jueves, 16 de noviembre de 2006

Beso actoral

¿Quién que no lo haya hecho puede saber realmente lo que sucede entre dos personas no amantes que se besan sobre un escenario colegial?

Ocurrió inesperadamente hace ocho años, en una representación teatral producida en el contexto de la materia Lenguaje y Literatura, con estudiantes de último año de bachillerato. No recuerdo ni el título de la obra ni los parlamentos previos o posteriores, únicamente el momento en que ese muchacho ‑por entonces un brioso adolescente, hoy joven abogado‑ capturó los labios de ella, la viva personificación de la más inocente jovencita de diecisiete años que uno pudiera imaginarse.

Prendido allí durante casi diez segundos, el protagonista parecía beber saboreando el néctar más vital, ante el silencio extático de los sorprendidos concurrentes. La escena hubiera resultado plenamente armoniosa si ella hubiera correspondido de alguna manera; pero, durante aquel extensísimo instante, la chica permaneció más tiesa que un maniquí de almacén, con el agravante de nunca haber cerrado los ojos sino, por el contrario, abrirlos hasta la dilatación máxima, fijos en uno o dos puntos indeterminados en el espacio circundante.

Visto lo visto y dado que entre ellos no había ninguna relación más que haber coincidido en la misma aula y grupo de trabajo, ni tampoco se adivinaban intenciones próximas, de inmediato brotó en mi desconfiada mente la peor hipótesis: que él, aprovechándose de la trama representada y habiendo acordado quizá sólo un beso en la mejilla, la hubiera tomado por sorpresa y, ya en el centro del escenario, a ella no le hubiera quedado más opción que hacer pecho a lo hecho y soportar estoicamente aquel acto salival.

Durante un mínimo instante pensé incluso en algún tipo de reprimenda docente en defensa del pudor juvenil presuntamente mancillado, cosa que no ocurrió porque, luego de finalizada la pequeña obra, el joven sospechoso me aclaró que aquello fue parte del guión, plenamente acordado y debidamente ensayado... ¡varias veces!