sábado, 4 de agosto de 2007

Lenta destrucción

Tras las varias y recientes actividades de mantenimiento y reparación caseras finalmente he logrado comprender a cabalidad el concepto de "vida útil" de los objetos. De pequeño, recuerdo el fuerte carácter de mi padre ante los aparatos y utensilios que se arruinaban mientras eran usados: siempre mostraba su enfado pues quizá él consideraba que las cosas eran eternas; sin embargo, viendo hoy con detenimiento las tuberías, empalmes, puertas, rejas, ventanas, techos, conexiones, pisos y maderas, noto ahí la inconfundible huella del tiempo y su lenta destrucción a través del óxido, polillas, corrosión, descascaramiento, pudrición, etc. (que vasos, tazas y recipientes se quiebren entre esta y aquella manipulación, también debe considerarse como connatural a ellos; su renovación constante y moderada, por lo tanto, ha de ser parte del presupuesto). De todo lo anterior resulta que, como durante los años pasados he vivido en el error, creyendo que la casa es idéntica a sí misma desde que existe... ¡oh, terribles descubrimientos tras las vanas y frágiles apariencias!

lunes, 30 de julio de 2007

En la UTEC... con algo de prisa.


Hoy presenté el recital "No hemos olvidado" (música de RFG y poesía de RGS) en el Auditorium de la Paz, edificio "Francisco Morazán", de la Universidad Tecnológica; evento que fue posible gracias a la gestión de Silvia Elena Regalado, de la unidad de cultura de dicho centro de estudios.

El público lo constituyeron casi en su totalidad estudiantes de materias humanísticas, aunque de características distintas a lo que fue mi generación a mediados de los ochentas: parecían un tanto más pragmáticos, como de prisa y muy supeditados al cumplimiento de obligaciones académicas.

De qué les pareció la mezcla de canciones y poemas que condensé en cuarenta y cinco minutos, no puedo decir mucho, pues no hicieron mayores comentarios; sin embargo, confío que en alguno haya calado el mensaje, cosa que siempre es posible. Y aquí, como en cada presentación que he tenido este año, también hubo algo novedoso: si en Alegría, Usulután, el público estaba tan cerca que se le oía hasta respirar, aquí los asistentes estaban tan lejos que... ¡casi tuve que verlos con telescopio desde el escenario!

sábado, 28 de julio de 2007

En la ferretería

Mi título de bachiller dice "industrial con opción electromecánica", lo cual les resulta curioso a muchas personas que me conocen por mis labores relacionadas con el arte. Sin embargo, desde siempre he tenido afición por desarmar aparatos y ver cómo funcionan, así como hacer varias reparaciones caseras hasta donde los límites que la prudencia establece.

Es así como para mí andar por los pasillos de una ferretería podría fácilmente tomarme todo un día. Que si hace falta reparar esto, que si se podría mejorar aquello, que si debería remodelarse lo de más allá: tales pensamientos acometen mi mente al punto tal que alguna vez he olvidado precisamente aquello para lo cual originalmente llegué al lugar (quizá comprar un par de clavos de acero).

El problema, obviamente, siempre es la limitación presupuestaria, porque entre la multitud de tenazas y pinzas, selladores y empaques, herramientas y tornillos, no dudo que, de tener vía libre... ¡quebraría cualquier límite crediticio!

sábado, 14 de julio de 2007

Apagones en la sala de cine

En dos ocasiones en mi vida he sufrido apagones en una sala de cine. La segunda vez fue hace algunos días, a media función de "Shrek III", en compañía de mi esposa, en uno de esos multicinemas de pantalla gigantesca. Supongo que el proyector debía tener algún sistema de apagado inmediato, pues la imagen se cortó abruptamente en cuanto falló el voltaje. Las lámparas de emergencia mantuvieron lo suficiente iluminada la sala, así que no hubo penumbras ni búsqueda angustiosa de salidas por entre oscuridad absoluta alguna. Pasados veinte minutos (el público persistente siempre conservó la esperanza, mientras jugaba con sus celulares), regresó el fluido y la función continuó sin contratiempos.

Eso me recordó la primera vez: fue hacia 1980, en el antiguo y ya inexistente cine "Olimpia", de Santa Tecla (no sólo por la ausencia de míticas deidades y arquitectura helénica es que el nombre de aquel cajón de ladrillo y cemento le resultaba esencialmente impertinente: el golpe odorífero que emanaba de la sala de deposiciones humanas era la contradicción por antonomasia del término "inodoro" y, de cuando en vez, transitaban pequeñas manadas de roedores por entre las filas de butacas de madera, tanto de "arriba" -donde la admisión costaba un colón con cincuenta centavos- como de "abajo" -un colón a secas, donde se concentraban la mayoría de guasones).

La película era "Mr. Billion", un filme de segundo o tercer orden protagonizado por Terence Hill (famoso por sus películas de Trinity), de la cual alcanzamos a ver los títulos y créditos de entrada, hasta antes de que la pantalla se fuera opacando y el movimiento se volviera más lento hasta diluirse en la negrura total, plena. Como era la época de la guerra y los apagones generalmente se debían a sabotajes, no esperamos más de diez minutos antes de abandonar a ciegas el local (a puro tanteo, pues de luces de emergencia, ni hablar).

Al respecto, revisando en la base de datos de películas en internet, concluyo ahora que de aquel apagón obtuve, a la larga dos beneficios: el primero, una anécdota familiar; el segundo... ¡perderme de una película muy mala!

jueves, 5 de julio de 2007

Chambonadas

No sé si del dicho "lo barato sale caro" pueda extraerse la conclusión de que algo por lo que se pagó una buena cantidad de dinero es sinónimo de calidad. Digo esto porque, dedicándome a encargar o hacer por mí mismo algunos trabajos de reparación en la casa, he descubierto muchísimas cosas muy mal hechas por la pequeña multitud de trabajadores (electricistas, fontaneros, albañiles, herreros, etc.) que desfilaron por aquí en los años anteriores y que, según parece, cobraron cantidades que no se pueden considerar despreciables.

Cinco ejemplos, para ilustrar:

a) Una estructura metálica destinada a sostener un techo, misma que ni siquiera está a escuadra (los tipos desconocían la plomada) y cuyos polines encajuelados fueron pintados a la carrera, con pintura demasiado diluida y sólo por la parte externa (de donde resulta que se oxidan desde dentro).

b) Un cable de electricidad que, para ahorrar distancia, fue tirado por sobre el techo, a la plena intemperie y sin el menor sentido estético ni ético (había uniones hechas a la carrera y con aislante débil).

c) Láminas de asbesto ("duralitas") que, con la lluvia, se humedecen tanto que uno es capaz de deshacerlas con los dedos (cortesía del fabricante, con la venia del consumidor que no protesta).

d) Un canal lámina galvanizada para desagüe, con un tubo de bajada tan estrecho que, ni bien llueve un poco recio, rebalsa inundando el cielo falso de todo ese pasillo.

e) Un lavadero de concreto, torcido al menos cinco grados a la izquierda con respecto a la horizontal.

De los dos trabajos que contraté por mi propio medio no me puedo quejar: parecen estar bien hechos y los obreros se miraban algo espabilados. Mas, viendo el estándar de calidad de los despropósitos anteriores, no puedo evitar preguntarme qué pasó entonces con la tan afamada mano de obra salvadoreña.

¿Será que todos los buenos emigraron? ¿Será que quienes mis predecesores tuvieron "pulso" para elegir tipos sólo de tan marcada in-habilidad?

domingo, 1 de julio de 2007

Víctima del monopolio

A propósito del mantenimiento y reparación de mi vehículo, a estas fechas he sido víctima del fabricante un par de veces. Consciente estoy de que hay repuestos automotrices que responden al diseño y características propias del modelo y año, de tal forma que la pieza debe ser original para encajar en toda la estructura (un faro de diseño tal, una pieza del engranaje, etc.). Sin embargo, estoy seguro que hay una directriz intencional expresamente dirigida a colocar cada vez menos elementos estándar en la maquinaria, de tal forma que el cambio de un simple switch de contacto (encendido-apagado), un mínimo empaque o un cable interno, tenga que llevarnos al repuesto importado desde la casa matriz, con el consiguiente alto costo.

Reflexiono y digo: si los fabricantes fueron capaces de hacer un vehículo al que le queden llantas de aro de trece pulgadas de diámetro, con un ancho estándar y características compatibles con cualquier marca de cauchos, es que se pueden hacer las cosas pensando en proteger el bolsillo del consumidor, en vez de acudir a prácticas monopólicas.

¿Ante quién imploraremos defensa? En mi caso, tendré que esperar a que la marca de mi vehículo sea tan común como los Toyota o Nissan, para que los chinos comiencen a fabricar clones de repuesto a bajo costo, pues a este paso no sería raro que algún modelo por venir fuera tan exclusivo que necesitara llantas fabricadas especialmente para él, o un sistema tal que utilizara baterías que trabajaran a quince voltios en vez de doce, para obligarnos a comprar cada mínimo elemento eléctrico a su fabricante exclusivo... ¡al precio que ellos digan!

lunes, 18 de junio de 2007

La prensa siempre se zafa

En días pasados, alguien tuvo la simpática idea de hacer un partido entre las veteranas selecciones de Hungría y El Salvador que participaron en el mundial de España en 1982. Este despropósito no hubiera pasado de ser una extraña obsesión por el masoquismo memorístico de aquel penoso 10-1, de no ser porque la prensa deportiva (incluso parte de la seria) le dedicó amplios espacios al tema y, para completar el teatro del absurdo, hubo buena cantidad de aficionados en el estadio.

De los varios reportajes publicados con tal motivo, queda claro que los testimonios de los involucrados cargan la mayor responsabilidad del desastre al director técnico, Pipo Rodríguez, quien nunca tuvo control ni del grupo ni de la situación y, para acabar de amolarla, cuando perdía 3-0 al medio tiempo insistía en seguir atacando, sin hacer absolutamente nada para apuntalar una maltrecha defensa.

Sin embargo, la prensa deportiva no ha indagado en su propia responsabilidad en aquel desmadre. En mi memoria tengo bien grabado cómo los más influyentes periodistas especializados, además de inflar la verdadera capacidad del equipo y disimular sistemáticamente sus constantes yerros defensivos, habían fijado un objetivo prioritario para aquel torneo: marcar un gol (puesto que en la participación anterior en México '70 nos habíamos ido en blanco).

Sobre ese tema insistieron hasta la saciedad y tengo la impresión de que lograron, a fuerza de presión mediática, instalar esa meta en la mentalidad en jugadores, entrenadores y dirigentes, traducida en un "no importa perder, con tal de que marquemos al menos uno". Tanto así fue que el "glorioso" gol salvadoreño -que vino cuando perdíamos 5-0, tras una buena jugada del Mágico González, pero también como cortesía de los defensas húngaros que aflojaron las marcas y le permitieron a Zapata rematar a placer- fue celebrado como si con él hubieran ganado el campeonato del mundo. ¡Vaya culto al adefesio!

viernes, 15 de junio de 2007

Gran pensada en rojo y verde

Muchas veces el salvadoreño (hombre macho masculino) "se la lleva de vivo" cuando en realidad es bastante bruto, observación que se deriva de una variedad de situaciones diarias, en este caso, la forma primitiva de conducir por las calles de la ciudad capital, lugar en donde el reglamento de tránsito deviene en una broma de mal gusto, pues las "normas" que realmente cuentan para lidiar con esa colección de bárbaros especímenes son sólo las que, por ley de la selva, se aplican cotidianamente sobre el asfalto (aclaro: buseros y microbuseros son apenas un porcentaje).

De los muchos casos para ilustrar el tema, elegimos este que se refiere a la "viveza" de anticipar los ciclos, tiempos y cambios de luz de los semáforos. Bien sabido es que el cambio de verde a amarillo y de éste al rojo no está seguido inmediatamente de un cambio de rojo a verde en el semáforo de la calle perpendicular, sino que transcurren un par de segundos entre una cosa y la otra. Pues bien: el muy "vivo" al volante tiene asumido este hecho y, en consecuencia, se pasa su correspondiente luz roja en los dos, tres y hasta cuatro o cinco segundos posteriores al cambio. Obviamente, la presencia de un solo idiota en el momento (in)adecuado basta para causar una colisión con quien sí es medianamente civilizado.

Pero si, en contraparte, quien está detenido por el rojo no mira su propio semáforo, sino el que corresponde a calle con la cual se intersecta, y va acelerando desde cuando el otro pasa por la luz amarilla, comenzando a caminar ni bien el propio amaga con cambiar a verde... hay ahí un seguro zigzagueo, chirridos de llanta con correspondiente pitada de "la vieja" o, en el mejor y más merecido de los casos, ¡un buen "polongón" de por medio!

jueves, 7 de junio de 2007

En "La Luna", notable antro bohemio.


Ayer estuvimos en "La Luna, casa y arte" -catedral de la bohemia, notable antro estético- entonando canciones propias y ajenas junto con el joven cantautor Billy Durán Candell, en un espectáculo que titulamos "Trova, memorias y romanticismo".


Era esta presentación algo que consideré imprescindible desde que decidí poner mi música en disco y volver a escena, ya que si hay un lugar de mucha tradición en esto de la trova es, precisamente este espacio selenita, que con su década y media de funcionamiento ha logrado ser un punto de referencia local y centroamericano.

Mi compañero en escena, Billy, estuvo muy bien y creo que la combinación de "juventud y experiencia" fue acertada, así como la diferencia de estilos y, no obstante, coincidencias fundamentales (voces y guitarras). El público resultó amigable, con bastantes caras conocidas en lo inmediato y también en la distancia. Entre notas y voces, alcanzamos la asombrosa marca de... ¡dos horas y media! (felizmente, sin que nos fuera lanzado ningún objeto).

martes, 5 de junio de 2007

El sonido de "Los mitos", de España.


La música que más aprecio la escuché en mi infancia, allá por los tempranos años setentas, la cual coincidió con la adolescencia de mis hermanas mayores, cuando teníamos una "radiola" (que era, en realidad, un radio de amplitud modulada con tocadiscos de vinilo incorporado, de la cual aún conservo las bocinas funcionando y, entre ambas, entregan algo así como 10 watts RMS) y en ella se colocaban los discos de su preferencia.

Varios de ellos eran de un grupo español, "Los mitos", de los cuales hasta hace poco supe que eran bilbaínos y habían cambiado a su voz distintiva (su cantante Tony) en la última etapa de su trayectoria. Canciones como "Si te acuerdas de mí", "Lejos de ti", "Me conformo", "Todos lo saben" y otras de aquella época quedaron marcadas en mi memoria de infante. Posteriormente, ya en la madurez nostálgica, fui consiguiendo aquí y allá el resto de temas, hasta tener una idea bastante completa de lo que hicieron.

Además del romanticismo inocente, propio de aquella época, he de mencionar la preciosa orquestación que en Hispavox les hicieron a sus temas. No me atrevería a asegurarlo, por falta de información, pero en el sonido y estilo los arreglos sinfónicos que adornaban los instrumentos básicos creo ver la mano del maestro hispano-argentino Waldo de los Ríos, por aquella época ligado a dicha casa disquera; el cual, sin quitar protagonismo a los jóvenes estelares, permite hoy, a más de treinta y cinco años de distancia, deleitarse los oídos una y otra vez con aquellos sustanciosos respaldos, tan sabrosos como las armonías y voces allí plasmadas.