miércoles, 13 de agosto de 2014

Vaya: 100 metros vallas.

Aprovechando que un grupo de estudiantes de 13 años en su clase de deportes estaban realizando la prueba de 100 metros vallas, vi la ocasión y dije: “Nunca la hice en mi vida, ¡ahora es cuando!”

Le pedí entonces a un chico (a quien para proteger su identidad llamaré “Pollo Real”) que me hiciera el favor de cronometrarme el intento, no sin antes probar con una sola valla para ver si no caía de bruces o de espaldas (que en lenguaje popular se dicen de otra manera ambas cosas).

Pedí un pitazo de salida y fui saltándolas una por una sin fallar. No puse énfasis en la velocidad sino en completar la prueba sin quebrantos, que si la hago a tope, colapso. Cuando ya iba por la séptima, sentía el aire que me faltaba. En la octava visualicé una pirámide precolombina. En la novena recordé mis peores momentos en el ascenso del bosque “El Imposible” y en la última todo se olvidó para alcanzar el éxito.

Al final, 30.26 segundos. No está mal para ser la primera experiencia de un hombre de 47 años y 210 libras de peso.

Lo que me preocupa es que fui más rápido que muchos de los chicos.