domingo, 14 de febrero de 2016

¿Moral por decreto?

Con el concurso de los partidos políticos conservadores, el pasado 11 de febrero la Asamblea Legislativa modificó la Ley General de Educación, a fin de que en colegios, institutos y escuelas nacionales (públicos y privados) se imparta la materia de Moral, Urbanidad y Cívica.

Apartando las dudosas evocaciones nostálgicas de la década de los sesentas (cuando “todo era mejor” y las personas eran “respetuosas y educadas”), esta medida nace como respuesta al evidente deterioro de los valores en la sociedad, agobiada no solo por la violencia delincuencial que alcanza niveles pandémicos, sino por otros índices no menos preocupantes en los que El Salvador se ubica en penosos primeros lugares (p. ej.: agresiones sexuales, corrupción pública y privada, niñas y adolescentes embarazadas, irrespeto a las leyes de tránsito, el insulto como recurso habitual, etc.).

La pregunta clave es qué tan efectiva puede ser esta materia para los fines buscados.

A falta de estudios que demuestren la correlación entre contenidos teóricos y prácticas reales, el resultado de la mencionada iniciativa solo puede estar sujeto a especulaciones basadas en la argumentación discursiva.

En principio, la reflexión sobre contenidos éticos es intrínsecamente provechosa, toda vez no se desnaturalice para convertirla en moralismo de ocasión.

El Ministerio de Educación debe tener sumo cuidado para elaborar un buen programa de estudios con contenidos orientados a promover valores como el respeto, la tolerancia, la justicia, la responsabilidad y la honestidad, entre otros.

Sin embargo, lo más importante en el aula quizá sea el método que se implemente para desarrollar los temas, el cual debe ser participativo, incluyente y que propicie la actividad de los estudiantes en las reflexiones que se hagan. De otra manera, se caerá en el mero sermón que solo reforzará a los ya convencidos, si es que no los aburre.

Una observación importante es que, aun cuando esta iniciativa busca que el aula incida en la sociedad, lo cierto es que las cosas parecen funcionar mayoritariamente en otra dirección: es la sociedad la que incide en el aula.

Si los estudiantes ven que en cualquier trabajo no se progresa por méritos sino por favores y compadrazgos; si niños y niñas tienen claros ejemplos de conductas inmorales en las instancias estatales judiciales, legislativas y ministeriales; si los propios líderes religiosos a quienes siguen sus familias son quienes han cometido abusos sexuales y sus rebaños los justifican o defienden; si las instituciones encargadas de perseguir el delito e impartir justicia son sinónimo de ineficiencia y desconfianza; en una palabra: si el ejemplo no viene de los adultos/as actuales, ya podrán impartir las cátedras que quieran, pero la incidencia será insignificante.

La moral es una convicción y una práctica cotidiana, no viene solo por decreto.



domingo, 7 de febrero de 2016

Alerta pensiones

Desde hace varios años, tanto el gobierno como diversas personas e instituciones han venido planteando reformas sustanciales al sistema de pensiones. Los siguientes párrafos explican de modo sucinto el estado de cosas, a fin de tener un conocimiento más realista y opinar con cierto fundamento.

En el antiguo sistema de pensiones ISSS-INPEP (llamado “de reparto”), una persona podía jubilarse con una pensión del 70% de su salario, por una contribución obligatoria relativamente pequeña durante su vida laboral. Naturalmente, la gente lo añora, pero ese sistema quebró aquí y en otros países, porque los pagos pronto acabaron siendo mucho mayores que los aportes. El subsidio suena bien cuando uno no tiene que financiarlo, y el dinero de ese fondo común no corrió la suerte de aquellos panes y peces milagrosamente multiplicados.

La realidad obligó al cambio y fue así como en 1998 comenzó a funcionar el nuevo Sistema de Ahorro para Pensiones (SAP), en el cual cada persona ahorra obligatoriamente durante décadas, vía AFP, aproximadamente la décima parte de su salario y, llegado el momento del retiro, puede disponer de su capital más intereses, ya sea totalmente o en cuotas.

Casi veinte años después de creado, este sistema de ahorro privado goza de estabilidad financiera, pero por sí mismo sólo es capaz de dar pensiones que apenas superan el 30% del salario. No hay truco. Para subir el monto, además de mejorar las condiciones de inversión de los fondos, tendrían que subir las cotizaciones y aumentar la edad mínima de jubilación (55 años para mujeres y 60 para hombres, las más bajas de Centroamérica). El dinero no crece en arbustos.

Pero el mayor problema no está ahí, sino en el enorme déficit que dejó el anterior sistema público, para cuya solución no se tomaron medidas oportunas ni cuando se cambió al nuevo esquema ni en los años posteriores. El Estado quedó con la obligación de pagar las pensiones de decenas de miles de antiguos afiliados, además de trasladar a las AFP lo aportado por quienes migraron voluntariamente al nuevo sistema y compensar sus beneficios, así como asumir la pensión mínima para los jubilados del SAP cuando se agoten sus saldos. El valor total estimado de dicha deuda supera los veinte mil millones de dólares: eso es lo que el Estado deberá pagar hasta que fallezca el último beneficiario del antiguo sistema público.

Cuando las reservas del ISSS e INPEP se agotaron a principios del milenio, para hacer frente a las obligaciones estatales se creó el Fideicomiso de Obligaciones Previsionales (FOP) en 2006, que prácticamente es un préstamo forzoso que las AFP deben conceder al Estado. En otras palabras: las pensiones y compensaciones del sistema público se pagan hoy con los ahorros de los afiliados al SAP, pero como el interés pagado a los acreedores es bajísimo (1.4% en promedio), cuando finalmente se amortice la deuda ese capital prestado por los trabajadores/as habrá perdido valor real. Además, está a punto de alcanzarse el límite legal permitido (es decir, esa tarjeta pronto va a topar).

La salida inmediata que el actual gobierno estaría proponiendo es un sistema mixto, donde los ahorros de quienes ganan hasta dos salarios mínimos serían trasladados del sistema privado a uno público, manejados por el Estado. De esta manera, habría fondos frescos para honrar la deuda previsional pública por un tiempo. Las AFP seguirían operando con el resto de la población cotizante, que sería la minoría.

Tal propuesta mueve a desconfianza.

El riesgo de poner esos fondos directamente en manos del Estado sería el mismo que si usted le diera en custodia una barra de oro a un su amigo/a que tiene deudas hasta el cuello, vive asediado por sus acreedores (prácticamente escondiéndose de ellos) y está en mora con varias casas comerciales. Ese valor podría diluirse con facilidad, al tenor de las urgencias del momento, sean políticas o económicas.

La solución a este problema no es fácil y tampoco admite demagogias e irresponsabilidades. Hace falta un análisis multisectorial muy técnico y muy serio, por las implicaciones humanas que tiene. Esto no puede depender de las típicas negociaciones políticas para conseguir los votos necesarios.

Este artículo fue publicado en La Prensa Gráfica, edición del domingo 7 de febrero de 2016.

* Vaya mi agradecimiento para Maryelos y Lourdes, exalumnas y ahora periodistas del área económica, quienes gentilmente leyeron el borrador y me hicieron las observaciones pertinentes a los aspectos técnicos.


Artículo relacionado: Cinco malas pancartas sobre pensiones

Cinco malas pancartas sobre pensiones

En medio del desconocimiento generalizado, tanto del funcionamiento de los sistemas de pensiones en El Salvador como de la propuesta gubernamental para reformarlos, y entre la propaganda política asociada al tema, se escuchan afirmaciones contundentes que, cuando no son falsas, son verdades a medias que conducen al engaño.

A continuación, se explican de la manera más franca y sencilla posible.

• Las AFP nos roban nuestro dinero

FALSO. Los ahorros de los cotizantes están allí; es más: el 82% de ellos está invertido en títulos, bonos o certificados gubernamentales (el 45% es obligatorio). Lo que la voz popular llama “robo” es el 2.2% del salario individual que cada cotizante paga a las AFP por manejar su cuenta y además el seguro en caso de muerte. Esa comisión es el capital con que dichas instituciones cubren sus costos de operación y además obtienen un buen margen de ganancia, que ronda el 44% (y no está sujeto a las limitantes regulaciones de inversión de los ahorros). Discusión aparte es si esa comisión se les podría rebajar y abonar la diferencia a las cuentas de los afiliados.

• El gobierno quiere robarse los ahorros de los trabajadores

FALSO. Según se sabe de manera no oficial (entre secretos de pasillo), lo que quiere hacer el gobierno es manejar directamente las cuentas de quienes ganan hasta dos salarios mínimos. Al recibir esas cotizaciones, tendría dinero para cumplir con el pago de pensiones del antiguo sistema público por un tiempo. Las AFP manejarían menos dinero. La duda surge porque para años venideros no está claro de dónde provendrán los fondos para pagar a quienes hoy cotizan y entonces se jubilen.

• El antiguo Sistema Público de Pensiones estaba bien

SÍ PERO NO. Jubilarse con una pensión del 70% del salario es excelente si el dinero viene de las cotizaciones e impuestos de otros. El SPP era insostenible con trabajadores que aportaban al ISSS el 3.5% de su salario, por eso quebró.

• El Sistema de Ahorro Privado solo puede dar malas pensiones

DEPENDE. Aunque es verdad que las pensiones que actualmente puede dar el SAP apenas superan el 30% del salario, esto no se debe al sistema en sí, sino a que gran parte de la inversión es obligatoria hacerla en certificados estatales, que pagan interés bajísimo (promedio 1.4%), mientras que la otra parte tiene varias limitaciones, tanto de ley como pragmáticas en el mercado de valores local. Con una rentabilidad sostenida en el tiempo y cercana al 8% las pensiones futuras casi se duplicarían, pero es ideal. La realidad posible las ubicaría en un término medio.

• No se subirá la edad de jubilación

MUY DUDOSO. Las edades de jubilación salvadoreñas son las más bajas de Centroamérica. Una mujer que se jubile a los 55 años tiene una expectativa de vida de 86 años; es decir: si trabajó 30, vivirá pensionada 31, dos tercios de eso con pensión estatal mínima una vez que agote sus ahorros en AFP. Prometer eso es demagógico o irresponsable.

sábado, 6 de febrero de 2016

Ficticias cortinas de humo

cortina de humo
1. f. Artificio de ocultación.
2. f. Mil. Masa densa de humo, que se produce artificialmente para dificultar la visión.

Una de las estrategias de manipulación mental más antiguas es, sin duda, saber desviar la atención de un hecho apuntando hacia otro, según convenga. Esto es un verdadero arte y puede ocurrir tanto en el ámbito familiar como en grandes escenarios políticos. En ocasiones, lo que sirve de distractor puede ser incluso ficticio.

La cortina de humo (así llamada hoy, por el término militar smoke screen) siempre ha existido como recurso, pero desde que los medios de difusión masiva se instalaron como directores de la opinión pública, su importancia creció exponencialmente.

Noam Chomsky la ubica como una auténtica arma propagandística y la película Wag de dog (1997) la desarrolla hasta límites no por inverosímiles menos posibles, como malévola conspiración.

Estar alerta ante cortinas de humo para saberlas detectar y combatir es una buena señal de inteligencia, cosa de gente lista y avezada.

Sin embargo, en la Guanaxia Irredenta que todo lo degrada, se ven cortinas de humo donde no las hay. Este argumento se ha banalizado tanto en el estéril esquema de confrontación dizque ideológica, que con demasiada frecuencia se esgrime para calificar hechos reales e importantes, pero que no son del agrado o conveniencia del inepto/a que así clama.

La captura de los militares del caso jesuitas es una cortina de humo para desviar la atención sobre la reforma de pensiones. La investigación sobre el pacto con delincuentes ("tregua"), del expresidente Funes, es una cortina de humo para desviar la atención sobre el desvió de fondos de Taiwán, del expresidente Flores.

Y así hasta el infinito.

El resultado es que, hoy y aquí, decir que algo es una “cortina de humo” es, de hecho, lanzar una cortina de humo sobre los propios errores, corrupciones e ineptitudes.

Y eso, lejos de representar sagacidad, demuestra estupidez.

viernes, 29 de enero de 2016

Los cinco (feos) mandamientos de Los Picapiedra

Una referencia fundamental de la infancia de mi Generación X es el programa televisivo de Los Picapiedra, del cual incluso publiqué un top five personal. Sin embargo, pese a ciertos inolvidables momentos, una mirada adulta, consciente y mejor informada acaba descubriendo elementos no tan divertidos y hasta perniciosos.

El primer análisis que conocí de este tema fue un breve ensayo que elaboró mi hermana Delfy en su primer año de universidad, en la carrera de psicología en la UCA en el año 1977. Yo tenía diez años de edad y, aunque sus argumentos tenían fundamento racional, no rechacé emocionalmente la teleserie y la seguí viendo por años.

Hoy, ya de mayor, volví a ver algunos episodios y encontré escenas chocantes presentadas cual puntadas humorísticas (v. gr.: un reloj de cuco en el que, para marcar las tres de la tarde, un hombre le da tres garrotazos en la cabeza a su mujer). También logré comprender mejor esos paradigmas subyacentes de los que habló la estudiante de psicología antes mencionada, los mandamientos ideológicos sobre los cuales están construidas esas situaciones “graciosas”, mismos que a continuación formulo, reconociendo en ellos la influencia de aquel análisis.

1. Le ocultarás tus proyectos y acciones a tu esposa.

Buena parte de los episodios transcurren sobre esta base: Pedro hace o quiere hacer algo, pero siempre a escondidas de Vilma; no obstante, ella se acaba enterando de una u otra forma y sobreviene el conflicto. El adjetivo que lleven las intenciones o acciones realmente no importa: pueden ser o no lícitas, riesgosas, imprudentes, osadas o hasta estúpidas; el punto es no conversarlo porque “ella nunca lo entendería” (ya sea tomar clases de ballet para mejorar en el boliche o escaparse con los Búfalos Mojados a Ciudad Frenética). Buen modelo de comunicación familiar.

2. Naciste para ser obrero, no empresario.

Las veces que Pedro renunció o fue despedido de su trabajo en la cantera para emprender proyectos particulares se cuentan por los fracasos de estos intentos, ya sea como propietario de un drive-in, fabricante de pasteles de piedramora, dueño de una sala de billar o empresario circense. La moraleja permanente es que la mejor y casi única vida a la que puede aspirar es, justamente, esa donde tiene un trabajo mal pagado y peor tratado (¿recuerdan la Operación Rebaja?), y no son pocas las ocasiones en que Vilma se encarga de recordárselo.

3. No trabes amistad con el sexo opuesto.

“Los chicos con los chicos, las chicas con las chicas”, tal es el lema en el universo picapedresco, seguramente porque hay cosas de hombres (béisbol, billar, boliche, boxeo, carreras, cartas, golf y una logia expresamente vedada a las féminas) y cosas de mujeres (chismes, salón de belleza, supermercado, tiendas de ropa y todas esas superficialidades femeninas). No recuerdo ningún episodio en donde Pedro hable con una mujer, que no encienda en Vilma las alarmas de infidelidad y celos. Y la vez que Vilma presentó a un amigo, era su exnovio Rodney Pedernal, quien de Pedro decía: “¿Dónde está, dónde está? ¡Quiero grabarle mis iniciales en la piel! ¡Jh, jh, jh!” (capítulo en donde, por cierto, hubo varios atentados sospechosamente accidentales).

4. Trata mal a tu mejor amigo.

No sé si Pablo (nombre en español que le pusieron a Barney) sea en realidad un tipo con tan buena autoestima como para comprender y soportar amistosamente el tóxico carácter de Federico (el Pedro que aquí conocemos). Lo cierto es que éste ejerce bastante violencia verbal contra su pal, aparte de una amplia gama de ingratitudes a las que el condescendiente vecino parece acceder de buen grado, no importa si lo ridiculiza en público o le roba el crédito de sus acciones meritorias.

5. Esfuérzate por ser una buena esposa-doméstica.

Vilma, “la feliz ama de casa”… poco más se puede añadir al estereotipo que promueve. Su lugar está en las labores domésticas, sacrificando siempre sus propias posibilidades de desarrollo laboral en función de preparar la cena de Pedro, todo un dogma hogareño. Quizá esto no estaría del todo mal si el buen Pedro ayudara en las tareas de la casa, pero lo único que le vemos hacer es exigir, quejarse, ensuciar… y a veces cortar el césped con la máquina-tortuga, muy a regañadientes.

Es cierto que el programa se produjo en el periodo 1960-1966 y como tal responde a la mentalidad de la época. Lo triste es que todos los de esa generación (y muchos de las posteriores) al final todavía seamos un poco picapiedras.

martes, 26 de enero de 2016

Lo del 32

¿Qué sabe el pueblo salvadoreño de los sangrientos acontecimientos de 1932? La gente dice, habla, comenta y hasta conmemora, pero muy pocos tienen conocimiento serio, fundamentado, de aquellos hechos.

Las certezas y mitos sobre el 32 son tan difusas como el número de muertes que se produjeron, cantidad que según la fuente y los intereses oscila entre 5,000 y 40,000. El Gral. Maximiliano Hernández Martínez, gobernante de aquellos años duros, es recordado por unos como el mejor presidente que ha tenido El Salvador… y por otros como el más grande genocida que haya mandado por esta finca olvidada de la cultura y la civilización. La guerrilla de las FPL y luego el FMLN se pusieron el nombre de Farabundo Martí, uno de los líderes de aquella malograda revuelta, a quien tienen por ilustre figura emblemática, mientras el partido Arena hasta hace poco solía iniciar su campaña electoral en Izalco porque “allí se detuvo el avance del comunismo”.

Sin ser absoluto, uno de los estudios mejor fundamentados y más profesionales sobre el tema es el libro del historiador norteamericano Thomas Anderson, titulado El Salvador: los sucesos políticos de 1932. No dispongo de la edición original en inglés, que debe ser de principios de los setentas, pero el libro ya traducido se difundió a través de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA) en 1976 y la Dirección de Publicaciones e Impresos hizo un tiraje nacional en 2001. Toda biblioteca nacional, universitaria o escolar que se precie de serlo debe tener un ejemplar a disposición del público.

Para escribir este libro de 250 páginas, Thomas Anderson leyó acuciosamente casi setenta trabajos impresos y manuscritos, aparte de los periódicos de la época, cartas, hojas volantes, comunicados, testimonios y otros documentos, habiendo además realizado más de cien entrevistas a personas de todos los sectores involucrados. Todo este material lo dispuso ordenadamente, formulando conclusiones e interpretaciones con bastante conocimiento de causa, con el acierto adicional de que, por su condición de investigador extranjero, pudo tomar la distancia científica necesaria para no caer en las habituales trampas ideológicas nacionales.

Para quien quiera llamarse ciudadana o ciudadano salvadoreño, con plena conciencia de su nacionalidad y con una mínima perspectiva histórica, la lectura de este libro es imprescindible.

De los muchos puntos de interés que se pueden reseñar y comentar, hay cinco que me parecen destacables por cuanto a lo largo del tiempo tienden a falsificarse por unos y otros. Son los siguientes:

• La explosión social campesina tuvo como causa fundamental la extrema pobreza y exclusión estructural. Sobre esa base, los organizadores de la revuelta azuzaron el levantamiento con prédicas comunistas.

• Las acciones violentas, tanto de la rebelión como de la represión, tuvieron características prácticamente medievales, con marcados episodios de crueldad que en ocasiones fueron más allá de las meras ejecuciones sumarias.

• La única parte de la rebelión realmente peligrosa, capaz de dar alguna posibilidad de triunfo, era el apoyo de algunos cuarteles; sin embargo, esta conspiración fue descubierta y neutralizada pocos días antes de la fecha programada. Así pues, cuando la indiada de occidente se alzó, al tenor de los retumbos del volcán de Izalco, ya eran solo carne de cañón.

• Los alzados en armas mataron a un centenar de personas, mientras que el gobierno ejecutó a unos 10,000 rebeldes (o sospechosos de serlo) durante las semanas posteriores. Salvo los casos de los líderes Martí, Luna y Zapata, prácticamente en ningún otro caso hubo proceso judicial formal.

• Muy a pesar de quienes prodigan aprendidos cultos ideológicos, no hay mucho que admirar en las personalidades, acciones o inteligencias de quienes lideraron aquellos sangrientos acontecimientos.

Todo lo anterior es tristísimo, más aún si pensamos en su inutilidad, pues fue una lección histórica no aprendida.

domingo, 24 de enero de 2016

Cinco anclas idiosincrásicas

Ya con algunos lustros de rumiar la idiosincrasia o identidad cultural de la Guanaxia Irredenta, es posible detectar en ella síntomas puntuales de estancamiento, que con el tiempo se van volviendo taras que comienzan a emanar un no tan agradable aroma. Son elementos arraigados que pudieron ser válidos, meritorios o divertidos en su momento, pero que pasado su esplendor no hemos superado y ni siquiera arrastramos, porque son verdaderas anclas que nos impiden movernos. Estos son cinco de los más notables.

• Comunistas y anticomunistas

La identidad ideológica de los principales partidos políticos todavía se define en términos de comunismo (o socialismo ortodoxo) y anticomunismo. El FMLN sigue planteando (al menos teóricamente) soluciones sacadas de manuales de los setentas, mientras Arena y la empresa privada aún se asustan con el fantasma del comunismo y enarbolan una especie de mercantilismo arcaico al que llaman erróneamente liberalismo. Las consignas no son otras que las ya desgastadas “¡El pueblo unido jamás será vencido!” y “¡Patria sí, comunismo no!”. Las opciones políticas alternativas no hallan eco en la población: nacen muertas.

• Mágico González

Cada semana aparece un nuevo y el mismo reportaje sobre el Mágico González, como si fuera nuestro mejor futbolista activo. Se acrecienta su leyenda y hasta se le atribuyen episodios ficticios. Los jóvenes hablan de él como si lo hubieran visto jugar el domingo pasado. Vivimos aferrados a la esperanza de que surja otro genio natural, de puro talento pero sin trabajo, formación y disciplina, mientras seguimos fracasando con nuestro alicaído fútbol.

• Chente y los mariachis

El esperpéntico espectáculo de un grupo de mariachis ingresando a la Fiscalía General de la República, el día de la toma de posesión del nuevo titular, solo es comparable con la transformación del Salón Azul de la Asamblea Legislativa en un antro bohemio, con el homenajeado Vicente Fernández cantando “El rey” a todo galillo. Hasta los/las jóvenes bachilleres urbanos que jamás oyen música ranchera llevan mariachis a sus despedidas de colegio. El problema no es el género, sino las letras y la idiosincrasia que allí se reproducen. Claro que frente a la opción contemporánea del reguetón, Chente sale en caballo blanco.

• Roque Dalton

Roque Dalton es el Mágico González de la poesía, por lo que el párrafo correspondiente a aquel bien se le puede aplicar a este, cambiando el nombre y matizando algunas características. En el ámbito artístico todavía van y vienen sus libros, citas, antologías, pancartas y anécdotas variopintas, como si él fuera el culmen de una imaginaria tradición poética que jamás volvió a alzar cabeza tras su desaparición física hace cuarenta años.

• Cohetes

Pese a algunas restricciones que tímidamente se han ido decretando, reventar cohetes (de puro ruido y nada de luces) sigue siendo un masivo entretenimiento, no solo en fin de año sino en cuanta ocasión se preste para ello. No importan las quemaduras infantiles, el daño auditivo, la contaminación ambiental ni la permanente crisis económica: la gente sigue quemando su dinero de la manera más insensata. Y si es en la madrugada de un día feriado, mejor.

Vistas así las cosas, uno se pregunta en qué siglo realmente vivimos.

miércoles, 20 de enero de 2016

Contra lectura bíblica obligatoria en escuelas estatales

En 2010, la Asamblea Legislativa emitió un decreto que obligaba a la lectura diaria de la Biblia en las instituciones de educación pública, justificando la medida como una forma de inculcar valores morales y frenar la desbordada violencia que abate al país.

A muchos sorprendió que la propia Iglesia Católica se manifestara en contra de la medida. Finalmente, el decreto recibió el veto presidencial, alegando inconstitucionalidad, y la sentencia 3-2008 de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (dada el 22 de mayo de 2013, sobre un tema relacionado) así lo confirma, afirmando entre otras cosas que “el Estado no puede adoptar políticas o desarrollar acciones cuyo impacto primordial real sea promover, beneficiar o perjudicar a una religión o iglesia en particular”.

Pese a lo anterior, los partidarios de la medida volvieron a la carga, abanderando una nueva propuesta para forzar la lectura bíblica en las aulas durante diez minutos diarios, “sin entrar en ningún comentario religioso, sectario, ni denominacional”. La selección de pasajes bíblicos recaería en el Ministerio de Educación, asesorado por una comisión consultiva intereclesial.

Lo que no entienden estos legisladores y quienes los apoyan, aparte de la inconstitucionalidad básica ya señalada, es que su ocurrencia es inconveniente, por al menos un buen par de razones.

La primera dificultad es que los textos sin contexto generalmente conducen a error.

Muy a pesar de lo que mucha gente cree, la Biblia no fue escrita por Dios, sino por personas que, como tales, vivían en una situación histórica y cultural específica. Esos textos, considerados sagrados por los creyentes, tienen una fuerte carga de supuestos, estigmas y prejuicios propios de culturas lejanas y distintas en el tiempo y en el espacio, aunque su intención fuera transmitir una experiencia de lo divino como ellos lo entendían.

La consecuencia directa e inevitable de esta realidad es que la Biblia no se puede leer ni entender literalmente. Ella precisa de interpretación o exégesis, la cual generalmente es institucional y proviene de las jerarquías de las diferentes iglesias, las cuales le dan un sentido particular y no pocas veces contradictorio entre ellas o incluso al interior de las mismas.

¿Cómo entender hoy el mandato de sumisión de las mujeres en el matrimonio (1 Pedro, 3)? ¿Tienen validez los anatemas contra la orientación sexual de las personas (Levítico 20, 13), a la luz de la biología y psicología contemporáneas? ¿Hemos de insistir todavía en el creacionismo opuesto a la teoría de la evolución?

La sola lectura mecánica de pasajes bíblicos, sin comentario ni explicación alguna, ha sido históricamente fuente de confusión, error y fanatismo. La interpretación, divulgación y explicación de textos bíblicos es tarea que le compete a cada iglesia en sus propios espacios de influencia. La escuela pública no es lugar para el proselitismo.

La segunda objeción es que esa disposición fomenta la segregación y activa los prejuicios.

Para salvar el sabido problema de la posible imposición de creencias, los propulsores legislativos de la medida pretenden incorporar una cláusula que exima a aquellos alumnos o alumnas de participar en el ritual si así lo desean, toda vez sus padres (o ellos mismos, si son adultos), manifiesten por escrito ese deseo.

Pero en la antes mencionada sentencia constitucional 3-2008, se esclarece que el Estado y los particulares están obligados a “no adoptar medidas coercitivas para que [una persona] manifieste sus creencias” y también los inhibe para “investigar sobre las creencias de los particulares”. Pedir un permiso por escrito para ausentarse en ese momento es un requisito violatorio de la libertad religiosa.

Tanto o más grave aún es la discriminación a que puede dar lugar dentro de la escuela.

En la cultura de religiosidad arcaica que vivimos, uno o varios adolescentes que se retiren del aula durante la lectura bíblica corren el grave riesgo de ser estigmatizados por sus demás compañeros/as como ateos, con los prejuicios y connotaciones negativas que este concepto acarrea: seguidores de Satanás, perpetradores de todos los males que el fundamentalismo religioso frecuentemente endilga a quienes no comparten su credo.

Así pues, una escuela que oficialmente propicie este tipo de errores y segregaciones es la antítesis de lo que nuestra sociedad necesita.

Este artículo fue publicado en la sección de opinión de El Diario de Hoy, el 31 de enero de 2016 (p. 16).

jueves, 14 de enero de 2016

Un autorretrato oligárquico

Marvin Galeas
El oligarca rebelde
Mitos y verdades sobre las 14 familias: la oligarquía.

- El dilema por el autor.

El Salvador ha de ser uno de esos olvidados rincones en el mundo en donde todavía es necesario hacer una aclaración previa al comentario, reseña o crítica de un libro, para justificar -y, en ocasiones, casi pedir disculpas- por el solo hecho de haberlo leído.

Tal es el caso de “El oligarca rebelde”, de Marvin Galeas (edición electrónica para Kindle, 2015).

Llegué al texto virtual por vía de una nota de periódico que contaba una anécdota curiosa sobre la mansión Guirola, en Santa Tecla. Como la librería de Amazon permite la lectura gratuita de algunas páginas antes de decidir adquirirlo, me bastó un clic para darle un vistazo for free.

El relato me interesó por el tema pero también por la forma en que está escrito: un estilo relativamente sencillo, sin demasiadas complicaciones estilísticas y muy ágil en cuanto a la acción.

Y entonces… he aquí el dilema (yo diría que de carácter ético-ideológico) de fondo: que ya tengo una opinión formada y desfavorable sobre el autor, cuyo libro estaba a punto de comprar.

Desde mi percepción, estos son los cinco puntos básicos de la identidad pública de Marvin Galeas (otrora voz oficial de Radio Venceremos, baluarte en las comunicaciones de la insurgencia armada), deducidos principalmente de la lectura de su columna en El Diario de Hoy:

  • Punto # 1: "Perdón por haber sido guerrillero, fue rebeldía juvenil pero en realidad lo que siempre quise fue tener al menos el estilo de vida de la pequeña burguesía".
  • Punto # 2: "El FMLN se desnaturalizó al hacerse comunista, cuando yo militaba allí era una gran cosa, pero conste que ya me arrepentí."
  • Punto # 3: "¡Qué gran partido es Arena, cuánta apertura y evolución! Por cierto, son falsas (o, en todo caso, no del todo bien comprobadas) las acusaciones sobre sus orígenes, su pasado y su fundador".
  • Punto # 4: "¡Qué ponzoñosos son quienes me tildan de traidor! ¿Ya no puede uno girar 180º en su pensamiento?"
  • Punto # 5: "Cuando conozco, platico y departo con prominentes personajes de la derecha (que fueron mis antiguos y adinerados enemigos), me siento arrobado, embelesado, redimido."

Pero como uno se la lleva de intelectual abierto a la diversidad -y, de hecho, ha predicado en las aulas que la simpatía o antipatía por el autor no debe interferir en la valoración literaria- hice acopio del mismo espíritu que me llevó a la sala de cine a ver el volumen uno del documental “El Salvador: los archivos perdidos del conflicto” y pulsé sobre el botón “comprar con un clic”, esperando que no se me derritiera el Kindle mientras leía.

Ya concluida la tarea, de la que creo salí indemne, puedo comentar algunos puntos relevantes.

- El autorretrato oligárquico.

Marvin Galeas, antes que ser autor del libro (en sentido tradicional), cumple un papel similar al arreglista de una obra musical: a partir del material provisto por el protagonista, él redacta, organiza y distribuye el contenido de manera tal que su lectura resulte fluida y entretenida para el lector o lectora.

Eso lo logra bastante bien, salvo un par de entrevistas prescindibles en la parte final. Con todo, es un punto a favor si consideramos lo difíciles, incoherentes, azarosas y a veces áridas que son muchas de las novelas escritas desde la perspectiva ideológica de izquierda, a menudo justificadas por esa sola causa.

En cuanto al contenido, el libro bien puede presentarse como las memorias de Jaime Hill Argüello, miembro de una de las familias más poderosas de El Salvador, conocidas históricamente como “la oligarquía”.

La mitad del texto es el relato de su secuestro por parte de la guerrilla a finales de 1979, mientras que la otra parte entremezcla estampas familiares y valoraciones sobre la situación social y política del país en diversas épocas del siglo XX, finalizando con una parte testimonial relativa a la adicción a drogas y su postrer recuperación.

La obra es particularmente interesante por la reiteración de la percepción que el protagonista, Jaime Hill Argüello, tiene de su propio grupo social. El oligarca se ve a sí mismo, y a muchos de los demás miembros de ese reducido grupo multimillonario, como progresistas, conscientes de la pobreza y marginación de grandes sectores de la población, con espíritu solidario indiscriminado y, sobre todo, como los grandes modernizadores del estado salvadoreño, al que admiten haber manejado durante prácticamente un siglo.

No obstante el anterior discurso, mueve a dudas y cuestionamientos el agudo contraste entre el estilo de vida allí relatado frente a la realidad social de miseria en que estaban sumidas las mayorías, si uno está medianamente enterado de la historia del país, más allá de las usuales simplificaciones ideológicas.

Un elemento engañoso a resaltar es el título mismo: el oligarca rebelde. Pese al notable esfuerzo del libro por presentar a Jaime Hill Argüello como relativamente distante de su grupo social, el adjetivo “rebelde” le viene más por su carácter díscolo y algunos episodios de vida licenciosa, antes que por otra cosa. Históricamente hablando, el verdadero oligarca rebelde fue Enrique Álvarez Córdova, dirigente del Frente Democrático Revolucionario, asesinado en 1980 por paramilitares de extrema derecha.

Teniendo en cuenta la situación en la que devino don Jaime, un título más exacto -aunque, ciertamente, no tan atractivo- sería “El oligarca disminuido”, en lo que a poder económico y político se refiere.

En cuanto a los "mitos y verdades" que promete Galeas, mejor citemos a don Macario: "¡ahí saquen ustedes sus propias conclusiones!"

En resumen: si quiere conocer parte de la historia salvadoreña contada por uno de sus protagonistas acaudalados, si le gustan los relatos autobiográficos con caídas y restauraciones, si no padece de fijaciones ideológicas extremas y, sobre todo, si es capaz de apartar de su mente por unas horas la polémica imagen pública del autor del libro, yo se lo recomiendo... en buena onda.

lunes, 11 de enero de 2016

Deseos 2016

A solicitud de los amigos de Revista Factum, formulé mis deseos para el nuevo año 2016. Aquí se los comparto, a ver si coincidimos.