domingo, 10 de agosto de 2014

Atrapados en la pecera

Una de las cosas más bonitas de la enseñanza y promoción del ajedrez en niveles básicos es la posibilidad de ver el rápido progreso de un niño o niña con talento, que en cosa de dos o tres años emerge desde cero hasta niveles competitivos serios y en cuatro o cinco años más puede alcanzar títulos y un respetable rating internacional. Repetir una y otra vez esa historia con diferentes personas es una motivación constante y a todos nos llena de alegría.

Sin embargo, una vez alcanzados ciertos logros (que dependen de las expectativas personales y del apoyo institucional que el joven ajedrecista tenga), con demasiada frecuencia en El Salvador vemos que el progreso se detiene y los nuevos retos se vuelven cada vez más inalcanzables.

Dicho de otra manera: el jugador o jugadora llega a un techo -bien porque se lo haya puesto a sí mismo/a, bien porque sea el resultado del contexto o sencillamente porque es lo que da de sí- con un nivel de juego que le permite estar en la élite nacional y competir bien en torneos centroamericanos, pero le condena a la medianía de la tabla cuando se trata de competiciones de mayor nivel, en donde cumple la rutina de ganarle a los débiles y perder con los fuertes, tanto así que con la misma redacción podrían haberse publicado las noticias sobre la actuación de nuestros mejores tableros en ese tipo de torneos, cambiándoles nada más la fecha. Literalmente y sin ánimo peyorativo, son actuaciones "sin pena ni gloria".

¿Qué hace falta para dar el salto de calidad?

Obviamente, voluntad y compromiso personal por pasar al siguiente nivel, según cada caso; sin embargo, esto pasa necesariamente por invertir una buena cantidad de tiempo que en la vida adulta solo es posible con ajedrecistas profesionales (entiéndase, que su trabajo sea ese), cosa que en nuestro medio no procede. Luego están los apoyos institucionales, patrocinio estatal o privado para mantener al ajedrecista en permanente competencia en torneos de alto nivel, pero ya se saben las limitaciones que hay en este ámbito. Y jugar sólo por internet no es lo mismo.

La pregunta, entonces, sigue flotando en el ambiente: ¿se puede...?