto: nadie lo iba a condenar en público por intentarlo, a lo sumo habría una llamada de atención en privado.
  • Con premio y sin descubrirse el plagio (contando con que en este tipo de certámenes la promesa de publicar la obra de los ganadores casi nunca se realiza): disfruta del dinero y del prestigio.
  • Con premio pero con el plagio descubierto (como fue el caso): se defiende alegando que su acción fue para poner en evidencia la incompetencia de una ya de por sí cuestionada Secretaría de Cultura y de paso reivindicar una “protesta social” contra la falta de oportunidades que se les dan a los jóvenes, tal como dijo en el periódico.

En el trasfondo de todo esto hay algo de mala fe y mucha mentalidad de pillo: “intento timar, si no me descubren son tontos y si me atrapan me hago la víctima”.

Pese a lo anterior, el osado acto de este jovencillo ha puesto sobre el tapete algunos puntos preocupantes, a saber:

  • La falta de atención, bagaje literario, esmero o celo de los miembros del jurado y las personas a cargo de la edición del libro publicado, sobre todo en tiempos de Google.
  • La penosa tradición nacional de plagios que involucran a connotados escritores como Álvaro Menén Desleal y Orlando Fresedo, por mencionar los más conocidos.
  • El menosprecio que el sistema hace de cualquier posible jurado, de quien cada día es más difícil lograr su colaboración ya que, por ley, no se le paga por el trabajo que hace (ver reglamento de juegos florales, D.E. Nº35, 29/4/96), lo cual es un insulto al conocimiento requerido para hacer su labor.
  • La historia oculta de componendas entre escritores y jurados de certámenes literarios, de las que en los corrillos literarios se saben anécdotas que, obviamente, nunca se harán públicas.
  • La facilidad con que cualquier imberbe (sea de letras o de fútbol) se lanza a este tipo de aventuras, ateniéndose a la impunidad generalizada.

En suma: ¡qué pena!

domingo, 16 de febrero de 2014

La determinación de sobrevivir

No es que “Gravity” (2013) marque una nueva forma cinematográfica de entender el espacio exterior, pues ese hito corresponde a Stanley Kubrick con “2001: a space odyssey” (1968), pero sí es una vuelta a lo real y lo esencial, después de cientos de filmes con naves que zumban y suenan en el espacio exterior, sin aire, como si fueran bólidos de fórmula uno.

En el aspecto técnico, quizá lo más impresionante no sea ver las escenas de ingravidez, sino pensar cómo las hicieron. En cuanto al contenido, si bien es cierto la supervivencia de Ryan, la protagonista, es posibilitada por una secuencia casi imposible de aciertos y casualidades, el aspecto clave es su determinación de sobrevivir, sin la cual no podría haber aprovechado aquel propicio juego de azar entre partículas de escombros espaciales viajando a velocidades mortales.

Al final de la película, uno acaba sintiendo –por pura toma de conciencia- la cálida hospitalidad de su propio planeta, aun cuando solo sea por esa condición básica de la gravedad.

jueves, 30 de enero de 2014

"Clamor de las hojas"

En 1988, por mediación de mi vecino músico Milton Hernández, conocí a Nora Méndez. Estudiábamos en la UCA y nuestras inquietudes musicales nos llevaron a hacer algunos trabajos en conjunto. En esa época existía el Festival de la Canción Universitaria, un espacio en el que se presentaba música original de los estudiantes y vimos allí una buena ocasión para cantar.

La canción la fui escribiendo entre los pasillos universitarios y el local del Decanato de Estudiantes, donde ensayamos varias veces. El contexto de la época era de una guerra civil ya demasiado prolongada, inserta en una historia que por siglos había venido frustrando los anhelos y utopías de la población. El resultado de esas reflexiones fue la canción "Clamor de las hojas", cuyo título aludía a uno de los hechos sangrientos de la época, pero también a una antigua idea de trascendencia y perpetuación vital de los mártires a través de la naturaleza.

A dúo con Nora, ganamos el primer lugar en el certamen y, con la cantidad simbólica de dinero que nos dieron, fuimos a un estudio de grabación, el de la radio "Súper Estéreo", donde trabajaba nuestro compañero de universidad y músico Roberto Salamanca, quien nos ayudó con la grabación y mezcla e incluso aportó un requinto de guitarra con distorsión al final de la pieza.

Del audio original, apenas conservo una grabación análoga con bastante hiss y varios detalles técnicos por mejorar, pero los distintos devenires nos hicieron imposible completar esa tarea pendiente con la cantante original.

Un cuarto de siglo después, sentí la necesidad de rescatar aquella canción, para lo cual conté con la colaboración de Camila Ventura, con quien también la presentamos en el encuentro de cantautores "El que la hace, la canta", en el mismo Auditorio "Ignacio Ellacuría" de la UCA el 23 de febrero de 2013, ya en otro contexto, sin guerra civil pero con la misma pregunta latiendo desde nuestra historia ancestral:

Pregunta el desvelo:
"¿será posible el futuro...?"
Muertos del ayuno,
¿habrá un rayito de cielo?

domingo, 19 de enero de 2014

¿Para qué reforzar lo siniestro?

Por conjunción de circunstancias que no tienen que ver con el espíritu del programa, me puse a ver varios capítulos de “Breaking bad”, que según las reseñas es una de las series de televisión más vistas y mejor comentadas en la actualidad.

En efecto, la trama luce interesante y los episodios entretienen: trátase del proceso de volverse hacia el mal del protagonista, un profesor de química de secundaria que, tras diagnosticársele cáncer terminal, opta por dedicarse a la producción de metanfetaminas, entrando en contacto progresivo con el sub-mundo asociado al tráfico de drogas.

Sin embargo, los ambientes oscuros y depresivos allí planteados y sostenidos durante los sucesivos capítulos, las situaciones de violencia y degradación moral de los personajes, más la renuncia a toda posibilidad de redención, se vuelven una especie de resumidero que arrastra los ánimos y a la vez salpica de podredumbre todo cuanto acontece.

Ciertamente, se pueden construir obras maestras a partir de temas oscuros (como en “El padrino” y “Pulp fiction”), y quizá esta teleserie tenga muchos méritos artísticos, pero siento particularmente que la situación del entorno social ya de por sí tiene suficientes aspectos siniestros como para que la ficción acabe de reforzarlos.

Así pues, paso.

domingo, 5 de enero de 2014

Ha de ser por el invierno

La extensión física de "Anna Karenina", de Tolstoi, debe andar por unas 800 páginas, divididas en 249 capítulos repartidos en ocho partes. De la trama principal se derivan no pocas hebras que por momentos llegan a hacer olvidar que la novela trata de la tragedia sentimental de Anna.

Mi interés por leer esta obra nació de ver la película de 2012, protagonizada por Keira Knightley, porque pensé que su forma escrita había de ser una gran cosa, con todo su tejido y recursos literarios, ya que vista en su puro argumento peliculero, francamente no pasa de ser un novelón sentimental (si bien el filme tiene aciertos escénicos y aportes visuales).

Sin embargo, luego de la prolongada lectura no sentí ese sabor de haber estado ante la prometida grandeza universal que a este clásico se le atribuye.

Consciente de las naturales ampliaciones que han de encontrarse en el texto literario, mi impresión general es que Tolstoi se excede en digresiones, divagaciones y elementos secundarios, tanto como para pensar que le habrían bastado poco más de la mitad de las páginas para plantear con equilibrio tal universo de ficción.

No sé si lo anterior se deba a que la obra fue escrita y pensada para otros tiempos, tanto así que no me parece descabellada la hipótesis de que en los inviernos rusos decimonónicos el pasar de la existencia se siente diferente a lo que estamos acostumbrados en cuanto a celeridad y extensión temporal.

martes, 17 de diciembre de 2013

La música de Roberto Carlos

Yo crecí escuchando a Roberto Carlos, que sonaba en discos de 45 r.p.m. en aquel viejo tocadiscos de mi antigua casa.

La sensación de suavidad acústica, la riqueza conceptual de sus letras a pesar de la aparente sencillez con que están confeccionadas, la dulzura e inteligencia instrumental y la sensación de sinceridad en el canto, esos y otros elementos detecto -hoy ya de adulto- como las virtudes más notorias de aquellas bellas piezas.

Un elemento muy particular y especialmente querido de su música es la incorporación de temas cercanos pero poco usuales. De la diversidad de personas y personajes que nos presenta, podemos reconocer la amistad en un sentido ingenuo, limpio e infantil ("Un millón de amigos"); la necesidad de consuelo y apoyo, proveniente de la querida madre de la infancia ("Lady Laura"); el gesto agradecido de cariño filial ("Mi querido, mi viejo, mi amigo"); la protesta ecológica ("El progreso") y hasta un gesto divertido para una anécdota automovilística que finalmente desembocó en ventajas de cara a las chicas ("Mi cacharrito").

Claro que además está la música propiamente romántica, desde el enfoque erótico plasmado con sutileza ("Cóncavo y convexo"), pasando por la conquista delicada ("Yo te propongo" y "El día que me quieras", esta última cuya versión es la que más me agrada), hasta la nostalgia por lo que se parece perderse irremediablemente ("Qué será de ti", "Candilejas" y "Un gato en la oscuridad").

Si por algo me es querida la música es, en buena medida, por las canciones de Roberto Carlos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Con el oído hacia a las estrellas

La “ciencia-ficción” es probablemente el género literario y cinematográfico que más se ha distorsionado al combinarse con otros tales como la novela de aventuras, el “thriller” o suspenso, la película de terror, la comedia, etc., hasta trivializarla. Por eso, entre otras razones, es un raro placer encontrar una novela -y su correspondiente adaptación cinematográfica- que le den un tratamiento serio, científico, al tema de la posible vida extraterrestre y su eventual comunicación con la especie humana.

Contacto” -novela de Carl Sagan publicada en 1985 y llevada al cine en 1997 bajo la dirección de Robert Zemeckis- es, además de una fantasía posible, un interesante debate sobre las implicaciones metafísicas que tendría un contacto con civilizaciones de otros mundos.

La paradoja es que el agnosticismo religioso de la doctora Arroway, la protagonista, se convierte al final en una suerte de agnosticismo científico, pues aun cuando el viaje haya sido posible conforme a ciertos modelos teóricos y la relatividad especial, no hay evidencia objetiva de la experiencia intergaláctica de los viajeros haya ocurrido realmente.

Más allá de la historia principal y las naturales variaciones entre una y otra, me agradó un poco más el filme en cuanto película que la novela en cuanto libro, si bien el capítulo once presenta un debate que a toda persona interesada en la búsqueda de verdades metafísicas, creyente o no, se le recomienda leer encarecidamente.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Lo inalcanzable, lo perdido.

Una buena forma de describir temáticamente la película “El gran Gatsby” (2013) es como el drama de un hombre por corregir el pasado. Su amigo Nick sabe que esto no es posible y trata de hacérselo ver, pero la fijación de Jay Gatsby al respecto es irreversible, de ahí que las cosas no puedan acabar bien.

Basada en la novela de F. Scott Fitzgerald, publicada en 1925, y dirigida en 2013 por Baz Luhrmann, la obra es un derroche visual de estridencia barroca en medio de una colorida atmósfera por momentos irreal, cautivadora entre el fastuoso ensueño casi permanente y la pesadilla que acecha. He aquí el aporte de Luhrmann, que mejora y potencia el texto original.

La débil y verduzca oscilación luminosa que Jay Gatsby ve al otro lado de la bahía, a la cual se aferra en tanto representa la sublime idealización que ha hecho de su amada lejana Daysi, abre y cierra un filme cargado de pasiones, nostalgias y ternuras, pese al trasfondo violento que no por ser apenas insinuado deja de estar menos presente.

viernes, 18 de octubre de 2013

La falacia de la filosofía del último día

Es frecuente escuchar, disfrazado de sano consejo: "vive como si hoy fuera el último día". Nada más falso, dañino y peligroso.

Si uno supiera que hoy es su último día, seguramente cometería infamias, vejámenes y delitos sin temer a lo que vendría después. Cualquier moral sensata -es decir, que se base en una ética de las consecuencias- perdería sentido. Si algo nos y refrena nuestros peores impulsos es, precisamente, el aprecio de la vida que viene después del hoy, la cual no deberíamos echar a perder con actos que comprometan nuestra humanidad.

Saber con certeza que moriremos mañana nos daría una especie de maligna impunidad, pues si hoy fuera ese último día, ¿quién se privaría de abyectos caprichos?