miércoles, 19 de noviembre de 2014

La mano detrás de los hilos

¿Cómo urdir un engaño sin decir mentiras? Basta seleccionar cómo y en qué momento decir los trozos convenientes de la verdad. Tal es el procedimiento usado en el documental “El Salvador: archivos perdidos del conflicto”, filme ya comentado en una entrada anterior.

Me ocuparé aquí de sólo un caso, a modo de ilustración, uno solo entre las muchas distorsiones que allí aparecen, logradas a partir de la organización del contenido, distribución de tiempos y énfasis, selección e inserción de imágenes y, sobre todo, graves y perversas omisiones.

El efecto buscado se logra audiovisualmente, pero como no disponemos del video, nos limitamos a la transcripción literal a manera de guion.


Tema: represión contra manifestaciones (San Salvador, 1979).

Duración del segmento: 4 minutos y 27 segundos.


Eduardo Vásquez-Bécker h.:

- El país vivía en ese momento una inestabilidad total. Todos los días había actos de violencia, quemaban buses, había manifestaciones, asaltaban comercios, asaltaban bancos.

Imágenes del noticiario Teleprensa, tomas lejanas, con la voz en off del reportero Deleón.

Deleón:

- Nos acercaremos más para que… Están los radiopatrullas… que se apostan ya para tirar. La policía está con chalecos salvavidas… A nosotros, Dios nos protege.

Corte, van al set.

Cristiani:

- Era de las cosas que más impactaban, ver escenas en televisión, de balaceras… de uno y otro lado, no sólo las fuerzas de seguridad iban armadas, entre los manifestantes había gente bien colocada que también iba armada y les respondía.

Tomas de video confusas, lejanas, gente corriendo en las calles.
Corte, van al set.

(Uno de los gemelos) Samayoa:

- En ese momento creían que la manera de que no hubiera protesta era matando a los dirigentes de la protesta, no solucionando lo que había que solucionar para que no hubiera protesta. Te agarraban a balazos… y entonces, ¿cómo hacemos, pues? Si yo quiero hacer las cosas en paz pero me estás agarrando a balazos sólo porque protesto, así sí ya no se puede.

Más tomas de video lejanas, confusas.

Voz en off:

- Estamos situados en el centro de la ciudad… no hemos logrado ninguna comunicación ni mayores informes… sólo nos permitimos presentarles estas escenas.

Toma larga de dos jóvenes manifestantes armados con revólveres, huyendo por las calles de la ciudad.

Voz en off:

- Bajate a la orilla… aquí, atrás ….

Corte, van al set.

Oscar Ortiz:

- Yo fui de los fundadores del movimiento estudiantil, con mi hermano Fidel, que era dos años mayor que yo, y fuimos del primer círculo de estudiantes de (educación) media y de (educación) básica. Yo estaba en 9º grado, y empezaba de esa manera el movimiento estudiantil; en realidad, era toda una generación que empezaba ya a cuestionar cosas.

Video de la época, entrevista a un manifestante huyendo de la represión.

Manifestante:

- Nosotros veníamos saliendo específicamente del Ministerio de Educación, después de haber planteado nuestras demandas, específicamente con la presión del pueblo, del estudiante de secundaria, logramos nuestras peticiones.

Deleón:

- ¿Dónde fueron atacados?

Manifestante:

- A la altura de la iglesia “San Francisco”.

Corte, van al set.

General Gustavo Perdomo:

- ¿Qué sucedía? Andaban cinco, uno andaba armado, los otros cuatro no, entonces usted dispara, en una de esas le dispara un policía o un guardia, y el de a la par recoge el arma y se la lleva, entonces el tipo aparece “inocente”. Lo que pasa es que dentro de la lucha revolucionaria deben de crear mártires. Era un gran “éxito” que hubieran muertos así, y de preferencia no les pudieran agarrar el arma como evidencia de que andaban armados. Ese “pequeño detalle” no lo mencionan.

Imágenes de entierro de algunos manifestantes muertos en las calles.

Voz en megáfono:

- Compañeros: en este momento, la combatividad de las masas debe hacerse presente con su disciplina revolucionaria…

Corte, van al set.

Ana Guadalupe Martínez (excomandante del ERP, hoy en el PDC).

- Ese conjunto de milicianos y de milicias que acompañaban las manifestaciones en las calles de San Salvador, que se enfrentaban a la Guardia y a la Policía, y así el movimiento guerrillero urbano se empezó a fortalecer de una manera… fuerte.

Imagen de la época, un hombre con el rostro cubierto por un pañuelo, tañendo las campanas de una iglesia no identificada, tomada por manifestantes como acto de protesta. Luego, manifestantes.

Voz en megáfono:

- Las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional hacen el llamado a que empecemos a forjar las milicias populares.


Tesis narrativa subyacente

Con el párrafo introductorio de Vásquez-Bécker Salgado, se etiquetan las manifestaciones de protesta como actos vandálicos, no de protesta legítima, pese a la tibia declaración de Samayoa. Por su parte y con distintos estilos, Cristiani y el general Perdomo insisten en que no eran manifestaciones pacíficas sino armadas, justificando con ello que los Cuerpos de Seguridad y el Ejército actuaran contra ellos. Esto se prueba con la larga toma de video de jóvenes revolucionados corriendo por las calles, armados con un revólver. No se ven las armas de guerra del Ejército ni las tanquetas contra la manifestación. Según el militar, la responsabilidad de los muertos por la represión no es de los actos represivos del Estado sino de los dirigentes de izquierda que buscaban crear mártires. En ese contexto argumentativo, la intervención anecdótica de Óscar Ortiz, las declaraciones de la excomandante Martínez y las exhortaciones por megáfono para radicalizar la lucha armada “confirman” la tesis planteada.

Qué está invisibilizado

a) Los motivos de las protestas en las calles: denunciar la constante represión ilegal (muertes, desapariciones y torturas ampliamente documentadas) e incluso “legal”, ésta amparada en la Ley de Defensa y Garantía del Orden Público, de corte fascista, que permitía -entre otras cosas- encarcelar indefinidamente y sin el debido proceso a personas sospechosas de ser subversivas, bastando para ello que fueran señalados por informantes (los tristemente célebres “orejas”).

b) Hechos como el ataque a mansalva sufrido por manifestantes sentados en las gradas de Catedral Metropolitana el 8 de mayo de 1979. De esto hay videos y fotografías donde se ve con claridad a agentes de la Policía disparando indiscriminadamente contra la multitud. Dando clic en la siguiente fotografía se accede al testimonio del fotoperiodista Ken Hawkins. Esta es apenas una muestra del estilo de la represión estatal de la época, que inició el 30 de julio de 1975 con la masacre de los estudiantes universitarios en la 25ª avenida norte.

Como decía el poeta, “así camina la mentira entre nosotros”; pero también dice la voz popular: "la mentira tiene patas cortas".