sábado, 11 de noviembre de 2006

¡El bebé!

No por falta de originalidad es menos cierta la común percepción paternal de los propios hijos: “para nosotros, siempre serán unos bebés”. Ya estando Roque en segundo año de universidad, la cuestión podría adquirir tintes de gravedad. A mi hijo mayor le reconozco progresivas madureces que le ganan ciertas responsabilidades; pero, detrás de todo ello, aparece la impronta grabada el primer día en que lo conocí envuelto en mantas. ¿Lo veré acaso en roles de pleno adulto, pensándolo aún como aquella mañana de octubre del ’87? ¡Cuán perenne es la persistencia retineana!