viernes, 20 de noviembre de 2015

Con disgusto

politicastro, tra
1. m. y f. despect. Político inhábil, rastrero, mal intencionado, que actúa con fines y medios turbios.

Ese engendro social llamado “clase política” de la Guanaxia Irredenta ha motivado estos versos, adaptables según el color de la antipatía particular de la distinguida concurrencia: imprecaciones merecidísimas, viendo que en la desgraciada historia patria unos y otros han demostrado ser de similar calaña, pese a las variopintas apariencias.

En su descargo, añádase lo siguiente: acaso lo peor no sean ellos en cuanto deleznables criaturas, sino la angustiosa constatación de que somos los ciudadanos/as quienes allí los hemos colocado.

La esperanza es que de un amargo aprendizaje nazca la enmienda.

domingo, 25 de octubre de 2015

Malacrianza con buenas maneras

El gran mérito de “Malacrianza” (2014), escrita y dirigida por Arturo Menéndez, es contar cinematográficamente una historia arraigada en la cotidianidad popular de las ciudades salvadoreñas contemporáneas, a partir del personaje Don Cleo y su historia de sencillos anhelos, miedos y luchas que zarcean entre la esperanza y el abandono.

En su contexto cinematográfico, el drama es creíble y la narración sabe mantener el interés por el desenlace, aún cuando este se sugiere desde el mismo título y puede haber más de un spoiler de por medio en la reseña de cartelera.

Sin demérito de lo anterior, es en la parte técnica donde se notan las carencias del medio, falta de oficio revelada en alguna toma gran angular sin corrección de imagen lateral (un fallo incluso si hubiese sido intencional), cierto maquillaje para teatro que a corta distancia se detecta falso, el abuso de tomas con cámara sin trípode (lo cual marea al espectador frente a la pantalla de la sala de cine), ruido ambiental o eco casi bloqueando algunas conversaciones, etc. Son yerros menores, quizá hasta comprensibles, pero hacen las veces de esa vocecita que a cada instante le recuerda al público: “¡hey, es cine salvadoreño, no lo olviden!”

Dicho lo anterior, y como consecuencia de ello, es importante caer en la cuenta de la imposibilidad de verla sin considerar que es una película made in El Salvador, con toda la carga de connotaciones que ello implica, porque no existe ese espectador salvadoreño o salvadoreña que pueda sustraerse del contexto y expectativas socioculturales locales, tampoco así de sus conocimientos previos como para visionar el filme en abstracto sin el filtro de la nacionalidad que condiciona su percepción.

Así, la película se ve con un criterio distinto al estándar usual porque se sabe producida en condiciones cinematográficas adversas. El resultado es bueno, sí, aunque en términos relativos, ya que la recepción está necesariamente condicionada por la viñeta del arte nacional y sus poquísimos antecedentes de cine, mayoritariamente fallidos (que no es el caso).

La acotación anterior viene al caso también como réplica a la invitación que Paolo Lüers hiciera en su columna (sí, el vilipendiado alemán metido a crítico de cine), en donde llamaba a verla no por apoyar al arte nacional, sino porque era buena. Más bien hay que verla porque es arte nacional que, como tal, está muy bueno.

Ya fuera de consideraciones racionales, como quiera que sea, este largometraje de 70 minutos de duración gusta, toca fibras y mueve sensibilidades.

Yo le aplaudo.

domingo, 18 de octubre de 2015

Comedia comedida, risa restringida.

¿Se ha preguntado usted, en estos tiempos de respeto y reivindicaciones, qué chistes no ofensivos (políticamente correctos) puede alguien contar?

Piénselo bien y verá que está difícil.

Quite de su lista, para comenzar, los chistes machistas, falocéntricos y misóginos, aquellos que afectan o ridiculizan conductas atribuidas naturalmente a la mujer, que las dejan muy mal paradas o llevan implícito un “¡qué joden estas viejas!”.

En consecuencia, purgue aquellas historias sobre el suplicio de la vida matrimonial, así como infidelidades de todo tipo, anécdotas de burdel y prostíbulo, seducciones a cual más inverosímiles, acoso sexual y demás.

A continuación, fumigue de su repertorio estándar las burlas homofóbicas: cebarse con minorías tradicionalmente discriminadas por su orientación sexual no es edificante y además contribuye a los prejuicios (como imitar grotescamente el supuesto modo de hablar o caminar de personas afeminadas).

Usted, como contador o contadora de chistes que respete y se respete, tampoco puede hacer mofa de las precarias condiciones socioeconómicas de sectores vulnerables de la población, pues eso es clasismo. Olvídese del indio cholco y bruto, que además habla grencho. No apunte las baterías del humor cáustico hacia parte baja de la pirámide social, aunque eso prive al público de populares Cholys y Tenchis.

Y aunque aquí en la Guanaxia es extrañísimo ver a negros naturales de estos contornos olvidados de la Providencia, eso no le da derecho a volcar su arsenal de chascarrillos racistas y xenófobos, como los chistes de gallegos (el gentilicio, no el diputado) y afrentas a otras nacionalidades.

Tenga además consideración para con los débiles y enfermos mentales, así como quienes padecen algún tipo de discapacidad. No se burle, pues, de tontos, locos y tullidos, por más que se sepa un par de chistes de esos como para desternillarse de risa. Ni hablar de tartamudos y janiches.

Mucho cuidado también con las historias cómicas de niños y niñas ingenuos pero un poco brutos, que de repente eso vulnera de alguna forma varios tratados y declaraciones internacionales, aparte de infligir daño sicológico.

No caben tampoco los escarnios dirigidos a la apariencia física, ya sea por defectos evidentes (narices, por ejemplo), por salirse del estándar social de la belleza (chicas gorditas, hombres panzones, secos de alambre o enanos), por presunta falta de estética en su presentación personal (¿qué culpa tiene la gente de su propia fealdad?) o por semejanzas jayanas que motivan apodos épicos (v. gr.: “Aborto de Pollo” o “Testículo Peinado”).

Hechas las anteriores consideraciones, revise y piense qué queda en el repertorio. ¿Nada, acaso…?

“¡Los políticos!”, exclamará usted con entusiasmo.

Enhorabuena, sí, pero… ¿se acuerda de algún chiste o burla contra esa persistente plaga social que, al mismo tiempo, cumpla con las restricciones enunciadas? ¿Verdad que no es tan fácil? Eso impide decirle “culero” a este edil, “vieja puta” a esa funcionaria y “pendejo” a aquel diputado que no sabe ni leer y a duras penas escribe (pues no cabe burlarse de las limitaciones educativas que por su origen humilde ha de haber tenido, aparte que la estupidez no es ni delito ni pecado).

¿De qué hacer guasa, entonces?

Usted puede esforzarse por contar chistes respetuosos y asépticos, pero seguramente nadie les hallará gracia.

O bien, puede despacharse el repertorio usual, con éxito generalizado, aunque luego le acusen de lesionar la dignidad humana de estos y aquellas.

En serio, ¿no habrá alguna forma airosa de escabullirse de este aparente callejón conceptual sin salida?

jueves, 15 de octubre de 2015

El golpe del 15 de octubre de 1979

Temerosos del eventual triunfo de una insurrección armada (como recién había ocurrido en Nicaragua) el 15 de octubre de 1979 un grupo de oficiales de la Fuerza Armada de El Salvador, con la aquiescencia y asesoría del gobierno de los Estados Unidos de América (presidido por Jimmy Carter), dio un golpe de estado al régimen militar del Gral. Carlos Humberto Romero, sin disparar una sola bala.

La estrategia era evitar el triunfo de la subversión quitándole sus banderas reivindicativas, concediendo algunas demandas entonces consideradas imprescindibles para la transformación de la estructura económica y política del país.

Sin embargo, también querían dejar claro que en esas transformaciones las organizaciones de izquierda no iban a tomar demasiado protagonismo ni mucho menos desbordarse en sus ímpetus revolucionarios.

Tras algunas semanas de escépticas expectativas, relativa tranquilidad y apertura de espacios de expresión pública, el proyecto colapsó, víctima de sus propias incoherencias, indecisiones y contradicciones.

Aunque la oligarquía y la extrema derecha habían perdido temporalmente el control formal del ejército, aumentó la represión política y creció exponencialmente la actividad ilegal de los grupos paramilitares (los infames “escuadrones de la muerte), que no solo asesinaban selectivamente a sospechosos de ser opositores, sino incluso llegaron a cometer masacres en las calles de San Salvador (como la del 22 de enero de 1980).

En pocos meses se sucedieron renuncias y más renuncias de funcionarios progresistas incorporados a un proyecto político que nació muerto.

Por su parte, la naciente guerrilla preparaba ya, bajo un mando unificado impuesto desde Cuba, un levantamiento popular (que nunca se produjo) y su ofensiva final (que resultó ser la inicial).

El 24 de marzo de 1980, bajo un completo caos de autoridad política y violencia generalizada, cae asesinado Monseñor Óscar Arnulfo Romero, un día después de hacer un llamado a las bases del ejército, la guardia y la policía, para que cesaran de matar a su mismo pueblo.

En la práctica, el golpe de estado 15/10/79 sirvió para desengañar pacifistas y optimistas, es decir, para demostrar que ninguno de los sectores enfrentados estaba dispuesto a resolver la coyuntura de forma dialogada, bien porque se negaban a ceder privilegios, bien porque las concesiones eran demasiado pocas.

Esa fue la última oportunidad perdida para evitar la guerra civil.

El Capítulo IX del libro Función política del ejército salvadoreño en el presente siglo, del Tte. Coronel Mariano Castro Morán (Premio Nacional de Ensayo UCA Editores 1983), dedica 90 páginas al análisis de tal golpe de estado, su génesis, características contraditorias y desenlace, debidamente documentado con citas y testimonios.

jueves, 8 de octubre de 2015

23 palabras para vidrios

Según creo, los temas preferidos por el periódico digital El Faro suelen causar depresión en el lector/a. Personalmente, no me gusta el estilo literario (como de novela vanguardista) de redactar noticias que usan. Además, percibo a los periodistas de ese medio como rockstars y algunos un tanto pedantes.

Lo anterior lo antepuse al enlace de la campaña que han lanzado a la ciudadanía, para pedir dinero. El post quedó así y fue compartido por un par de personas más:

¿Quiere financiar la producción de noticias depresivas redactadas como novelas vanguardistas por periodistas "rockstars" (y dos que tres pedantes)? ¡Esta es su oportunidad!
►https://youtu.be/h7HbWb2fW_M

Fuera de eso, seguramente tienen sus virtudes, pero una evaluación exhaustiva (o un FODA) no lucen bien y antes arruinan un comentario socarrón.

Likes aparte, me llamaron la atención los graves cargos que un par de personas ligadas a dicho medio me espetaron, cosas de este calibre:

  • Que yo irrespeto su trabajo (el cual, entiendo, es cosa sagrada, exenta de crítica so pena de excomunión).
  • Que mi discurso de generalización es de las peores falacias (un discurso de 23 palabras, académicamente hablando).
  • Que yo las decepciono porque me expreso así, siendo una persona educada (o sea: aplaudir su modo de hacer las cosas sería la consecuencia natural de tener un título).
  • Que yo vivo en Suiza o Disneylandia (Vaya, pero ¿por qué no en Holanda o en el Cirque du Soleil?).
  • Que no me importan las tragedias cotidianas “que nadie quiere contar” (y alguien contó una para ilustrar).
  • Que no hago nada por mi país (a diferencia de ellas, obvio).
  • Que todo va a tener sentido “cuando El Salvador tenga más personas felices que personas sufriendo el discurso de Rafael Francisco Góchez” ("Sic" y signo admiración. Aparte: quizá una coma en el lugar oportuno evitaría esta interpretación, pero hay que respetar el original, porque después se enojan.).

Se diría que las he ofendido en lo más profundo de su dignidad profesional y humana.

Mi abuelita llamaba a esas personas "vidrios", por su delicadeza. Nosotros -de jóvenes setenteros, ignorantes y espontáneos- en situaciones como esta solíamos decir irónicamente: "¡Perdón, flor, si te rocé los pétalos!", pero en estos tiempos de violencias verbales y susceptibilidades extremas es mejor ser cauto con dicha expresión, porque capaz que aparecen otros temas subyacentes, suficiente descrédito autoinfligido.

Ya sin sorna, no sé si sonreír, apenarme o entristecerme por semejante overreaction, ante un comentario de desacuerdo.

Ah, por cierto: entre toda esa maraña de victimismo, dimes y diretes, también fui sicoanalizado... ¡de gratis!

domingo, 4 de octubre de 2015

Cinco mitos futboleros de la prensa guanaca

Mito.
4. m. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.

Con sus más y sus menos, sin descartar acaso alguna notable excepción, la prensa deportiva salvadoreña nos acomete una y otra vez con conceptos repetidos cíclicamente, que poco o nada tienen de sustento real. Forman parte de un discurso estándar aprendido y recitado por años, que se transmite de generación a generación porque la prensa vieja forma y moldea a la prensa nueva, aunque estos últimos lleguen muy bien titulados. Helos aquí.

- La noble afición

Este sintagma con su elegante epíteto nunca falta en radio, prensa y televisión. Nos quieren pintar el falso cuadro de un pueblo abnegado que sacrifica todo por su equipo. No nos cuentan los constantes insultos, el indomable acoso, el lanzamiento de líquidos semifecales, las lluvias de objetos casi contundentes, las invasiones a la cancha para penquear jugadores, etc.

- El toque fino

Que periodistas veteranos sigan con el cuento que lo propio del futbolista salvadoreño es la habilidad, el toque fino y a ras de piso, la picardía, etc., vaya y pase; pero que lo digan, escriban y repitan jóvenes recién graduados de prestigiosas universidades, ya es sintomático. Aquí, por la falta de adecuada fundamentación, prima el pelotazo y el patadón, la tarascada y el juego subterráneo. Cuenten cuántos pases buenos seguidos dan los equipos de la LMF y se darán cuenta.

- El indio cuscatleco

En tiempos de eliminatorias mundialistas, a falta de argumentos futbolísticos, siempre invocan a que debe aflorar el indio cuscatleco por aquí y por allá. Esto es contradictorio, pues reconoce implícitamente que no hay habilidad ni toque fino, sino la pura garra, el jugar con huevos, al límite de la constante extenuación, emulando las batallas -siempre perdidas pero literariamente enaltecidas- de aquellos indios pipiles que le pegaron un lanzazo en la pierna al conquistador español y los tuvieron en jaque no sé en qué tiempos casi imaginados. Claro: a la hora de los pencazos, el tal indio siempre acaba vapuleado.

- La rivalidad con México

Esa “enemistad producida por emulación o competencia muy vivas” sólo existe aquí en la Guanaxia Irredenta. No es recíproca. Los mexicanos quieren medirse y ser rivales con selecciones de gran envergadura. Su pleito en la zona de Concacaf es con los Estados Unidos. Nosotros somos, si acaso, un lugar ínfimo e incómodo donde hay que jugar de visita cada cierto tiempo, y donde pueden perder también cada tanto, al igual que en toda Centroamérica y el Caribe. No estamos en su liga, no somos el rival a vencer, no le damos sentido a su eliminatoria. A lo sumo, somos buenos golilleros.

- El pasado glorioso de los dos mundiales

El Salvador clasificó al Mundial 1970 porque México era local y tenía plaza fija. Con 7 goles recibidos sin anotar ninguno, fuimos, estuvimos y volvimos con un poco más de pena que de gloria. Luego, doce años después, volvimos a clasificar -casi de carambola- para ir a hacer el mayor ridículo mundialista en España 82. Pero esos dos eventos aún son descritos como “heroicas gestas deportivas” y a ellas se remite el imaginario colectivo, liderado por la prensa, para creer en un pasado grandioso. Hasta un documental hicieron.

Y mientras tanto, seguimos esperando que de la nada surja otro Mágico González que nos saque de la desgracia.

Ese es el mayor mito de todos.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Del despido

El acto de despedir a alguien de un trabajo tiene una fuerte connotación injuriosa, peyorativa, seguramente porque no es ninguna gracia para quien a partir de ese momento pasa a engrosar las multitudinarias filas del desempleo.

Curiosamente, de estos infortunios suele sacarse abundante material cómico, para vilipendio de la persona afectada, aunque siempre se trata de humor negro, pues la situación ciertamente no es de risa.

Yo lo sé porque ha mucho tiempo, tanto como más de un cuarto de siglo, fui despedido de mala manera. Cobré venganza simbólica, literaria, discursiva. Aún me regodeo en ese rebelde recuerdo, sí, pero la espina todavía está allí (y aunque no es secreto, algún día lo contaré).

Comoquiera, en un mundo civilizado (es decir, otro distinto a este), el despido debería mostrar cierta dosis de respeto para la dignidad de la persona con quien un patrono o empresa ya no va a contar.

Prescindir de los servicios laborales de alguien no debería ser la consecuencia del capricho, exabrupto o desborde emotivo de su jefe o jefa. Incluso cuando ha habido una discusión fuerte y hasta salida de tono (siempre que no se hayan ido a los puños, arañazos o un mutuo mesar de los cabellos) la reflexión es imperativa y la justificación debe estar bien elaborada y fundamentada.

Esto implica con frecuencia remitirse a antecedentes, por lo que un despido no tendría que ser sorpresivo, sino hasta que cayó la gota que derramó el vaso, salvo que haya de por medio una infracción grave y evidente por parte del empleado/a.

Por lo mismo, el despido no debería ocurrir por venganza o desquite. O como suelen decir por aquellas tierras soñadas: “it’s business, not personal”. Si esto es sincero y no hipócrita, tampoco es que la persona cesada dará saltos de alegría, pero al menos no se añadirán clavos a su cruz.

And last but not least, hay que cuidar las formas. Un despido es un despido, no es un trance agradable y aunque se haga de la manera correcta tampoco se espera que el exempleado/a se deshaga en agradecimientos por el tiempo pasado. Habrá sinsabor y es comprensible, pero ninguna persona o institución que se respete tiene el derecho de humillar a alguien en el acto mismo de despedirle. La decisión se comunica (explica, razona) en privado y con calma, no con prácticas vejatorias como sacarle las cosas a la calle, que se entere al no dejarlo entrar al recinto laboral, notificarle su remoción -a veces, casi a gritos- frente a sus compañeros de labores, etc.

Miren, pues, que hasta para despedir a alguien hay que ser muy profesionales.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Un Principito adaptado

Mi primer contacto con El Principito fue poco antes de cumplir mis diez años de edad, cuando mi hermana Delfy insistió en llevarme al cine a ver la película de mediados de los setentas. En esa época ella andaba muy entusiasmada con la obra, pero yo me aburrí mucho con aquel filme después de la primera media hora, ya que conmigo se cometió el mismo error involuntario que aún se repite: creer que la obra El Principito es literatura infantil.

Años después, tras dos o tres lecturas, el libro siempre me pareció una bonita historia y caí en la cuenta de que, en efecto, es para personas adultas que añoran una infancia idealizada.

Hoy, en esta época de redes sociales, veo que el libro y muchas de sus citas han sido elevados a una especie de oráculo místico que tiendo a rechazar, aunque admita que algunas de sus sentencias son, en su simpleza, reflexiones válidas e interesantes.

Dicho lo anterior, ¿por qué, entonces, me animé a acudir a la sala de cine a ver esta versión animada de El Principito?

Principalmente, porque con el tráiler me di cuenta de que no iba a ver la realización cinematográfica de la historia que nos cuenta el libro, sino un guion original que desarrolla una trama propicia para insertar en ella el tema del Principito, a través de algunas de sus escenas y personajes más significativos provistos por el anciano Aviador, vecino de la niña protagonista.

El ritmo y la tensión narrativa están diseñados cinematográficamente para mantener la atención del espectador, quien de esta manera logra apreciar una historia redonda (perfecta, completa, bien lograda).

De la impresionante técnica de animación no diré más que es una delicia visual. Otro punto a favor del filme es que se cuida muy bien de no trivializar los momentos emotivos, presentes e inevitables pero sin dramatizarlos excesivamente.

No es tan secundario el detalle que la película es en real 3D, eso es un plus que los ojos agradecen.

Pero... hay un "pero".

Al analizar su contenido, me surge un cuestionamiento importante, y es hasta qué punto la película nos presenta, por una parte, una apología de la infancia y, por otra, una visión madura y socialmente funcional del crecimiento (¿maduración?) en cuanto incorporación armónica al mismo sistema que aparentemente se critica (a través, principalmente, del tipo y papel que juega la escuela tradicional mecanizada y competitiva, a la cual se rechaza teóricamente pero al final se acepta de facto).

Así vista, trátase de una producción cinematográfica hábil e inteligente, aunque no del todo fiel al espíritu que Saint-Exupéry plasmó en su obra. En este sentido quizá sea, después de todo, un pequeño Caballo de Troya, cortesía del status quo, con una moraleja que dice: “recuerda con cariño tus antiguos ideales... desde tu sabia inserción en el sistema”.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Plantones multimedia

A mediados de 2014, quise ver en una de mis creaciones artísticas en cierto formato multimedia. Con tal fin, contacté con personas que dominan esa área, para cotizar el trabajo y contratar su realización.

Casi un año después, estoy a las puertas de recibir el resultado de ese esfuerzo, no sin antes haber sido plantado, ignorado (en alguna ocasión, con desprecio) y ciertamente engañado por diversas personas a quienes acudí.

Cuando comencé mis gestiones, hubo un tipo que se mostró muy interesado en el asunto pero nunca me dio una cotización, sino que se dedicó a sondear cuánto estaba yo dispuesto a pagar; sin embargo, al conocer la cifra aproximada que le ofrecí (conforme al estándar profesional de ese tipo de trabajos), ya no recibí respuesta. ¡Vaya divo!

En la misma época de tal singular ninguneo, también contacté a alguien quien sí presentó un plan y una cotización. Hubo acuerdo formal y durante un tiempo me estuvo enviando varios adelantos del trabajo, de muy buena calidad técnica y artística. Sin embargo, en cierto momento y con la obra avanzada a más de la mitad, cortó todo contacto. Aún vive, lo sé, pero desde hace meses no me contesta el teléfono ni tampoco el correo, y en redes sociales se hace el disimulado, incluso con amigos comunes que le han dado mis recados. Desconozco el porqué, para mí es un misterio total. ¡Qué tipo!

En el proceso de asumir progresivamente esos plantones, pregunté a otra persona si estaba en condiciones de hacerlo. Dijo que sí, ya sabe, con todo gusto, no faltaba más, eso es fácil y que además -por no ser nada complicado- cobraría una cantidad prácticamente simbólica, tanto así que yo incluso le sugerí que replanteara sus honorarios porque hasta a mí me parecía muy poco. Casi medio año después, sólo tengo una muestra-ensayo de diez segundos (algo así como el 5%)... y entiendo que eso será todo.

Necio e implacable en mi búsqueda, llegué a plantearle el trabajo a alguien con más dotes de artista que de técnico multimedia. Nos reunimos en un café, el trabajo pareció interesarle y -en un momento de inspiración y cordial camaradería- dijo que eso sería una colaboración creativa, que no había vil metal prefijado, no obstante aceptaría lo que se le quisiera reconocer en agradecimiento. Pero las dos veces que planeamos reunirnos para absorber el espíritu del tema, el sujeto no llegó: la primera con una excusa emergente pero creíble; la segunda, con la más espontánea y silenciosa de las ausencias. No me ha contactado para reprogramar la reunión y, considerando las condiciones que puso, me da algo de pena insistirle más. Una lástima, porque habría quedado bonito.

De vuelta a la carga, di con un joven profesional, pariente de una persona a quien aprecio mucho. El primer contacto se produjo hace casi dos meses y aún espero que me envíe la cotización. Eso sí: espero sentado.

Finalmente, y ya casi por renunciar a mi búsqueda, encontré al sujeto actual. Cumplidas las formalidades, hemos discutido los detalles del trabajo, hay avances concretos y espero muy pronto el producto encargado, el cual estoy seguro será satisfactorio.

¿Recuerdan cuando dije: “a mediados de 2014, quise ver en una de mis creaciones artísticas en cierto formato multimedia”? Pues nada, ahora reformulo digo: “a mediados de 2014, no sabía cuánto habría de sufrir mi paciencia por ver una de mis creaciones en cierto formato multimedia”.

jueves, 27 de agosto de 2015

Ese video viral delictivo


AVISO A NAVEGANTES: en este sitio no hay ningún enlace web, clave ni pista que indique la ubicación del video aludido; así pues, quien con tal propósito haya llegado -así sea por accidente- hasta aquí, pierde su tiempo. Si, en cambio, lo que busca es una opinión razonada al respecto, quizá este sea el lugar apropiado.

Hace pocos días, se hizo viral en redes sociales un video pornográfico protagonizado por una joven mujer, estudiante destacada de una prestigiosa universidad local, filmado con su consentimiento por su amante, a quien se señala como responsable de haberlo divulgado posteriormente como represalia por supuestas infidelidades durante el tiempo que estuvieron juntos.

Como suele suceder en la web guanaca, los comentarios han sido de todo tipo, con marcada tendencia la chabacanería, incurriendo muchas veces en el típico dime-que-te-diré saturado de insultos y vulgaridades.

Una línea de comentarios se dirige contra el presunto hechor, también estudiante universitario, quien podría ser enjuiciado y encarcelado por el delito cometido, siempre que hubiera una denuncia de por medio y se lograra comprobar la comisión de la divulgación, cosa ya de por sí difícil teniendo en cuenta la naturaleza del crimen y las peculiaridades del sistema judicial salvadoreño.

En contraparte, hay una segunda vertiente de textos y opiniones que atacan a la joven a causa su conducta sexual, postura impertinente pero acorde a nuestra ancestral cultura machista. Tampoco faltan quienes se regodean del material ilícitamente divulgado. Sobre esto, la bloguera Virginia Lemus protesta y explica con bastante claridad el problema en este enlace.

Hay, no obstante, un tercer tema que suscita mucha polémica, como es señalar el gravísimo error cometido por la joven al consentir que se le grabara en la intimidad y que ese material quedara en poder de quien después traicionaría su confianza y lo usaría para denigrarla.

Para algunas personas, no se debe señalar como error, imprudencia o decisión poco inteligente el haber permitido la grabación de los videos, porque eso es cargar todas las culpas y re-victimizar a la joven perjudicada con la agresión virtual posterior.

No estoy de acuerdo con esta valoración.

Evidentemente hay un delito, que es divulgar el video, y hay un culpable, que es la persona que lo puso a disposición pública en redes sociales. Eso está claro. Tambien es terrible y lamentable el sufrimiento emocional que padece la persona afectada, sus familiares y amigos. Pero eso no quita la cuota de irresponsabilidad de quien se construyó una potente arma y luego, sin el menor sentido común ni medir el alcance de la situación, la dejó en manos de alguien que podría hacer uso dañino en contra de ella misma, basándose en una confianza sin fundamentos objetivos.

Varias lecciones pueden sacarse de esta horrible situación, pero una que sería imperdonable omitir es esta sencilla norma: no permitir que te graben en situaciones que luego pudieran perjudicarte. Bien decían las viejitas que la curiosidad mató al gato, no es sabio labrarse uno mismo su propia estaca.

Y en estos tiempos virtuales… don’t trust anybody!