miércoles, 13 de diciembre de 2006

Las OTI

En el último cuarto del siglo XX fue muy famoso el Festival de la Canción Iberoamericana, conocido por las siglas OTI, organizados por las televisoras continentales y de la península ibérica. En él, participaban todos los países y, en años específicos ganaron canciones memorables, como la española María Ostiz con "Canta, cigarra" (1976) y el nicaragüense Guayo González, que hizo universal el "Quincho Barrilete" de Carlos Mejía Godoy (1977).

Al interior de cada país había, también, sus respectivos concursos para elegir al representante nacional. El evento presentaba la oportunidad para que los compositores dieran a conocer sus creaciones e intentaran el camino al éxito, aunque éste fuera efímero.

El Festival OTI nacional comenzó con célebres polémicas y, entrando a los noventas, acabó muy desacreditado, porque poco a poco se fue convirtiendo en medio de promoción de imagen de ciertos artistas que a los organizadores, por razones diversas, les interesaba potenciar; porque siempre hubo un compromiso institucional con la visión conservadora de los patrocinadores, quienes muchas veces hacían de jurado; y porque fueron predominando criterios artísticos cada vez más miméticos y menos inteligentes, en unos y otros. Habría que añadir, además, cierto clima de antropofagia artística.

Pese a todo lo anterior, alguna memoria agradable tengo de mis participaciones, así como aprendizajes significativos. Gracias a "Ideas que vienen mientras voy caminando" (1985) y "Somos" (1986) tuve el convencimiento de que, mientras cantara yo mis propias canciones, no llegaría muy lejos. Con "Siempre un cantor estará" (1987), en la poderosa voz de Marco Antonio Chacón, aprendí dos cosas: la primera, que nunca hay que ir a grabar la pista preliminar a un estudio cuyo propietario sea otro competidor, pues te copiará ideas y tendrá tiempo para mejorarlas; la segunda, que la diferencia entre los instrumentos tocados por uno mismo en la sala de grabación y los reales en el escenario puede llegar a ser mucha, especialmente con músicos nocturnos. De mi experiencia en 1988 con "El amor viví" ya conté algo en la entrada de este blog "Canción oculta restaurada".

Mi última participación en las OTI nacionales fue "Oración", pieza emotivamente ejecutada en 1989 por Manuel Gómez, una de nuestras mejores voces. Entonces tuve la certeza de que una canción, por buena que fuese, no pasaría de ese tercer lugar que nos otorgaron, si en ella había una pizca de reflexión, aun poética, sobre el contexto: estábamos en guerra civil y los fanatismos originarios todavía inflamaban las conciencias.

Pero, como alguna frase célebre debe decir: "lo importante no es el premio, sino haberlo merecido".


ORACIÓN

Letra y música: Rafael Francisco Góchez
Canta: Manuel Gómez

Que se diluya el tiempo de la niebla,
que mueran de una vez las frustraciones
y que palpiten fuerte las fronteras
para que se marchiten los rencores.

Que crezcan hacia el sol las armonías
-nuevas vidas, vidas nuevas-
que finalicen ya las maldiciones y las penas.

La vida que se gasta en los combates
que pueda recobrar sus ilusiones
y pueda liberarse de pesares
para que sean verdad sus proyecciones.

La tierra que es privada de la lluvia
cante y nutra, nutra y cante
una canción distinta de las marchas militares.

Que se transformen las heridas
En las raíces redentoras
En los anuncios de alegría
Que vitalicen nuestras horas,
nuestro afán por existir.

Que representen cosas del olvido
las duras realidades del ayuno,
que sea útil tanto sacrificio
para fertilizar el buen futuro.

La inquebrantable fe por los anhelos
-libre cielo, cielo libre-
nunca permita, nunca, traicionar a nuestra estirpe.

Que se transformen las heridas
en las raíces redentoras
en los anuncios de alegría
que vitalicen nuestras horas,
nuestro afán por existir.

Y si es posible un poco de silencio
Para escuchar las voces olvidadas
El testimonio vivo de los muertos
Que resucitan entre la alborada.