Este día he afirmado una creencia casi como un acto de fe: que el camino del cine nacional está ya vislumbrado en “Cinema Libertad”. Hay en este cortometraje una tristeza poética extraída del abandono de nuestras calles, edificios y personas, pero elevada al rango de belleza real, transmitida en pantalla y sublimada con sombras de fantasía. El guión y su intensidad dan exactamente para los 25 minutos que dura esta pieza llamada a instalarse como un preludio necesario para lo que acaso será. Ampliarla o sacarle más elementos sería arruinar su sano equilibrio. Si luego habrá un guión y un director con el sentido del ritmo suficiente para mantener una trama de hora y media, ya se verá; por ahora, lo cierto es que algo así es digno de verse más allá de la nostalgia o admiración por mirarse el ombligo, y que sus expresiones visuales mueven a reflexión sin caer en el facilismo de la falsa denuncia. Quizá el saltito del tiempo para la escena final me pareció solamente simpático, pero también seamos indulgentes... ¡que de algún modo tenía que terminar!
lunes, 2 de noviembre de 2009
No por esa vía, mi gente.
Alguien que en su tiempo fue mi respetado maestro nos aconsejaba que cuando no se tiene algo bueno que decir sobre una persona o pieza artística es mejor quedarse callado. Pero pasa, primero, que no estoy tan convencido de la justeza de tal filosofía y, segundo, que detesto caer en el eufemismo de alabar “el esfuerzo” y “la intención” como virtudes allí donde los yerros abundan. Dos cortometrajes de ficción surgidos de un taller “profesional” de cine y televisión de una escuela de comunicaciones local han dejado en mí la certeza de que, por ese camino, mejor abstengámonos. De entrada, la pantalla “estirada” y deformada en sus proporciones, pasando por los pixeles visibles y la palidez mortecina de toda la proyección (aún en escenas soleadas), desembocando en guiones mal elaborados (entre lo que no se entiende y lo que mejor sería no entender), con parlamentos pésimos (aparte de mal redactados, con el “mix” inconsciente del tuteo y el voseo y los repentinos cambios de humor y tono que ni en las peores películas mexicanas), echando muy en falta la estética fotográfica, así como una buena música de ambientación (en algún caso, inexistente) y actuaciones de buenos actores y actrices mal dirigidos... ¡o sea! Quisiera creer que los otros cortos que no he visto han de estar mejor, aunque mucho me temo que todos están cortados con la misma tijera. Lamento no apuntarme al apoyo de "lo nuestro” sólo porque es nuestro (aunque sea “chafa”). Por eso y con algo de pena... “aim sorry, may friends”.
sábado, 24 de octubre de 2009
XXV aniversario

Ese montón de tipos rejuvenecidos por la nostalgia, aunque encanecidos por el tiempo, somos nosotros, los de la promoción Chaleco 84, veinticinco años después de habernos graduado. Esta tarde tuvo lugar un bonito acto conmemorativo que presidió el padre Héctor Cruz, uno de los nuestros. Hubo saludos, abrazos, reconocimientos, palabras emotivas y recuperación de los antiguos cantos de la misa. En lo particular, lo que más quiero destacar de todo este proceso de reencuentro es ese espíritu de unidad, camaradería y colaboración que en todos ha brotado de una u otra forma; todo ello por el simple pero fundamental hecho de haber compartido el tiempo y el espacio preciosos de nuestras juventudes en aquel nuestro querido colegio.
Posdata: en el espíritu jovial que nos caracteriza, no rehúso colocar esta foto de los cantores eclesiásticos, cuyas caras dicen más que las mil palabras que pudieron haber pronunciado

viernes, 23 de octubre de 2009
Una gran mala idea

martes, 13 de octubre de 2009
Un clásico bien justificado
Como todo el argumento de "Limelight" o "Candilejas" (1952) es sobre artistas y sus respectivas artes (en ascenso, en descenso), el clima necesariamente acaba sublimándose hasta volverse poético y, en el buen sentido, muy poco parecido a la vida real. Pero, aunque llena de muchos lugares comunes típicos del Romanticismo, la obra acaba funcionando porque evoca el arquetipo del héroe que se sacrifica por su amada, aparte de los detalles de genialidad del protagonista, tanto para parecer un buen mal payaso como para ejecutar un magistral número de cine mudo en la culminación de su actuación. También abona a la sensación de agrado la belleza clásica de la bailarina y lo florido del lenguaje en los parlamentos. Al final, uno acaba tomándole cariño a los personajes, más allá de la "obligación" porque se trata de Chaplin y muy a pesar de la conciencia de que el guión... ¡fue confeccionado totalmente a la medida de su autor!
lunes, 12 de octubre de 2009
Abajo del último peldaño
Luego de caminar por uno de los predios en donde están parqueados o abandonados los vehículos retenidos por las autoridades, por diversas razones legales, más me convenzo de que el nivel de desarrollo de un país no se mide tanto por cuantos logros destacados alcancen algunos de sus habitantes, sino por el tratamiento que cada sociedad hace con sus desechos. Hay allí piezas metálicas que nunca nadie va a llegar a recoger, condenados al óxido y depreciación cotidianos hasta que, en algún siglo futuro terminen de morir. No habrá ni reinserción ni reciclaje: están ya y para siempre por debajo del último peldaño. Nadie hará ni separación de componentes ni cuadritos comprimidos para tirarlos en algún mar esperando con ello crear arrecifes de coral. Ni ahora ni nunca. ¡Oh, depresiva sensación!
sábado, 10 de octubre de 2009
La mejor época
Hay temas en los que uno a veces se pone a pensar sólo porque no puede ponerle pausa a la mente, atrapado en las gruesas paredes del ocio de una espera ineludible o del transporte cotidiano de aquí para allá. Uno de esas divagaciones probablemente estériles es aquella de “en qué época me hubiera gustado vivir”. Habiendo descartado de las opciones disponibles cualquier época futura, por el evidente desconocimiento de lo que será, digo yo que cualquier época pasada tendría bastantes más desventajas que la actual, por ejemplo en términos de vulnerabilidad ante enfermedades y elementos naturales, costumbres institucionalizadas lesivas para la dignidad humana, e incluso los simples hábitos higiénicos. Por eso, paso paso de cualquier época anterior y me quedo prefiriendo el hoy y el ahora.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Hurto culto con reaparición instantánea
Que en cualquier rincón de nuestro amado país uno no puede dejar nada medio mal puesto, so pena de quedarse buscándolo, es una realidad ya pertinaz. Eso debí haber tenido en cuenta este mediodía al levantarme para atender un llamado de turno en el HMQ y dejar en el asiento de a la par el voluminoso pero "de bolsillo" ejemplar de "El club Dumas", ese "best-seller" construido a base de fórmulas eficaces aunque demasiado hollywoodenses (damas voluptuosas incluidas). Uno o dos minutos después... "campas de libro", como diría mi abuelita.Pescueceo para un lado y para el otro, nacas-tracas. Resignación y ardor en el bolsillo por la necesaria compra para reponer el ejemplar de biblioteca. Y entonces, cuatro horas después (de regreso en la institución mencionada para el trámite subsiguiente)... ¡misteriosa reaparición! El tal ejemplar me aguardaba sobre la solitaria mesa de la secretaria ausente. Gestión inmediata para traspasar la ventanita corrediza y el ejemplar vuelve a mi poder de nuevo.
¿Hipótesis? Imagino que alguien lo hurtó y luego, al no verle cara de libro interesante o para su gusto, lo dejó tirado por ahí; alguien que pasó tuvo la gentileza de dárselo a la secretaria de turno en espera de que fuese reclamado. ¿Conclusión? Que el hurto culto fue parcial, fugaz, momentáneo, y mi bolsillo no sufrirá la temida erosión. Por una vez, quizá la falta de expectativas literarias de la majada ha resultado beneficiosa. Eso sí: me hubiera molestado ligeramente esperar meses para terminar de leerlo (pues el volumen está agotado en todas las librerías)... ¡faltándome sólo veinte páginas para el final!
domingo, 13 de septiembre de 2009
Procesos distintos
Hace unos cinco o seis años tuve mi primera experiencia siendo objeto de extracción de una cordal inferior. Entonces, poco le faltó a la doctora para encaramarse al estilo de las mejores caricaturas o de algún episodio de “Los tres chiflados”, a fin de ponerme el pie en el pecho para afianzar mejor la pieza. Esta vez, en cambio, la homóloga y recíproca de la ya extirpada quedó en manos de un cirujano maxilo-facial del tipo Dr. Posner en la película “Wit” (2001). O sea que hoy, nada de zarandeos, forcejeos ni exclamaciones optimistas de “¡ya sale, ya sale!”. Por el ruido de cierto aparato (la “pequeña vibración” que mencionó el especialista), deduzco que hubo corte de pieza y extracción por partes, por la complicada posición en que la última molar estaba.Lo que no sé si fue intencional o espontáneo fue la ininterrumpida plática del galeno con la dentista de la clínica huésped, sobre el tema de lo mal diseñado y poco amigable que está el programa DET del Ministerio de Hacienda, de donde resulta difícil su instalación exitosa; así como otros temas tangenciales (becas en la India, aparatos de blanqueo dental, multas por pago extemporáneo, etc.), con alguna ocasional interrupción para indicaciones precisas sobre el procedimiento en cuestión y un inquietante comentario sobre una fase de corte particularmente peligrosa que en ese tipo de cirugías puede ocurrir (justo cuando acababa de no producirse el hecho).
El caso es que, entre seguirles la plática mentalmente y los sonidos del instrumental... ¡ni cuenta me di cuando la pieza ya estaba fuera!
Posdata: en cuanto a la recuperación, todo marcha según lo
previsto, pues la inflamación va en franco ascenso hacia su cénit.
Se lo han ganado



