domingo, 1 de julio de 2007

Víctima del monopolio

A propósito del mantenimiento y reparación de mi vehículo, a estas fechas he sido víctima del fabricante un par de veces. Consciente estoy de que hay repuestos automotrices que responden al diseño y características propias del modelo y año, de tal forma que la pieza debe ser original para encajar en toda la estructura (un faro de diseño tal, una pieza del engranaje, etc.). Sin embargo, estoy seguro que hay una directriz intencional expresamente dirigida a colocar cada vez menos elementos estándar en la maquinaria, de tal forma que el cambio de un simple switch de contacto (encendido-apagado), un mínimo empaque o un cable interno, tenga que llevarnos al repuesto importado desde la casa matriz, con el consiguiente alto costo.

Reflexiono y digo: si los fabricantes fueron capaces de hacer un vehículo al que le queden llantas de aro de trece pulgadas de diámetro, con un ancho estándar y características compatibles con cualquier marca de cauchos, es que se pueden hacer las cosas pensando en proteger el bolsillo del consumidor, en vez de acudir a prácticas monopólicas.

¿Ante quién imploraremos defensa? En mi caso, tendré que esperar a que la marca de mi vehículo sea tan común como los Toyota o Nissan, para que los chinos comiencen a fabricar clones de repuesto a bajo costo, pues a este paso no sería raro que algún modelo por venir fuera tan exclusivo que necesitara llantas fabricadas especialmente para él, o un sistema tal que utilizara baterías que trabajaran a quince voltios en vez de doce, para obligarnos a comprar cada mínimo elemento eléctrico a su fabricante exclusivo... ¡al precio que ellos digan!

lunes, 18 de junio de 2007

La prensa siempre se zafa

En días pasados, alguien tuvo la simpática idea de hacer un partido entre las veteranas selecciones de Hungría y El Salvador que participaron en el mundial de España en 1982. Este despropósito no hubiera pasado de ser una extraña obsesión por el masoquismo memorístico de aquel penoso 10-1, de no ser porque la prensa deportiva (incluso parte de la seria) le dedicó amplios espacios al tema y, para completar el teatro del absurdo, hubo buena cantidad de aficionados en el estadio.

De los varios reportajes publicados con tal motivo, queda claro que los testimonios de los involucrados cargan la mayor responsabilidad del desastre al director técnico, Pipo Rodríguez, quien nunca tuvo control ni del grupo ni de la situación y, para acabar de amolarla, cuando perdía 3-0 al medio tiempo insistía en seguir atacando, sin hacer absolutamente nada para apuntalar una maltrecha defensa.

Sin embargo, la prensa deportiva no ha indagado en su propia responsabilidad en aquel desmadre. En mi memoria tengo bien grabado cómo los más influyentes periodistas especializados, además de inflar la verdadera capacidad del equipo y disimular sistemáticamente sus constantes yerros defensivos, habían fijado un objetivo prioritario para aquel torneo: marcar un gol (puesto que en la participación anterior en México '70 nos habíamos ido en blanco).

Sobre ese tema insistieron hasta la saciedad y tengo la impresión de que lograron, a fuerza de presión mediática, instalar esa meta en la mentalidad en jugadores, entrenadores y dirigentes, traducida en un "no importa perder, con tal de que marquemos al menos uno". Tanto así fue que el "glorioso" gol salvadoreño -que vino cuando perdíamos 5-0, tras una buena jugada del Mágico González, pero también como cortesía de los defensas húngaros que aflojaron las marcas y le permitieron a Zapata rematar a placer- fue celebrado como si con él hubieran ganado el campeonato del mundo. ¡Vaya culto al adefesio!

viernes, 15 de junio de 2007

Gran pensada en rojo y verde

Muchas veces el salvadoreño (hombre macho masculino) "se la lleva de vivo" cuando en realidad es bastante bruto, observación que se deriva de una variedad de situaciones diarias, en este caso, la forma primitiva de conducir por las calles de la ciudad capital, lugar en donde el reglamento de tránsito deviene en una broma de mal gusto, pues las "normas" que realmente cuentan para lidiar con esa colección de bárbaros especímenes son sólo las que, por ley de la selva, se aplican cotidianamente sobre el asfalto (aclaro: buseros y microbuseros son apenas un porcentaje).

De los muchos casos para ilustrar el tema, elegimos este que se refiere a la "viveza" de anticipar los ciclos, tiempos y cambios de luz de los semáforos. Bien sabido es que el cambio de verde a amarillo y de éste al rojo no está seguido inmediatamente de un cambio de rojo a verde en el semáforo de la calle perpendicular, sino que transcurren un par de segundos entre una cosa y la otra. Pues bien: el muy "vivo" al volante tiene asumido este hecho y, en consecuencia, se pasa su correspondiente luz roja en los dos, tres y hasta cuatro o cinco segundos posteriores al cambio. Obviamente, la presencia de un solo idiota en el momento (in)adecuado basta para causar una colisión con quien sí es medianamente civilizado.

Pero si, en contraparte, quien está detenido por el rojo no mira su propio semáforo, sino el que corresponde a calle con la cual se intersecta, y va acelerando desde cuando el otro pasa por la luz amarilla, comenzando a caminar ni bien el propio amaga con cambiar a verde... hay ahí un seguro zigzagueo, chirridos de llanta con correspondiente pitada de "la vieja" o, en el mejor y más merecido de los casos, ¡un buen "polongón" de por medio!

jueves, 7 de junio de 2007

En "La Luna", notable antro bohemio.


Ayer estuvimos en "La Luna, casa y arte" -catedral de la bohemia, notable antro estético- entonando canciones propias y ajenas junto con el joven cantautor Billy Durán Candell, en un espectáculo que titulamos "Trova, memorias y romanticismo".


Era esta presentación algo que consideré imprescindible desde que decidí poner mi música en disco y volver a escena, ya que si hay un lugar de mucha tradición en esto de la trova es, precisamente este espacio selenita, que con su década y media de funcionamiento ha logrado ser un punto de referencia local y centroamericano.

Mi compañero en escena, Billy, estuvo muy bien y creo que la combinación de "juventud y experiencia" fue acertada, así como la diferencia de estilos y, no obstante, coincidencias fundamentales (voces y guitarras). El público resultó amigable, con bastantes caras conocidas en lo inmediato y también en la distancia. Entre notas y voces, alcanzamos la asombrosa marca de... ¡dos horas y media! (felizmente, sin que nos fuera lanzado ningún objeto).

martes, 5 de junio de 2007

El sonido de "Los mitos", de España.


La música que más aprecio la escuché en mi infancia, allá por los tempranos años setentas, la cual coincidió con la adolescencia de mis hermanas mayores, cuando teníamos una "radiola" (que era, en realidad, un radio de amplitud modulada con tocadiscos de vinilo incorporado, de la cual aún conservo las bocinas funcionando y, entre ambas, entregan algo así como 10 watts RMS) y en ella se colocaban los discos de su preferencia.

Varios de ellos eran de un grupo español, "Los mitos", de los cuales hasta hace poco supe que eran bilbaínos y habían cambiado a su voz distintiva (su cantante Tony) en la última etapa de su trayectoria. Canciones como "Si te acuerdas de mí", "Lejos de ti", "Me conformo", "Todos lo saben" y otras de aquella época quedaron marcadas en mi memoria de infante. Posteriormente, ya en la madurez nostálgica, fui consiguiendo aquí y allá el resto de temas, hasta tener una idea bastante completa de lo que hicieron.

Además del romanticismo inocente, propio de aquella época, he de mencionar la preciosa orquestación que en Hispavox les hicieron a sus temas. No me atrevería a asegurarlo, por falta de información, pero en el sonido y estilo los arreglos sinfónicos que adornaban los instrumentos básicos creo ver la mano del maestro hispano-argentino Waldo de los Ríos, por aquella época ligado a dicha casa disquera; el cual, sin quitar protagonismo a los jóvenes estelares, permite hoy, a más de treinta y cinco años de distancia, deleitarse los oídos una y otra vez con aquellos sustanciosos respaldos, tan sabrosos como las armonías y voces allí plasmadas.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Máscara con expresión variable

"V for vendetta" es una enigmática película que combina con buen balance un argumento de novela de anticipación política (con mucha errónea frecuencia etiquetada como "ciencia-ficción"), un personaje rebelde anarquista y la atmósfera "Matrix", sello de los hermanos Wachowski. Dentro de todos los aspectos comentables, el que más me llamo la atención fue la capacidad del actor Hugo Weaving ("el agente Smith", para el gran público) para hacer que el protagonista "V" fuera muy expresivo... pese a que la máscara de Guy Fawkes le cubre el rostro durante todo el filme. Así, con las inflexiones de voz, los gestos corporales y un parlamento barroco típico del siglo XVI (época en la que vivió el personaje histórico en quien se inspira), logra lo que parece imposible: que una y la misma máscara luzca triste, irónica, indignada, dulce, patética, tierna o fría en los distintos momentos de la trama. ¡Gran virtud... y habilísimo diseño!

miércoles, 23 de mayo de 2007

Guitarra multiplicada


A quien superviso en la guitarra es Fernanda Reneé, una niña de 7º grado a quien el año anterior, junto con otra veintena de adolescentes de la institución educativa en donde laboro, dediqué veinticinco sesiones de enseñanza-aprendizaje de guitarra popular.

Como estas cosas sólo funcionan a partir del equilibrio entre entusiasmo y disciplina, mi experiencia me decía que si lograba que finalizaran el curso al menos la tercera parte de los inscritos, sería un éxito. Para mi sorpresa y alegría, las cifras superaron las expectativas, pues de más de una docena puedo decir que "pueden algo" de guitarra, tanto así que ya hemos cumplido un par de jornadas con la pequeña orquesta guitarril, amenizando actividades internas.

La foto en cuestión proviene de la mañana de hoy, en un festival musical en donde pusimos el necesario acompañamiento algunos participantes. Elegí sólo a Fernanda para esta tarea por varias razones: por ser de las más avanzadas, porque no estaba inscrita como participante, porque poner más guitarras le daría a todas las canciones un sabor de rondalla no deseable en este contexto y porque, por su tiempo y situación académica, tenía posibilidades reales de aprenderse seis canciones en un par de días, como finalmente sucedió.

Las cosas salieron bien y me place colocar aquí esta referencia como símbolo de aquella satisfacción docente que ha significado multiplicar la guitarra en muchas jóvenes manos como las de Fernanda, Angela, Imbers, Gabriela la cantante, Fernando, Mapachita Cuéllar, Pino, Sara la escritora, Avelar el pequeño, Trigueros, Ibarrita, Auerbach, Bonilla la mediana, Melvin, Quintanilla y otros más. ¡A ver si se mantienen activos y no me hacen quedar mal!

domingo, 13 de mayo de 2007

Lujuria odorífera

En la peculiar relación contemporánea entre literatura y cine, al momento de poner en la balanza lo visto y lo leído, bien puede decirse que hay excelentes películas basadas en obras regulares ("Drácula", de Coppola, es sublime, en tanto que a la novela de Bram Stoker le sobran una buena cantidad de páginas), mientras que hay excelentes novelas de las cuales su versión cinematográfica es apenas pasable ("El nombre de la rosa" en cine es, con suerte y pese al Sherlock Holmes medieval que es Sean Connery, una pálida caricatura del monumental libro de Eco).

Raro es hallar, entonces, una película que, siendo fiel al libro en el que se basa, mantenga el buen nivel allí exhibido. Tal es el caso de "El perfume", libro de Patrick Süskind que leí hace algunos años y del cual, más que detalles específicos, recordaba su final apoteósico.

Creo que ambas obras, el libro y el filme, están diseñadas para impresionar al lector/espectador con las características propias del lenguaje artístico de cada género. En este caso, el acierto del director Tom Tykwer está en el adecuado balance entre las partes narradas, los diálogos y, especialmente, los oportunos y ricos pasajes en que imágenes evocan sensaciones olfativas, en cuya lujuriosa obsesión hallamos la base que sostiene la historia.

En cuanto al final, reconozcamos lo difícil que es lograr trasladar el ya mencionado clímax literario a la pantalla grande. Me parece que la película lo sugiere, dejando el resto para el espectador que haya leído previamente antes el texto. Esto, lejos de ser un fracaso, quizá sea la única forma de tratar con un asunto tan delicado.

Por eso, mi recomendación es: para garantizar su pleno disfrute... ¡léala antes de verla!

El lugar donde anida la tristeza

Desde hace más de una década tenía pendiente la lectura de "El llano en llamas", cuentos de Juan Rulfo, libro del que hasta hoy únicamente conocía uno titulado "El hombre", impresionante y difícil relato a cuatro voces entre un traslape temporal que exige de varias lecturas. Finalmente, durante varias sesiones de espera en el gimnasio de artes marciales al que asiste mi hija, concluí la tarea y, con ella, el conocimiento de la obra total de este autor, es decir, sus dos libros, modelo de efectividad literaria.

Dado que los críticos ya han analizado hasta la saciedad esta durísima prosa, abundar sobre ello es redundancia. En este caso, creo que es un párrafo del mismo libro el que mejor describe sus ambientes y sensaciones que son, a mi modo de ver, el gran tema de este conjunto de quince cuentos.

Transcribo un fragmento del décimo, "Luvina", aplicable a todo el mundo rulfiano:

Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y usted, si quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que allí sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca. Está allí como si allí hubiera nacido. Y hasta se puede probar y sentir, porque está siempre encima de uno, apretada contra de uno, y porque es oprimente como una gran cataplasma sobre la viva carne del corazón.

domingo, 6 de mayo de 2007

En Alegría, Usulután.


Anoche estuvimos en "La casa alegre", hostal, residencia artística y tiendita del arte ubicada en el pequeño municipio de Alegría, Usulután. Llegamos allí invitados por Paola y Memo, nuestros anfitriones artistas, para hacer una hora de música y poesía, con mis canciones y los textos del poeta Rafael Góchez Sosa, todo ello en la salita principal del local. La mayoría de asistentes fueron gente del lugar y en ellos, por primera vez desde que tengo memoria de escenarios, tuve a un público inmediato, sin la distancia que micrófonos y escenarios generan. Ello generó más nervios de lo acostumbrado, pero al final creo que solventamos la presentación con decoro.

Empero, sin quitarle su valor artístico, siento que esta visita es ya especial en la memoria debido al agradable ambiente del pueblito incrustado en las faldas del volcán Tecapa: un contexto bastante tranquilo, amable y acogedor, libre de los males más visibles que han deteriorado nuestras ciudades, con una especie de nostalgia viviente en donde uno puede, al menos por unas horas, descansar de verdad.

Nos faltó algo de tiempo para probar alguno de los sitios de comida que por ahí abundan, así como para caminar hacia la laguna volcánica. En compensación, llegamos hasta más allá de la medianoche platicando de esto y aquello, trajimos un par de plantas para que arraiguen en el jardín e hicimos algunos contactos de cara a posibles y futuras actividades en la zona oriental del país.

¡He aquí que ha nacido un recuerdo bonito... y alegre!

En la foto, Carmen y RFG con antenitas cortesía de Paola, mientras Memo brota de la ventana. Acompañan la escena el pintor Carlos Párraga y su amada.