martes, 12 de diciembre de 2006

Irse en la de choto

La etimología del término salvadoreño “de choto” es un misterio. Tal vez haya allí algún nahuatismo, como en muchas las palabras regionales que comienzan con la anecdótica “ch” (chero, chuco, choyudo, etc.), pero hasta hoy lo único claro es su significado principal: “de gratis”.

En cambio, la expresión idiomática “irse en la de choto” tiene más anécdota: hasta la década de los setentas, las alcaldías municipales tenían la sanitaria costumbre de recolectar a los ebrios consuetudinarios fondeados en las aceras de la ciudad, transportándolos hasta las bartolinas hasta que cesara su condición alcohólica. Para ello, casi siempre utilizaban una especie de furgoneta generalmente blanca, conocida también como “la chelona”, ante cuya presencia siempre bien avisada, los bolitos que aún podían tenerse en pie no dudaban en pegar carrera (o, al menos, intentarlo).

El razonamiento popular estableció, entonces, que el transporte desde donde el borrachín estaba tirado hasta el reclusorio era “de gratis”; aunque, en realidad, todo esto se lo cobraban al "cliente" en la multa requerida para salir o mediante trabajos forzados.

Así, decir “me fui en la de choto” calza cuando alguien reconoce haber tenido malas consecuencias de una acción cometida por equivocación, desconocimiento, ingenuidad o falta de previsión. Es equivalente a exclamar “la regué”, “la cantié” o incluso otra más categórica que, por mantener la elegancia de este espacio, prefiero no explicitar.