martes, 9 de octubre de 2012

Los "modernos" fundamentos de la Patria

Husmeando por la sección de Colecciones Especiales de la UCA, por casualidad cayó en mis manos una recopilación de periódicos de la Guanaxia Irredenta de mediados del siglo XIX. Allí me enteré de que el artículo 307 del Código Penal de 1846 decía lo siguiente:

Si un eclesiástico secular o regular, abusando de su ministerio en sermón o discurso al pueblo, o edicto, carta pastoral u otro escrito oficial, censurase o calificare como contrarios a la religión o a los principios de moral evangélica las operaciones o providencias de cualquiera autoridad pública, sufrirá una reclusión de dos a seis años, y se le ocuparán sus temporalidades.

Si denigrare con alguna de estas calificaciones al Cuerpo Legislativo o al Presidente de la República o Jefe Supremo del Estado, será extrañado de él para siempre, y se le ocuparán también sus temporalidades.

Este y otros artículos del mismo tono estaban dirigidos a un clero que, al parecer, se metía bastante en política, para bien y para mal. Como el principio de separación entre Iglesia y Estado se clama o se soslaya según convenga a unos u otros intereses, habría que ver cuál era el pleito coyuntural del momento. Sin embargo, llama la atención que, por decreto, aquel incipiente y caótico Estado se invistiese a sí mismo de moralidad absoluta y, además, extendiera su escudo a sus inmaculados funcionarios.

¡Chulada de leyes las que teníamos en aquella época!

Lo bueno es que ya no están vigentes; lo malo es que, por lo visto, hay quienes aún hoy las añoran.

Una décima futbolera

El Salvador - Costa Rica
es juego de muerte o vida
en octubre, el viernes doce.

Solamente la victoria
mantiene el sueño de gloria
por Brasil dos mil catorce.

Los muchachos han jurado
ponerlo todo en la cancha.
Si salen bien las jugadas...
¡a la hexagonal pasamos!

domingo, 7 de octubre de 2012

Cinco mil vergonzosos dólares

Según leo en el periódico, el pintor Carlos Cañas -galardonado con el Premio Nacional de Cultura- dijo en un conversatorio: "la cantidad de dinero que se entrega es verdaderamente vergonzante. Y es mucho más vergonzante que te cobren impuestos y te rebajen ese valor y no puedas hacer nada". Y su colega Armando Solís secundó: "Los cinco mil dólares que vienen como estímulo en el premio es algo ridículo. Con la venta de un cuadro que haga obtengo esa cantidad".

¡Ve qué par!

En el trasfondo se detecta -no sin mucha dificultad- esa visión enfermiza del artista como "pequeño dios", en palabras del chileno Vicente Huidobro, creencia de antiquísimas raíces que halló en el Romanticismo su máximo florecimiento consciente.

Ahora bien: una cosa es reconocer las habilidades y talentos artísticos, tan respetables como otras capacidades del ser humano; otra, en cambio, es volver la mirada nostálgica a un pasado lejano de mecenas y torres de marfil, considerando ese el lugar ideal del artista y, cuando no es así, vivir en queja permanente por la incomprensión de "el medio" y la falta de apoyo de quienes se cree tienen los recursos para subsidiar.

Si a lo anterior añadimos el contexto sociocultural en el que se da la queja, entonces lo indignante no es el regalo de cinco mil dólares, sino el hecho de calificarlo en los términos que estos artistas plásticos lo han hecho.

Cinco mil dólares son más de veinte salarios mínimos y mucha gente podría discutir incluso si este premio está del todo justificado. La pintura es la única de las bellas artes que ha sido rentable en El Salvador y, francamente, no le reporta otro beneficio material al país como no sean los impuestos fiscales por la comercialización de sus obras. Por otra parte, si consideramos los beneficios inmateriales o intangibles (sea en términos de "prestigio", "identidad nacional", "orgullo patrio" o como quieran llamarlo) la valoración es todavía más volátil y subjetiva, a menos que le hagamos caso a las grandiosas opiniones del mismo círculo de iniciados.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1971, Neruda dijo lo siguiente (hablando del poeta pero válido para el artista en general):

El poeta no es un "pequeño Dios". El mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree Dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, llevar al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, ésta podrá convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños.

Al final, uno se pregunta de a cómo sería un premio que las vacas sagradas de la pintura nacional no considerasen vergonzoso. ¿Cincuenta mil dólares, acaso? Vaya, pero entonces un monto así realmente sería un insulto... ¡para el resto del pueblo salvadoreño!

jueves, 27 de septiembre de 2012

A otro perro con ese hueso

A diferencia de lo acostumbrado, este es un comentario de un libro que no he leído ni pienso leer.

En efecto, he evitado conscientemente el disgusto de leer “El asco” (1997), de Horacio Castellanos Moya, debido a las expectativas, reseñas, comentarios y algunas citas textuales que, en su conjunto, son “los conocimientos previos”, los cuales condicionan y fundamentan la decisión de abordar o rehusar determinado discurso.

Según tengo entendido, la esencia del libro es una catarsis o desahogo a partir de la frustración, el desencanto y -como el título mismo lo indica- el asco ante la realidad salvadoreña de la posguerra.

Narrado explícitamente con el estilo del escritor austríaco Thomas Bernhard, aparentemente esta obra hace un minucioso recuento de los aspectos más decepcionantes del país, al que no se le concede ninguna posibilidad de redención.

Hace más de medio siglo, en su “Patria exacta” (que no lo es tanto) el poeta Oswaldo Escobar Velado dio un retrato amargo que zarcea entre ciertas realidades objetivas y otras visiones más o menos subjetivas. En los años setenta, en el collage “Las historias prohibidas del Pulgarcito”, Roque Dalton dio una visión tragicómica y grotesca de la historia nacional, en su afán de desmitificar la historia "oficial". Pero aquí, Castellanos Moya fue un paso más allá, percibiendo y expresando al país como un conjunto flotante de heces fecales, del cual huye asqueado.

Ahora bien: como de actitudes subjetivas se trata, creo que el estado de ánimo de un adicto maníaco-depresivo no se puede considerar un retrato equilibrado. Uno puede estar consciente de la realidad (con todo y lo dificultoso que es conocer la verdad "objetiva") y saber que ésta no es exactamente como dice la “Oración a la bandera”, de David J. Guzmán; otra cosa, en cambio, es ponerse a vomitar purulencias en el papel con el cuento de que "esta es mi patria..." y que, además, haya quienes digan “¡hey, qué tipo tan cachimbón, cómo es de sincero!”

De cara a las diarias labores de supervivencia, no creo que el buen ánimo se construya metiendo la nariz en una sentina, como enfermizo ritual cotidiano. En cualquier caso, mejor buscarse una buena mascarilla y, cloro y manguera en mano, ver qué se hace para sanearla.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Probando programas

Cuando uno ve un programa informático bonito, ya quiere meterle mano. El Prezi permite mucha más organización espacial que el PowerPoint y, además, es gratis. Naturalmente, para probarlo hice una presentación de Balada Poética, ¿qué otra cosa podía hacer?

Posdata: la clave está en darle clic al botón "play" [►] y luego continuar con la barra espaciadora.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cuando el análisis mata al folclore

Al escuchar "Las cortadoras", de Pancho Lara, con sus trajes típicos de bailarines/as en manta limpia, entre graciosas mujeres ataviadas con fuertes y vivos colores que prodigan sonrisas por doquier, uno se siente partícipe de tal optimismo agrícola.

¡Ya coloradeó, ya se maduró todo el cafetal!
Y las cortadoras vienen muy alegres
con sus canastitos a cortar café.
¡Miren qué riqueza, miren qué hermosura, miren qué belleza!
¡Cuanta algarabía! ¡Jesús, qué alegría en el cafetal!

Es una pena que al hacer un somero análisis histórico se nos caigan hechos añicos los símbolos patrios. Esto se lo debemos en buena parte a Roque Dalton y sus "historias prohibidas", aunque ya antes el poeta Escobar Velado había sacado los trapos sucios al sol con su "Patria exacta" (que tampoco es tan exacta, pero al público le encanta recitada casi a gritos). Así, entre uno y otro tenemos para elegir el propio apelativo: para quien gusta de lo "claro y pelado" al estilo popular, tome el de "los guanacos hijos de puta", que en su plano real es ese inmenso "panal de hombres que no saben siquiera de dónde viene el semen de sus vidas inmensamente amargas", aunque no es lo mismo ni es igual decirlo de un modo que de otro. Decida el lector cuál es el que más duele y volvamos al tema.

Repletos los delantales, las cortadoras van caminando
desprendiendo de las ramas lindos rubíes de ricas mieles.

A don Pancho Lara -también autor de "El Carbonero"- no se le puede criticar sin exponerse a recibir vilipendios por respuesta, acusaciones de ser comunista incluidas. Sin embargo, siendo como dicen que fue la realidad en las fincas de café, no lucen muy objetivas las escenas descritas en la canción de marimba. O, en todo caso, se debería reconocer cuál es el punto de vista desde donde fueron hechas: la pura ideología, que no es otro sino la del terrateniente.

Para el dueño del cafetal, los granos de café sí podían llamarse metafóricamente "lindos rubíes de ricas mieles"; pero un campesino, hombre o mujer, ¿cree usted que los vería de esa forma?

Finalmente, venga una loa y exhortación a la responsabilidad laboral:

¡Apresurémonos, llevemos ya todos los sacos de café,
que se hace tarde y hay que terminar, la tarea al atardecer!

Es que así con musiquita, hasta ganas dan de ir a cortar para hacerse de "sus centavitos". Valga que don Pancho no quiso hacer música de protesta (cosa no del todo reprochable en la época del martinato y sus derivados); si no, habría tenido que mencionar los bajísimos salarios que se pagaban en fichas válidas únicamente en la tienda de la propia finca, el tradicional maltrato y acoso de los caporales y mandadores, las inexistentes prestaciones laborales en el tema de salud, el trabajo infantil propiciado hasta por el calendario escolar de la Guanaxia Irredenta (donde las vacaciones son en los meses de corta) y otras situaciones poco dignas de orgullo patrio, por decir lo menos.

¡Qué cólera que el análisis textual destruya nuestros más queridos símbolos patrios! A estas alturas del partido, fuera de pajas, me habría gustado más ver a la majada presentando un baile de "El atol de elote" en los actos cívicos.

jueves, 16 de agosto de 2012

Novelas impacientes

Las novelas de Agatha Christie siempre me resultaron de impaciente lectura y, en cierto sentido, adictivas. Únicamente por leer alguna de ellas pasé alguna noche en desvelo en tiempos de juventud, incapacitado para soltar el libro hasta conocer la resolución del misterio. Casi un par de décadas después, el fenómeno no llega a tanto pero sí se mantiene el espíritu de leerlas lo más pronto posible, sin dejar de hacer hipótesis sobre la estelar pregunta: "¿quién es el asesino?" y sorprenderse con el cuidadoso entramado urdido por la autora, quien a pesar de utilizar una estructura similar en sus decenas de obras... ¡siempre acaba subyugándonos!

lunes, 6 de agosto de 2012

"Los Ángeles Negros" verdaderos

De la música que me acompañó en mi infancia, a través de una radiola JVC Nivico en discos de 45 y 33 RPM, destacaba la de “Los Ángeles Negros”, con canciones como “Y volveré”, “Murió la flor”, “Cómo quisiera decirte” y “Si las flores pudieran hablar”, entre otras, siendo la voz de Germain De la Fuente lo que le daba el tono distintivo, con gran expresividad lírica.

Décadas después, me encontré un CD con el título de “Grandes Éxitos de Los Ángeles Negros”, pero por alguna razón que entonces no comprendí, no sonaban exactamente como los recordaba. No era tanto por los instrumentos regrabados, sino que había en la voz un algo que acusaba cierta mezcla extraña entre el mal pasar del tiempo y un ligero malsonante cambio de timbre.

Fue hasta hace pocos días cuando encontré la explicación parcial a lo que había pasado: Germain se separó del grupo en 1974 y desde entonces la banda tuvo varios vocalistas que de una u otra forma se parecían mucho (por no decir que imitaban) al cantante original. Según dijo uno de los fundadores, esto lo hicieron “por respeto al público”, aunque a mí me parece más bien lo contrario. Por su parte, aquél siguió presentándose como “Germain y sus Ángeles Negros”, pero para entonces su voz ya no era la de antaño. Lo que aún no sé es si ese disco que tanta extrañeza me causó era de “Los Ángeles Negros” con alguno de los Germain style singers, o bien del propio Germain con su voz desmejorada.

Por eso, mejor quedemos en que “Los Ángeles Negros” de verdad son los que sonaron entre 1968 y 1974.

viernes, 3 de agosto de 2012

Validación de la fonomímica

De acuerdo a diccionario en línea de la Real Academia Española de la Lengua, el vocablo “fonomímica” existe en El Salvador y significa “arte que consiste en fingir que se habla o se canta, mientras suena un sonido previamente grabado”, aunque en televisión y cine se le conoce generalmente como playback.

Obviamente, en las presentaciones y conciertos en vivo se considera deshonesto hacer playback, aunque varios artistas pop lo hacen con el propósito de enfocarse más en otros aspectos del espectáculo: danza, efectos especiales y complicados movimientos escénicos. Sin embargo, en cualquier programa de televisión lo normal es, precisamente, la fonomímica, y resulta excepcional y a veces imposible que sea de otro modo.

Cualquiera que tenga noción de todo lo que se necesita para capturar el sonido de un grupo en vivo, especialmente si es para televisión, sabe que hay muchas horas de pruebas y ajustes previos para que todo suene como es debido. Un MTV Unplugged no se logra con solo poner a los músicos a tocar sus instrumentos frente a las cámaras. Los conciertos de medio tiempo en el Superbowl requieren de un pequeño ejército de técnicos debidamente entrenados. No hay banda ni de pueblo ni de fama mundial que se haya privado del playback como medio para difundir su música.

En las revistas y programas de televisión donde te dan espacio para presentarte, pocas veces están para exclusividades: lo usual es que llegues con tu gente, te ubiquen en el set y se proceda a la transmisión, llámese el "Combo Playero El Tunco" o los mismísimos "Beatles". Lo importante en ese caso es que la teatralización quede bien, sea creíble y logre transmitir mensajes y sentimientos a través del medio audiovisual.

El playback existe desde que se pusieron canciones en películas y se transmitieron en programas de televisión. Todos los videoclips son playbacks, por añadidura.

Si el aspecto a censurar es que hay demasiada diferencia entre el sonido de un grupo grabado en estudio con respecto a sus presentaciones en vivo, eso ya es otra cosa; pero la crítica desfavorable a la fonomímica, por el solo hecho de que se haga, realmente no tiene fundamento.

¡Son ellos!

El humor de "Los tres chiflados" pertenece a una época en donde uno se reía de cosas bastante más inocentes que las requeridas en la actualidad (un tropezón o algo absurdo como una langosta viva saliendo de la sopa para colgársele de las narices), indisolublemente unido a mi infancia de dos canales de televisión transmitiendo en blanco y negro episodios ya entonces antiguos.

Reencontrar dichos cortos cinematográficos en edades posteriores es, pues, un baño de nostalgia; sin embargo, ver una película actual con actores interpretando en una trama extendida a Moe, Larry y Curly de manera verosímil, tanto que por momentos uno cree que son ellos, es algo más que agradable.

En efecto, la película dirigida por los hermanos Farrelly (de "Loco por Mary" e "Irene, yo y mi otro yo") conserva en su pureza la esencia del trío cómico, recrea muchos gestos y escenas célebres e incluso se toma alguna licencia de humor moderno sin que le vaya mal.

Si uno es fan de los chiflados, sentirá este filme como un natural y largo episodio de aquellos memorables cortos.