domingo, 26 de noviembre de 2006

Ultraman

Ultraman, el guerrero extraterrestre, luchaba contra monstruos de origen alienígena, aunque también los había de tono radioactivo y mitológico. La primera versión de esta saga japonesa fue producida en 1966 y el humano con quien compartía esencia era Hayata (quien debía activar una cápsula para llamarlo o convertirse en él, nunca lo tuve claro cuando, años después, vi la teleserie). Por contra, “Ultraseven” (de 1967, aunque la conocí posteriormente) nunca me gustó, con la sola excepción del momento en que Dan Moroboshi se ponía los lentes para convertirse en el héroe.

La que sí arraigó en mí fue “El regreso de Ultraman” (conocida en la internet como “Ultraman Jack”, de 1971), cincuenta y un capítulos donde el defensor de la Tierra existió fusionado como un único ser con el humano Hideki Go, de la Patrulla Contra Monstruos MAT (Monster Attack Team). La daban una vez por semana y la veía puntualmente en un televisor Toshiba de nueve pulgadas, blanco y negro.

No sé si aquí habrán pasado todos los episodios, pero sí estoy seguro de haber visto varias veces todos los emitidos. De ellos, dos son muy especiales: “La muerte de Ultraman” y “La estrella de Ultraman”, ligados argumentalmente y por un esclavizante “continuará la próxima semana...” al final del primero.

Recuerdo una profunda tristeza de niño cuando Ultraman fue derrotado por esos enemigos muy listos, quienes aprovecharon su debilidad fundamental (dependía de la energía solar y lo emboscaron al atardecer). Ansiedad e incertidumbre ocuparon el centro de cada día de espera pues, agotadas todas sus energías, ni yo ni mis compañeros imaginábamos cómo haría Ultraman para salir de ésta... ¡pese a que, en el fondo, sabíamos que iba a lograrlo! La resolución requirió la ayuda combinada del primer Ultraman y Ultraseven, quienes liberaron al cautivo, quien debió ingeniárselas para evitar los errores primeros y, finalmente, vencer a los villanos.

Aquella emoción infantil todavía existe como uno de esos pequeños nudos de éxtasis que conforman la vida en la memoria. ¡Aún desde esta adultez, todavía pervive aquel intenso instante!