lunes, 24 de noviembre de 2014

Disculpe usted, doña Evangelina.

Doña Evangelina del Pilar de Sol
Columnista de El Diario de Hoy
Presente.

Respetable doña Evangelina:

Reciba un atento saludo.

No es esta la mejor manera de comenzar una epístola pero, a fuerza de sinceridad, déjeme decirle que desde hace bastante tiempo decidí abstenerme de leer su columna semanal, una vez detectado el carácter fanático que exuda. No me malentienda, doña Evangelina: aplicarle ese adjetivo no es un insulto sino una descripción, conforme al diccionario de la Real Academia Española (pues usted “defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas”).

Esta vez, no obstante, cuando leí el titular “Un llamado a los dirigentes de la UCA”, que es mi alma máter, respiré hondo, puse cerca el bote de antiácido y me dije: “tengo que leer esto, va a estar bueno”.

Le confieso que en ese momento pensé que iba a encontrar las consabidas acusaciones: que en ese centro de estudios se seguía indoctrinando y envenenando la mente de los y las jóvenes con discursos marxistas, de lucha de clases y todo eso. Afortunadamente, no fue así y le agradezco que por esta vez nos haya ahorrado esa diatriba.

Su artículo, en cambio, es una queja por “la forma escandalosa con parlantes a todo volumen” en que se realiza la Vigilia de los Mártires, con lo cual se mantiene “despierta, atropellada y victimizada, la noche completa hasta las cinco de la mañana, a toda la comunidad de los alrededores” (y eso que, según nos cuenta, su casa queda como a dos kilómetros de distancia).

Fíjese, doña Evangelina, que si su pretensión es iniciar una cruzada contra todas las vigilias ruidosas que no dejan dormir a la sufrida y honrada ciudadanía, le doy la razón y tiene mi completo apoyo. Viera cuántos cultos religiosos de todas las denominaciones -en ciudades, pueblos y cantones- atormentan constantemente a sus vecinos, especialmente en horas nocturnas, casi siempre con gritos desaforados y ruidos que difícilmente pueden considerarse música, para no hablar de la visión enfermiza y perniciosa de la divinidad que muchos de ellos transmiten a las pobres gentes.

Sin embargo, no creo que esa sea su intención, ya que este suplicio auditivo tiene varios años de practicarse a ciencia y paciencia de las autoridades y usted nunca ha dicho nada, tal vez porque en su apartada residencia de vecindario exclusivo esas cosas no ocurren.

En cambio, usted se queja de algo que sucede anualmente el sábado más cercano al 16 de noviembre, fecha en que se conmemora el martirio de los jesuitas de la UCA y sus colaboradoras.

Le escribo esta carta porque me siento aludido y, en parte, responsable de su molestia. Déjeme contarle que yo he estado en el escenario de la Vigilia dos veces: en 2010 como cantautor y en 2012 con un grupo de jóvenes bajo mi dirección. Sin saberlo, quizá hemos interrumpido su sueño. Disculpe usted, doña Evangelina, no sabíamos que lo hacíamos, y si en el futuro tenemos nuevamente la oportunidad de acudir allí (toda vez las autoridades concedan el permiso necesario para que dicho acto se realice), trataremos que sea lo más temprano y con la mayor discreción posible.

Sin embargo, al leer su vehemente artículo me dio la impresión que su mayor molestia no es el ruido, el cual -ya habiendo empezado- bien podría atenuar en esa sola noche y madrugada con un par de inocuos tapones para los oídos. Pregúntele a su compañero de espacio periodístico, el Dr. Cuervo, él se los podría recetar.

Lo que usted no puede soportar, según se desprende con bastante claridad de sus palabras, son las “arengas, protestas revolucionarias o jactancias de guerra a grito pelado” que, según nos cuenta, ocurren frecuentemente en la Vigilia, que usted ve como “un proyecto premeditado para fustigar el descanso de la ciudadanía”.

Mire, doña Evangelina: yo admito que a veces a esos actos llegan algunos grupos que se pasan un poquito en el tono de sus cantos y consignas. Pero compréndalos: ha de ser por la gran frustración de ver la impunidad que aún protege a los militares que dieron la orden de asesinar a los padres jesuitas y sus colaboradoras, así como el cinismo de quienes todavía pretenden justificar ese crimen de lesa humanidad. Quizá no hallan otra forma de expresar su malestar, los pobres, viendo que las instancias encargadas de aplicar justicia se lavan las manos.

Usted, como persona piadosa y de oración, téngales un poquito de paciencia, se ve que todavía no les ha bajado la cólera y, a fin de cuentas, mire que sólo es una vez al año, aunque me imagino que no debe ser muy agradable para usted y algunos de sus vecinos/as estar oyendo a altas horas de la noche consignas como “¡juicio y castigo a los asesinos!”, “¡extradición para los criminales!”, “¡la lucha por la justicia sigue!” y ese tipo de cosas que supongo son a las que usted se refiere (aunque a nosotros, como público lector, nos hubiera gustado que nos ilustrara con ejemplos concretos de esta edición en particular). Esto me recuerda lo que decía un lema de la Asder, algo así: “podemos cerrar los ojos, pero no podemos dejar de oír porque no tenemos párpados en los oídos”.

Si acaso las autoridades de la UCA no tienen la cortesía de contestarle o simplemente no le hacen caso, considere la posibilidad de irse a lo legal. Según tengo entendido, la mitad de la UCA está en el municipio de San Salvador y la otra mitad en Antiguo Cuscatlán. No sé si Nayib o Edwin atenderían su petición, pero por qué no acude donde doña Milagro, a ver qué le dice. Eso sí: tampoco vaya a extender su queja a las pachangas navideñas y de fin de año que arman en el parque de Antiguo hasta el amanecer, mucho menos vaya a mencionar lo del Día de los Inocentes.

Por último, doña Evangelina, si esas opciones no le funcionan, le sugiero -con el mayor respeto y sin ningún ánimo cáustico- lo siguiente: ¿qué tal si acude a un recurso mayor y absoluto, en el que usted cree fervientemente, el cual ha invocado una y otra vez en sus publicaciones anteriores (especialmente para las elecciones presidenciales recientes)? Imagínese que en una de esas vigilias ocurriese una aparición milagrosa -la Virgen de Fátima, por ejemplo- para decirles directamente a las miles de personas presentes que se dejen de resentimientos y arengas comunistas, y que mejor oren en silencio como usted dice: “en sufragio de estos mártires” (o sea, para sacarlos del Purgatorio). ¿No cree que sería convincente y apoteósico?

Espero tome a bien mis palabras y logre conciliar el sueño reparador pese a esas molestas interrupciones.

Atentamente,

Rafael Francisco Góchez

Posdata: va a disculpar que no le envíe esta carta directamente, pero no sé su dirección postal, el periódico democrático en el que usted escribe nunca tiene habilitado el espacio para comentarios en sus columnas, usted jamás pone dirección de correo electrónico y no la encuentro ni en Facebook ni en Twitter.

Nota: Esta carta también fue publicada en la Revista Factum.