jueves, 20 de noviembre de 2014

Carta abierta a Gerardo Muyshondt

Lic. Gerardo Muyshondt
Guionista y director del documental
“El Salvador: archivos perdidos del conflicto”
Presente (en línea).

Distinguido Lic. Muyshondt:

Reciba un atento saludo.

He visto con interés y atención la primera parte de su documental “El Salvador: archivos perdidos del conflicto”, del cual publiqué mis valoraciones generales, mismas que puede leer en este enlace.

Esta carta no es para discutir la intención general y organización del contenido del filme, primero porque ya lo expuse en mi crítica publicada y, segundo, porque al ser una obra producida por y desde la derecha (no sé si dentro o fuera de su expresión política partidaria) cabe esperar de ella una visión con la que, obviamente, otros sectores de la vida nacional discrepemos.

No obstante lo anterior, es de reconocer que su documental contiene mucha más diversidad de opiniones y enfoques que los documentales realizados por su contraparte, la guerrilla. Pero aunque usted entrevistó a un amplio espectro de personajes, el filme no se narra solo. Usted seleccionó a quiénes darles más espacio, más credibilidad y más protagonismo, no necesariamente por la objetividad y sensatez de sus opiniones, sino por su coincidencia ideológica. Como ciudadano y ente político está en su derecho, otra cosa es que el documental logre un nivel de objetividad aceptable.

En esta misiva, lo que me interesa distinguir y puntualizar es lo siguiente: una cosa es que, por su ideología, le conceda mayor relevancia a lo que un entrevistado/a haya dicho (con o sin fundamento); pero otra muy distinta es que usted, personalmente y como director, valide una apreciación o serie de opiniones y, a partir de ellas, realice cinematográficamente una acusación maliciosa.

Concretamente, me refiero a la escena inicial del bloque de contenido en donde se discute la supuesta implicación de la Iglesia Católica como causante, propiciadora o alentadora del conflicto armado, la cual transcribo y describo a continuación:

Ana Guadalupe Martínez (excomandante del ERP):

- Los grupos juveniles de los colegios católicos... es importante tenerlos en cuenta porque han sido partícipes importantes en la configuración y en la construcción, precisamente, de lo que fueron los núcleos originales de la guerrilla salvadoreña.

(Aparece en pantalla una vista aérea de la capilla del colegio jesuita “Externado de San José”, con la correspondiente identificación rotulada.)

La excomandante Martínez -hoy distanciada de la izquierda- se equivoca al vincular genéricamente a “los grupos juveniles de los colegios católicos” con la naciente guerrilla. En apego a la verdad, debería haber dicho que fueron “algunos/as jóvenes” de esos grupos que, por opción personal, decidieron incorporarse a la insurgencia armada. El error conceptual es de ella, no de usted, eso está claro.

Pero he aquí el punto importante: aun aceptando lo dicho por la excomandante Martínez como opinión personal de ella, en ningún momento menciona en pantalla a un colegio ni orden religiosa en particular. Es usted, como director del documental, quien inserta e identifica institucionalmente al Colegio "Externado de San José" como núcleo original de la guerrilla.

Esta acusación no es invención suya, Lic. Muyshondt: es una herencia de la corriente ideológica en la cual usted se formó. La etiqueta comunista es algo que, durante aquellos años y aún ahora, la derecha recalcitrante endilgó no solo a los jesuitas, sino a todo religioso/a o seglar que tuviera cierta visión crítica y denunciara las injusticias sociales. Ataques como estos se dieron primero contra el Externado y después -cada vez con mayor virulencia- contra la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA).

Durante las décadas anteriores, los propios jesuitas y muchos otros intelectuales han argumentado y rebatido esta calumnia. Al respecto, hay amplia documentación publicada y no redundaré en ello; solamente -por la alusión directa- le remito al documento “El Externado piensa así”, publicado en 1973 en respuesta a la ola de ataques y difamaciones hecha a través de los medios de difusión masiva. Ojalá pueda leerlo con interés, apertura y en su debido contexto.

En síntesis, lo que me interesa subrayar es esto: validar, reproducir y sobre todo transmitir audiovisualmente dicha acusación maliciosa no es una ligereza. Señalar e identificar a una institución educativa y la orden religiosa que la dirige como sostén y apoyo de la guerrilla puede ser, hoy en día, una opinión acaso inocua y en apariencia anecdótica; sin embargo, recuerde que hace 25 años ese fue el argumento fundamental que usó el alto mando de la Fuerza Armada para justificar la orden de matar a los padres jesuitas de la UCA (y sus dos colaboradoras, para no dejar testigos).

Espero que logre entender la gravedad moral de eso.

Atentamente,

Lic. Rafael Francisco Góchez
Docente, escritor y músico.