domingo, 1 de marzo de 2009

Lo peor de la cola

En una cola de hora y media de duración en un banco al atardecer, es difícil imaginar algo tan molesto como que el último de la fila comience a hablar -progresivamente, con el desconocido de a la par y en voz cada vez más estentórea- de temas cuya discusión resulta bastante estéril, pues nunca se llegará a un acuerdo si la base de los discursos del entusiasta hablante y el sufrido interlocutor son los “argumentos” de la volátil, miserable y falaz propaganda política de unos y otros. Yo, más que temer por el futuro del país luego de las elecciones (como al parecer era el punto en discusión), estaba preocupado porque la situación pasara de los insultos velados a las puteadas y los puñetazos (pero no más, porque cualquier arma de fuego es prohibida dentro de dichas instalaciones), con lo cual seguramente los noventa minutos de impaciente espera... ¡habrían sido por gusto!